Tonterías selectas

Sin futuro, ¿hasta cuándo?, de Juan Laborda

La ciencia del control, de Antonio Ruiz de Elvira

En los sistemas políticos lo razonable es el control constante de unos sobre otros. El liberalismo, el capitalismo funcionaban  ejercitando el control sobre una tendencia no lineal del estado a regular hasta el minuto en el que se deberían dormir casi todos los ciudadanos, mientras que el socialismo ejercitaba el control sobre la acumulación no lineal de riqueza en algunos agraciados, no por sus capacidades, sino por el azar de la vida.

Pero el socialismo, como cualquier otro sistema, quiso que muchos tuviesen el doble o más de lo posible, y para eso eliminó los controles. El capitalismo liberal ha hecho lo propio para que pocos tengan mil veces más de lo posible.

… Necesitamos, urgentemente, reintroducir los controles en todos los aspectos de la vida. Necesitamos, durante unos años, cerrar las televisiones para que los humanos vuelvan a pensar que las cosas tienen límites, y que los controles no solo son necesarios sino buenos.  La alternativa son ciudades hasta arriba de NOx, mares llenos de plásticos y contaminantes, atmósfera llena de CO2, sociedades en las cuales 200 personas disfrutan de la riqueza de 10 millones, u otros 100 obligan a millones vivir una vida de regimientos militares.

Pero esto debe ser una decisión colectiva. Mientras sigamos aceptando la idea infantil de la falta de control, nuestras vidas se irán degradando hasta parecer las de los ciudadanos de Corea del Norte, o si queremos otros ejemplos, las de los trabajadores de las fábricas de Manchester en 1860, de Los Miserables de Victor Hugo, o de los esclavos de las plantaciones de algodón de los estados del sur antes de la acción de Lincoln.

Podemos decidir. Está en nuestras manos.

Vive frugalmente, actúa globalmente, de Diego Gracia

Mi fórmula más sintética es esta: «Vivir frugalmente (frente a la sociedad del consumo, claramente insostenible) y pensar y actuar globalmente (no localmente, porque esto genera situaciones también insostenibles)». El consumo de más que hacemos los occidentales es el que debía ir a las sociedades deprimidas. El desarrollo del primer mundo es insostenible, y el subdesarrollo del Tercer Mundo, también. Lo estamos viendo, pero no nos damos por enterados. Todos estamos encantados de habernos conocido. Eso Freud lo llamaba narcisismo.

Cunde la idea de que el poder de los políticos es muy grande, pero yo creo que es muy pequeño. Y que el tema fundamental y sangrante es la educación, la gran ignorada. Los valores son la matriz de la ética, es decir, de los deberes. ¿Por qué no comenzamos por preguntarnos cada uno por nuestros valores, si tienen en cuenta a la globalidad de los seres humanos o sólo a unos pocos? ¿Y por qué no actuar en la vida, en nuestra vida, desde hoy, desde ahora mismo, de acuerdo con el siguiente imperativo, que lo es, y además categórico: «Vive frugalmente, piensa y actúa globalmente»? El globo es de todos. Cuando tanta gente se halla en necesidad extrema, cuando el propio planeta parece deteriorarse hasta el punto de hacer cuestionable la propia existencia de las generaciones futuras, hay razones para afirmar que todo lo que a unos nos sobra pertenece a otros. Nadie está obligado a más, pero desde luego tampoco a menos.

Los pensionistas no son roedores, de Octavio Granado

Sucios secretos, de José Ignacio Torreblanca

… nuestras ciudades siguieron siendo irrespirables. La culpa de ello fue del tráfico privado, que se convirtió en la principal fuente de contaminación. Hoy sabemos que las emisiones generadas por el tráfico privado matan, que hacer deporte al aire libre en el centro de nuestras ciudades no es saludable y que criar a nuestros hijos allí no es recomendable.

Los mineros perdieron sus empleos porque su fuente de vida chocó con el derecho a la salud. Pero la industria del automóvil ha logrado enmarcar un producto, el vehículo privado, cuyo uso debería estar prácticamente prohibido en el centro de las ciudades, como un derecho fundamental. Esa industria ha gastado inmensas cantidades de dinero en convencer a los reguladores y a la ciudadanía de que los motores diésel eran limpios: ahora descubrimos que eran sucios y que hacían trampas.

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