Tonterías selectas

El Café Comercial no debe ser cerrado, de Joaquín Aparicio

Derecho a la ciudad, de Marina Rodríguez Baras

Los cierres del Comercial y el Noviciado son una muestra más de un barrio que nos echa y de una ciudad que nos roban. Hablamos mucho en los últimos tiempos de la necesidad de regeneración política, pero es muy difícil construir democracia real si nuestro propio entorno urbano está estrictamente ordenado en términos económicos, en vez de en términos de horizontalidad, transversalidad e integración social. Igual que la educación influye de forma determinante en nuestros valores como sociedad, también lo hace el entorno en el que nos desarrollamos como personas. Al priorizar la rentabilidad y el dinero, generamos espacios de privilegiados y de desfavorecidos (si no tienes dinero, no vayas al centro), eliminamos espacios de desarrollo personal no relacionados con el dinero (por ejemplo, cada vez más las plazas están absorbidas por las terrazas de los bares), reducimos drásticamente casi todo lo que tenga que ver con el arte (sin ir más lejos, olvídate de las tertulias literarias del Café Comercial) e inculcamos a todo el que esté por venir que el espacio público se ordena en función de rentabilidad, eficiencia y consumo. En resumen, perdemos. Perdemos la libertad de cada persona de tomar decisiones vitales en su propia ciudad sin depender de su situación económica, perdemos la variedad y la riqueza del pequeño comercio no sometido a los intereses y a las condiciones laborales a menudo precarias de las grandes multinacionales, perdemos acceso a la diversidad social y artística, y perdemos una ciudad horizontal donde no te sientas cada vez más abajo en función de tu poder adquisitivo. Perdemos como individuos y perdemos como sociedad, cada vez más focalizada hacia el consumo.

El Comercial y el Noviciado no han sido los primeros, ni serán los últimos. Vendrán más. Y por cada uno de estos sitios que cierre, no solo perderemos recuerdos, también nos estarán robando un pequeño gran trozo de nuestro derecho a la ciudad. Es necesario ser conscientes de lo que esto supone y exigir medidas políticas y sociales que no solo defiendan la historia del café más antiguo de Madrid, sino sobre todo que planteen un espacio urbano ordenado en función de las necesidades de la gente y la sociedad, y que no esté exclusivamente sometido al beneficio empresarial. Cuando en la ciudad quepamos todos, estaremos cambiando el futuro.

Los tres vacíos de la Unión, de Diego López Garrido

Sí, eres idiota, de Jorge Moruno

Por qué el sistema bancario es un problema grave, de Vicenç Navarro

No hay ninguna duda de que si los bancos fueran instituciones instituciones públicas, a las que se exigiera que cumplieran con su función social, el problema del crédito se resolvería. Esta es la razón de que la inmensa mayoría de países tenga amplios sectores bancarios públicos, siendo España uno de los que lo tiene menos desarrollado.

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