Tonterías selectas

Papeles de Panamá: final del ciclo neoconservador, de Juan Laborda

Los ricos han roto el trato, de Lucía Méndez

No es el déficit público, es el estado lo que hay que liquidar, de Rodolfo Rieznik, de Economistas Sin Fronteras

… los neoliberales consideran el consumo público un gasto improductivo, en cuanto no resulta en ganancias privadas. La financiación pública a través de impuestos al trabajo produce una exacción al circuito del capital por el no consumo privado de los asalariados y ese gasto es improcedente, porque, como señalamos más arriba, elude la reproducción capitalista privada…

… para los neoliberales el estado es incompetente. Incluso lo es, cuando la prestación de servicios estrictamente públicos: sanidad, educación, cultura, infraestructuras, dependencia, desempleo, etc. son un acicate al empleo, el consumo y la inversión: su carácter improductivo no cambia en términos de negación de la acumulación privada rentable financiada con impuestos o deuda cargada en el largo plazo a los contribuyentes en forma de gasto público financiero.

… Las políticas de equilibrio presupuestario impulsadas por las políticas neoliberales del gobierno la Unión Europea no se alcanzarán nunca porque para quienes hoy dirigen la Comisión Europea el estado es económicamente improductivo por definición: la igualdad ingreso/gasto no solucionará el problema.

… Esto es lo que se ha hecho en los últimos cuatro años: cercenar derechos económicos de los ciudadanos en servicios públicos de interés general: sanidad, educación, pensiones, dependencia, infraestructuras civiles, cultura etc. para garantizar la deuda al capital financiero. Las prioridades no son las personas, las tiene el capital. Además, se magnifica la perversidad de los recortes sociales en miles de millones de euros porque los ajustes presupuestarios, son puntuales, en cambio los cálculos son porcentajes sobre estadísticas del PIB potencialmente manipulables y opinables a discreción, según la metodología de su elaboración de los hombres de negro de la Comisión Europea.

… la liquidación paulatina del estado del bienestar o lo que es lo mismo, la exclusión sistemática del papel del estado en la economía es el resultado directo de las políticas de equilibrio presupuestario a ultranza.

… Cuando se intercambia estado por privatizaciones y deuda nunca será posible igualar ingresos y gastos públicos.

… Resulta paradójico, que cuando la producción material ha alcanzado tan extraordinarios niveles de avances tecnológicos y de productividad laboral con la automatización y la informatización generalizada de la actividad económica, una parte cada vez más importante de la misma no se pueda dedicar a satisfacer el bienestar general de la sociedad a través del gasto público. Sin duda, hay capacidad económica y material más que suficiente para fortalecer los derechos sociales y la dignidad económica a través de políticas públicas; que no nos confundan con el “déficit excesivo”; defendamos la reconstrucción plena del estado del bienestar, no su liquidación.

Al coche eléctrico no le dejan ser proletario, de José Luis Gallego

Demasiado desiguales, también frente al plato, de Alejandro Moruno

Con 140 cv de potencia el EV1, que fue como se llamó, tenía un diseño deportivo, resultaba cómodo y fiable, podía superar los 130 km/h y ofrecía una autonomía de carga de más de 200 kilómetros. Y todo a un precio muy competitivo. Resultado: se convirtió en un espectacular éxito de ventas.

Se vendían a miles. Como consecuencia en las principales ciudades de California empezaron a florecer centenares de postes de carga rápida en los aparcamientos de centros comerciales, estadios deportivos, cines y restaurantes. En poco más de media hora y por unos centavos de dólar podías recargar las baterías de tu EV1 hasta el 80% de su capacidad.

Ya lo tenían. El coche eléctrico estaba inventado. Era bueno, bonito, barato y además conducirlo resultaba de lo más “fashion”. Las perspectivas de General Motors con el EV1 eran muy superiores a las del resto de su gama.

… El documental demuestra que fueron los fuertes intereses de las petroleras quienes, presionando a la administración y a la propia compañía automovilística, arruinaron la salida al mercado de aquel desleal competidor.

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