Tonterías selectas

¿Una cuarta socialdemocracia?, de Pablo Iglesias

El fracaso de las recetas de la economía convencional, de Nuria Alonso, de EconoNuestra

No podemos olvidar que el origen de la crisis y de las políticas actuales se encuentra en los años ochenta, cuando las ideas neoliberales se implantaron en las economías desarrolladas y la fe ciega en los mercados se impuso, y una ola de privatizaciones recorrió Europa.

… Las políticas de “ajuste presupuestario” han conseguido múltiples efectos a cuál peor: ahogar aún más una demanda interna absolutamente deprimida y nueve años de recesión o estancamiento -la gran depresión-; profundizar en la desigualdad económica y llevar a la pobreza y al sufrimiento a ciudadanos que tampoco disfrutaron de la bonanza anterior; y, por último, aprovechar el colapso para, con el manido argumento de la “ineficiencia del gasto público”, ceder la gestión de la prestación de servicios públicos a empresas que dudosamente conseguirán mejorar las condiciones del servicio y abaratar los costes.

La austeridad es la cara opuesta del despilfarro, sin embargo la economía de mercado dejada a sus propias fuerzas es una fuente de enorme despilfarro. Frente a la imagen ortodoxa de la asignación eficiente de los recursos, la realidad que se impone es el fruto de las fuerzas políticas y económicas que conforman la estructura social en la que los mercados se insertan. Los mercados, las supuestas fuerzas de la oferta y la demanda, necesitan de una regulación eficaz, que va más allá de unas normas de buenas prácticas, sino que exigen un potente régimen sancionador.

La renta básica universal no crea vagos, de Juan Carlos Escudier

Las mentiras y falsedades del establishment político-mediático español sobre Unidos Podemos, de Vicenç Navarro

Let’s Get Fiscal, by Bill Emmott

Some direct intervention in wages may help. The UK has implemented an increase in the mandatory minimum wage, and some US states, led by California, will soon follow. Japan, which faces stagnant wages, despite apparent labor shortages, may stand to benefit the most from this approach.

But in today’s world, nothing can substitute for fiscal expansion. Many countries, particularly in Europe, need to boost public investment in infrastructure. More broadly, Europe needs a new Marshall Plan, this time self-financed, rather than funded by the Americans, to kick-start economic growth and boost productivity. There is plenty of scope for a similar program in the US, too. Such spending could even help get tax revenues growing, by pushing employment and wages higher.

At a time of low borrowing costs and little to no inflation (or even deflation), austerity is not the answer. It is time for policymakers to recognize that there is no need for pain that is not bringing any gain. It is time to get fiscal.

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