Tonterías selectas

Sufragistas, de Lidia Falcón

… cierto es que hoy podemos votar –si el marido nos lo permite, y solo lo que este dice, como vi que sucedía en las primarias de Sevilla y en las elecciones en Madrid-…

… ya es hora de visibilizar las explotaciones de las amas de casa, y para ello nada mejor que comenzar con la sentencia recientemente dictada por el Tribunal Supremo contra la empresa Uralita por la contaminación de asbesto sufrida por las esposas de los obreros, al lavarles la ropa de trabajo.

He aquí una escandalosa –si este país fuese capaz de escandalizarse por algo– prueba de la explotación que padece la mujer que sólo realiza el trabajo de su casa.

Esposas y madres que invierten de 50 a 90 horas semanales en las tareas de fregado, lavado, compra, cocinado, limpieza, alimentación y cuidado de hijos y mayores, sin disponer ni de salario ni de días de descanso ni de vacaciones ni de seguridad social ni indemnizaciones por accidentes o enfermedad común ni jubilación. Solamente la esclavitud tenía las mismas condiciones de trabajo. Y además comparten, como las esposas de los trabajadores de Uralita, muchos de los riesgos laborales de sus maridos, sin que hasta esta histórica sentencia se les haya reconocido, ni en la legislación ni en las declaraciones políticas ni en las tareas sindicales.

Obreras, campesinas, empleadas de servicios, mineras, secretarias, esposas y madres, la mayoría de las mujeres en España siguen padeciendo similares explotaciones a las que denuncia la película Sufragistas.

… que las feministas no arguyan que hoy las mujeres no viven como hace dos siglos, porque muchas, varios millones, lo siguen haciendo, y quienes se escandalicen con mis declaraciones son las señoritas que comen cada día, disfrutan de piso, coche, vacaciones y empleo remunerado, e investigan y escriben estúpidas tesis doctorales sobre el pornoterrorismo –que les publican los señores, encantados con esta deriva del feminismo.

Porque aquellas, las que no saben si comerán cada día, apaleadas primero por el padre y más tarde por el marido, las despedidas del empleo y desahuciadas de su casa, después de ser abusadas sexualmente por el empleador, que arrastran consigo varios hijos mocosos y descalzos, de refugio en refugio, no han notado mucha diferencia de su situación con la de sus abuelas. Y aún más triste, quizá las de hoy estén viviendo peor que sus madres.

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