Tonterías selectas

Frente a la austeridad y sus consecuencias, de Juan Laborda

No hay excusa alguna para las tremendas consecuencias económicas y sociales que la política de austeridad impuesta en la Unión Europea ha provocado, provoca y provocará. Ningún estudio académico proporciona apoyo a la hipótesis de la austeridad expansiva. Hasta el FMI advirtió de sus consecuencias.

… Los defensores de la Teoría Monetaria Moderna (Randal Wray o William Mitchell, por ejemplo) demuestran que un gobierno emisor de moneda no está restringido por lo que recauda. Entonces, ¿por qué los gobiernos siguen emitiendo deuda?, ¿por qué muchos gobiernos prohíben al banco central comprar bonos directamente del gobierno?

Mitchell y Wray lo explican de una manera sencilla. Bajo el sistema de Bretton Woods de tipos de cambio fijos y convertibilidad del oro, los gobiernos sí que estaban limitados en su capacidad de gasto por el valor de oro mantenido en el banco central. Esto era así porque la cantidad de dinero que el banco central emitía era proporcional a sus reservas de oro. Si un gobierno quería gastar más, tenía que reducir el dinero en manos del sector privado mediante la recaudación de impuestos y/o la venta de bonos. Fue entonces cuando se diseñó una maquinaria institucional para la emisión de bonos en los mercados privados. Sin embargo, con el sistema monetario moderno, moneda “fiat”, ya no existen límites de gasto y techos de deuda. A pesar de ello, los gobiernos sufrieron intensas presiones para mantener comportamientos y estructuras institucionales que limitaban sus capacidades de gasto. Se trata, como afirma Bill Mitchell, “de restricciones voluntarias heredadas de los días del patrón oro, perpetuadas por la ideología de la economía de la corriente dominante para constreñir al gobierno y dotar de una mayor laxitud a la actividad del mercado privado”. Los límites de deuda pública aceptados por los gobiernos son, en definitiva, un ejemplo clásico de restricción voluntaria.

Comunistas, de Manuel Castells

Argentina y Brasil no aceptan retroceder, de Emir Sader

Coaching, el disolvente de la política, de Jorge Moruno, sociólogo

¿Consumes, tiras y vuelves a consumir?, de Óscar Sierra Martín, de Economistas sin Fronteras

La sociedad parece navegar en una dirección que irremediablemente conduce al consumo masivo no sólo de recursos, sino de servicios. El consumo de agua, la alimentación, el textil, la electrónica, e incluso servicios como el turismo o el consumo de información son cada vez mayores y, en general, de peor calidad. Ejemplos tan conocidos como la compra masiva de ropa a bajos precios, fundamentados en la baja calidad de la misma y en las malas condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras; o el consumo desmesurado de aparatos electrónicos que, en muchas ocasiones, apenas mejoran levemente al anterior, son sólo un par de ejemplos de productos que, una vez ha finalizado lo que consideramos su “vida útil”, no se valoran y nos acercan a esa proyección de huella de cuatro planetas, en lugar de intentar reducir la actual a una.

… el consumo masivo conlleva mayores ventas y, por lo general, éstas traen mayores beneficios, objetivo incuestionable desde el punto de vista clásico y limitado de maximización del beneficio. En este contexto, los consumidores parecen adaptarse e incluso demandar que la calidad y durabilidad se conviertan en algo secundario cuando un producto es bonito, barato y de algún modo satisface necesidades cortoplacistas.

… las empresas deben ser empujadas a mejorar estas características de sus productos y servicios, pero desde una demanda que no busque inmediatez y bajos precios, sino productos responsables, con una mayor durabilidad y control de sus impactos. Muchos de estos bajos precios esconden una práctica muy común: la no inclusión de multitud de costes externos que la producción, uso y reciclado del producto generan, las llamadas externalidades, por lo que apenas se tiene en cuenta su impacto social y ambiental.

… La ciudadanía debe ser consciente del poder que tiene con sus decisiones diarias: al comprar, ¿realmente necesito este producto? ¿Merece la pena gastar más por un menor impacto ambiental y una mayor calidad? Al usarlo, ¿tengo que dejar el aparato encendido o el grifo abierto? Y al deshacernos del mismo, ¿alguien de mi entorno puede usarlo? ¿Cuál es la mejor manera de reutilizarlo/reciclarlo en lugar de tirarlo a la basura?

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