Tonterías selectas

Los destrozos económicos de la lideresa en Madrid, de Carlos Berzosa

Europa encadenada. Plan B o esclavitud, de Alberto Garzón Espinosa, diputado en el Congreso por IU-Unidad Popular; Marina Albiol Guzmán, eurodiputada de Izquierda Unida; y Carlos Sánchez Mato, concejal de Economía y Hacienda de Madrid por Ahora Madrid

El Plan A de Europa: deuda, austeridad y más deuda, de Yago Álvarez, de la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda

¿Con qué es incompatible el feminismo?, de Barbijaputa

Filantropía: pasión por mejorar el mundo, de Diego Hidalgo Schnur

Pocas personas reflexionan sobre el merecimiento de gran patrimonio; lo dan por supuesto y lo defienden con uñas y dientes. A pocos se les ocurre pensar que, hayan obtenido su fortuna por herencia o incluso por haberla ganado partiendo de cero, deben a la sociedad y a sus reglas el haber llegado a esa posición de privilegio, y tienen el deber ético de devolver a la sociedad al menos una parte.

Para comprender la importancia y necesidad de la filantropía hay que analizar los efectos del sistema capitalista, feroz y poco regulado, que desde hace varias décadas rige la economía de un mundo globalizado.

Los mercados ni se autorregulan, ni se autocorrigen, ni se autolegitiman. No existe una autoridad reguladora global, sino la ley de la selva; los mercados generan burbujas que al pincharse producen grandes crisis económicas como la que acabamos de sufrir. El capitalismo produce ganadores y perdedores y deja a mucha gente en situación desfavorecida y vulnerable. Si en algún momento no se corrigen esas desigualdades, los perdedores con las nuevas tecnologías están en posición de aguar la fiesta a los ganadores. El tema es importante para la supervivencia de la humanidad. Esa corrección y regulación debe hacerse desde una autoridad global, y no desde un país o incluso desde un continente. Quienes utópicamente lo intentan al llegar al poder, llevarán a su país a la ruina y la miseria. Es evidente el fracaso estrepitoso de quienes lo han intentado…

Los filántropos son los únicos que pueden pensar en grande, y establecer criterios para medir el impacto de sus obras o fundaciones, algo ausente en los demás agentes económicos y sociales, esencial para aprender de errores.

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