Intercambios forzados

El liberalismo defiende los intercambios libres y voluntarios y rechaza el uso de la violencia para imponer la voluntad de unos sobre otros: vale intentar persuadir, no vale forzar. Un liberal está en contra de los intercambios forzados, obligatorios, donde el sujeto no puede decidir por sí mismo sino que otro le impone su elección.

Muchos liberticidas se oponen a algunos intercambios alegando que algunos partícipes están forzados a ellos: por ejemplo un hombre pobre vendiendo su sangre o un órgano como un riñón, o una mujer pobre quedándose embarazada de un embrión ajeno en la maternidad subrogada. Parece un argumento liberal, pero es un problema de mal uso o abuso del lenguaje: se tratan como equivalentes el que un agente sea forzado por otro (un agresor culpable) y que un agente diga que otro es una víctima que se ha visto forzado por las circunstancias o la situación, un uso alegórico de la idea de fuerza. Las circunstancias no actúan, no son violentas en un sentido moral, no son agentes con intenciones y capacidades a quienes se pueda reclamar responsabilidad o castigar.

La prohibición de la agresión busca proteger a la víctima de la interferencia coactiva de otro, la cual claramente perjudica al agredido. La prohibición del intercambio “forzado por las circunstancias” prohíbe al agente mejorar su situación percibida subjetivamente: las circunstancias pueden ser malas, pero prohibir una alternativa que permite mejorar la situación es dañar al agente presuntamente protegido (tal vez por un paternalismo arrogante del intervencionista).

Normalmente si un agente dice de sí mismo que se ha visto forzado por las circunstancias es para intentar eludir la responsabilidad por algún acto malo: robé porque tenía hambre. Cuando un intervencionista dice de otros que actúan forzados por las circunstancias suele ser para quitarles su libertad y prohibirles hacer algo bueno: no pueden aceptar trabajar por esos salarios indignos, no pueden aceptar prostituirse si son pobres con pocas alternativas laborales.

Si los intercambios forzados por las circunstancias son rechazados, dejen al sujeto elegir por sí mismo y multen o encarcelen a las circunstancias.

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