Comentarios sobre el IX Congreso de Economía de la Escuela Austriaca

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

En este artículo no pretendo resumir de forma sistemática ni comentar en profundidad todas las ponencias, sino solamente mencionar las ideas más acertadas y equivocadas, sugerir ampliaciones, resaltar los temas a extender en otro entorno (por ejemplo conferencias en el IJM), y criticar ciertas cuestiones formales de las presentaciones.

El nivel fue bueno en general salvo alguna excepción, pero conviene recordar que se trata de un congreso académico: no es una clase en la que se presenta un trabajo para aprobar una asignatura, debe añadirse algo de investigación original, de innovación, profundizar, no simplemente resumir lo que ya sabemos todos. Aunque el tiempo es breve, cuidado con las caricaturas y simplificaciones excesivas. Tampoco se trata de un mitin político o un púlpito de adoctrinamiento liberal en el que nos aplaudimos a nosotros mismos y estamos encantados de habernos conocido.

La organización fue excelente, pero para otro año convendría ser más selectivos en lo académico, rechazar alguna ponencia para quedarse sólo con las mejores y así incrementar la calidad, reducir la cantidad de presentaciones y ampliar algo el tiempo para cada una. A los ponentes hay que exigirles que se responsabilicen de dar una presentación de calidad: deben ensayarla antes las veces que haga falta, hacerla interesante, gestionar el tiempo (no pasarse) y el ritmo, aprender a hablar en público si no lo dominan, y sobre todo mejorar mucho en el uso de los programas de proyecciones (Powerpoint), porque muchos fueron muy malos (exceso de texto difícil de leer, conflicto entre atender al ponente o leer el texto escrito).

Elias Huber mostró que Menger no recibió influencia directa de los escolásticos españoles: lo de renombrar “Escuela Española” a la Escuela Austriaca de Economía parece tener mal futuro; a no ser que empecemos a usar Escuela Española para referirnos a la Escuela Austriaca depurada de ciertos errores graves (eliminar la reserva 100% sobre los depósitos bancarios a la vista, introducir más teoría financiera y teoría de la liquidez) y ampliada en su ámbito de estudio (no mera praxeología con pocas posibilidades de crecimiento científico, extensión de la teoría de la acción), es decir lo que estamos intentando en el Instituto Juan de Mariana.

Ricardo Manuel Rojas enfatizó la necesidad de una ciencia integral de la interacción humana (economía, derecho, instituciones): las ciencias sociales no son independientes. Existe el análisis económico del derecho (law and economics) y las instituciones (economía institucional), pero a los estudiantes se les debería enseñar nada más empezar que la ciencia económica incluye siempre algún marco jurídico, incluso en el caso del mercado libre: si el precio se forma mediante la interacción de oferta y demanda, eso implica que existen derechos de propiedad sobre los bienes o servicios que se intercambian (no hay robos o intercambios forzosos); las leyes no aparecen solamente cuando se incluyen regulaciones, impuestos, subvenciones o precios máximos o mínimos. Yo añadiría además que las ciencias sociales no son independientes de las ciencias naturales, y que el científico social que no sepa nada de ciencias naturales es básicamente un analfabeto.

Sagar Hernández Chuliá propuso la doctrina accional-subjetivista como posible fundamentación de la sociología como ciencia social analítica: luego me comentó que hace esto como crítica al enfoque sociológico estándar (Talcott Parsons) que diferencia agencia (el individuo y sus intenciones) y estructura (el entorno cultural y social y su influencia sobre el individuo). Sin embargo el estudio de la acción humana intencional y subjetiva no es patrimonio exclusivo de la Escuela Austriaca y no es incompatible con gran parte de los contenidos de la sociología, aunque muchos sociólogos saben poca economía, no entienden los mercados libres y tienden a ser políticamente colectivistas. Me pareció interesante su distinción entre ejecuciones y efectuaciones (acciones mentales como pensar para resolver un problema), pero el fijarse solamente en las acciones intencionales limita de forma innecesaria su ámbito de estudio. A mi crítica de que es necesaria una teoría más general de la acción que conecte con las ciencias naturales y que incluya no sólo la acción intencional (porque esas otras acciones, como reacciones o hábitos automáticos, también consumen recursos escasos, requieren procesamiento cognitivo y coordinación, y tienen consecuencias económicas reales), respondió que los terremotos tienen consecuencias económicas pero no los estudia la economía: es una mala respuesta, pues los terremotos no son, por lo general, resultado o ejemplo de la acción humana; hay excepciones porque los humanos pueden causar terremotos al transformar el subsuelo (minas, extracción de agua de acuíferos) y mediante manipulaciones en superficie (canteras, pantanos). La interacción entre praxeología y sociología es un asunto muy interesante a explorar más en profundidad en alguna conferencia en el IJM.

Jorge García criticó el iusnaturalismo de Rothbard y defendió un anarquismo basado en Hayek. El problema es que no hizo ninguna crítica concreta de argumentos de Rothbard más allá de la afirmación genérica y falsa de que el iusnaturalismo es irracional y no podemos usar la razón para entender el derecho: que no podamos usar solamente la razón para generar todo el derecho hasta su último detalle no significa que la razón no pueda generar, comprender, criticar y defender principios fundamentales del derecho; que imaginemos un derecho entre un par de individuos aislados (Robinson y Viernes) no significa que estos individuos no hayan recibido formación, lenguaje y cultura de una sociedad. Según Jorge Hayek no afirmó que el anarquismo fuera imposible, y defendió que tal vez fuera evolutivamente posible, pero eso no es una defensa argumentada del anarquismo, cuyos ejemplos históricos son más bien escasos y marginales. Como de costumbre al tratar estos temas se mezclan y confunden argumentaciones o justificaciones del derecho (La ética de la libertad de Rothbard) con explicaciones de cómo surge de forma histórica y evolutiva el derecho (Hayek). Es otro tema para expandir en una conferencia en el IJM.

Daniel Rodríguez Carreiro analizó el despotismo antimercado del republicanismo contemporáneo: muy interesante para desarrollarlo con más tiempo en una conferencia en el IJM (Juan Ramón Rallo ya lo ha estudiado en Contra la renta básica).

Fernando Herrera criticó a Jared Diamond por Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen. Diamond enfatiza el daño al medio ambiente (el cambio climático es un tema muy de moda) e ignora casi todo lo cultural e institucional: da ejemplos de los colapsos debidos a factores ambientales pero ignora los debidos a otros problemas (Roma, URSS, hambrunas en países comunistas). Es un tema a expandir con otros autores y obras: el propio Diamond de Armas, gérmenes y acero: breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años, Acemoglu & Robinson en Por qué fracasan los países, los pensadores que enfatizan los factores físicos y geográficos frente a quienes resaltan los culturales e institucionales de las sociedades, Lin Ostrom sobre la gestión de bienes comunales como el agua.

Esteban Pérez Medina habló sobre la ley (propiedad y contratos) como referencia para generar expectativas que permitan la coordinación social: tema interesante y bien tratado, pero un poco pasado de tiempo en su presentación.

Brecht Arnaert investigó los tipos de interés negativos y si son explicables por la praxeología y la teoría de la preferencia temporal. Analizó tres factores que intervienen en el tipo de interés: preferencia temporal, riesgo e inflación (olvidó la productividad de las posibles inversiones financiadas con deuda, que influye desde el lado de la demanda de crédito). No me quedó clara su conclusión, pero el tema es muy interesante: el tipo de interés negativo, aunque pueda parecer imposible a primera vista, es algo raro y anómalo (seguramente no se daría prácticamente nunca en un mercado libre), pero fácilmente comprensible si además del riesgo de que no te pague tu deudor (en cantidad y plazo) se incluye un riesgo de pérdidas por un poseedor de dinero (por deterioro, pérdida física, robo, costes de almacenamiento y aseguramiento), que puede reducir estas realizando un préstamo a un acreedor fiable aunque sea con un tipo de interés negativo (y así curiosamente el préstamo parece un contrato de guarda y custodia con el cobro de una comisión por la misma, lo que va a encantar a los obsesionados contra la reserva fraccionaria de la banca); además conviene considerar el marco institucional, las restricciones legales que obligan a algunos agentes financieros a tener ciertos tipos de activos (como deuda pública para fondos de pensiones, o saldos en cuentas bancarias para realizar pagos que no pueden hacerse en efectivo), sin poder tener simplemente efectivo o dinero externo en sus bolsillos, colchones o guarida del tesoro. Un préstamo a tipo de interés negativo es el mal menor en comparación con otros préstamos más arriesgados y con la dificultad o imposibilidad legal de tener grandes cantidades de dinero en efectivo.

Brian Canny criticó a David Graeber (Deuda: una historia alternativa de la economía) sobre la existencia o no del trueque y sobre la realidad del modelo del homo economicus, tema interesante que merece una exposición mucho más larga y profunda en el IJM.

Ignacio Martínez Fernández trató el tema de la reserva fraccionaria y el descalce de plazos: es necesario el análisis jurídico, el económico y el financiero, y a menudo alguno falta o se hace mal. Los cambios en los agentes financieros no son solamente entre dinero y otros activos financieros, sino en la composición relativa de los activos según tiempo y riesgo. La reserva fraccionaria no es un caso extremo del descalce de plazos porque ambos fenómenos no son equivalentes y pueden darse uno sin el otro, ninguno o los dos a la vez. Los defensores del coeficiente del 100% se llevarían una gran sorpresa cuando se produjeran ciclos por descalce de plazos y riesgos: en esta crisis económica el problema financiero principal vino de la banca en la sombra, que no tiene depósitos bancarios a la vista.

Jorge Bueso Merino intentó argumentar que la reserva fraccionaria no es una institución del libre mercado: malos argumentos y mala presentación (con nervios y sin hilo argumental). Un buen filtro académico habría rechazado este trabajo (y me temo que el responsable es Juan Ramón Rallo): no se trata de censurar temas sino de exigir calidad científica y la propagación de ciertas falacias carece de ella.

David Sanz Bas estudió si Hayek y Keynes pueden ser complementarios: me parece que hay que forzar mucho las ideas para conseguirlo; se enfatizó que la teoría de Keynes no es general sino muy particular, sólo algo válida en las recesiones profundas. El tema merece una o varias conferencias en el IJM.

José Hernández Cabrera dio unas explicaciones excesivamente simplistas, casi caricaturas, de los temas de los bienes públicos (no rivales, no excluibles) y las externalidades, como si no existieran, no fueran problemas en un mercado libre o fueran asuntos de blanco y negro.

Óscar Rodríguez Carreiro criticó a Dani Rodrik y los errores de la nueva política industrial: un tema fascinante y muy acertado para una conferencia en el IJM. Sólo se equivocó al comparar al intervencionismo con una hormiga reina que dirige a las obreras, cuando en realidad un hormiguero es un ejemplo de orden espontáneo, descentralizado, pero sin derechos de propiedad ni precios sino con señales químicas y reglas de conducta individual sencillas que producen orden colectivo emergente.

Javier Pérez Bódalo estudió el tema de la esterilización de los incapaces, que junto con otros problemas límite de la bioética sería muy interesante para una charla en el IJM, diferenciando el análisis jurídico del ético o moral y teniendo mucho cuidado para no introducir sesgos o preferencias personales.

Agustín García Inda, funcionario de cuerpo superior, criticó el Estado del bienestar. Explicó que el político no prefiere, el gestor no puede, el ciudadano no sabe, y la sociedad no ayuda. Propuso una receta 3S: suprimir, sustituir, y simplificar funciones del Estado. Es la versión menos radical y más políticamente correcta y asumible del liberalismo.

Adrià Pérez Martí estudió la educación pública y privada. A la teoría añadió un caso particular, el centro privado (La Travesía) que él mismo impulsa. Ideal para una charla en el IJM.

Gonzalo Melián trató el tema de urbanismo y política. Criticó acertadamente las intervenciones políticas, pero a veces parece que quiere enfatizarlo todo. Convendría que explicara qué características del urbanismo y las ciudades los hacen especiales: no es lo mismo diseñar y producir ciudades que ropa, alimentos o vehículos.

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