Acción, control, cooperación y competencia

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La economía no se limita a estudiar únicamente la acción humana intencional: sus conceptos son aplicables a la acción y coordinación de todo tipo de agentes, como los seres vivos (agentes biológicos naturales) o los robots o máquinas inteligentes (agentes inorgánicos artificiales).

Un agente es una máquina que consume recursos (materiales y energía) y es capaz de producir trabajo, de hacer algo que afecte al mundo, de transformar unas cosas en otras, de alterar la realidad: la acción tiene costes (los recursos consumidos y la oportunidad perdida de hacer otras cosas) y produce resultados o consecuencias.

Un agente es un sistema dinámico persistente que es capaz de realizar trabajo generando fuerzas y movimientos mediante la liberación restringida de energía en ciclos termodinámicos: es una máquina que consume o disipa energía de alguna fuente (en principio recargable del exterior), funciona y tiene algún efecto (sobre el entorno o sobre sí misma), y preserva su identidad esencial (salvo algún posible desgaste o cambios de configuración). Un ejemplo típico de agente es un motor, solo o acoplado a algún otro dispositivo o mecanismo.

Un agente es más potente cuanto más trabajo es capaz de producir por unidad de tiempo. El agente es además más o menos preciso según cómo es capaz de distribuir la potencia en el espacio y el tiempo. Todo agente es imperfecto y tiene una capacidad de acción limitada, tanto en potencia como en precisión.

Un agente puede ser complejo si está compuesto por varios agentes (y posiblemente otros elementos pasivos) cohesionados y coordinados de algún modo: no existe solamente la acción individual, también los colectivos o grupos pueden considerarse agentes en la medida en que estén cohesionados y coordinados. Los agentes colectivos son abundantes o frecuentes: los grupos integrados son evolutivamente muy exitosos porque tienen gran capacidad de acción por la suma de esfuerzos, la compensación de fluctuaciones y los beneficios de la división del trabajo con especialización.

Un agente puede aparecer de forma natural y espontánea sin la intervención de otros agentes cuando sus partes interaccionan y se estructuran de forma adecuada. Los agentes artificiales son producidos por los seres humanos. Un posible efecto de la acción de un agente es la creación de otras entidades, las cuales pueden también ser agentes iguales o diferentes al agente creador. Un agente alopoyético produce cosas distintas de él mismo: una fábrica que produce muebles (no agentes) o automóviles (agentes). Un agente heteropoyético es producido por otro agente diferente de él: una fábrica producida por seres humanos. Un agente autopoyético se produce y mantiene a sí mismo: un ser vivo. Los seres vivos no sólo se autoproducen sino que además pueden reproducirse y evolucionar generando mejoras adaptativas.

Un agente es autónomo si tiene un sistema de control cibernético (que funciona con información y comunicación mediante sensores, procesadores y actuadores) y si actúa según sus intereses o preferencias (los cuales pueden considerar los intereses o preferencias de otros agentes), normalmente orientados para su supervivencia y reproducción. Un agente es heterónomo si es controlado o dominado por otro agente: un animal doméstico, una máquina al servicio de un humano, un esclavo a las órdenes de su dueño.

Algunos agentes son autónomos, al menos parcialmente, en el sentido de que poseen algún sistema de control, pero carecen de intereses o valoraciones: una máquina artificial como una lavadora automática o un automóvil autodirigido. Son extraños los agentes que tienen preferencias pero carecen de capacidad de control (como un humano paralizado por algún accidente o enfermedad), ya que las valoraciones sólo son funcionales si sirven para dirigir la conducta mediante el sistema de control. El control es necesario cuando la elección entre diferentes acciones es posible y relevante, cuando la conducta debe adaptarse a las circunstancias del entorno y del propio agente, y cuando el agente es una entidad compleja con múltiples agentes que requieren coordinación.

El control puede ser realizado por un sistema pasivo o por un agente controlador, en cuyo caso el control es un tipo de acción que dirige otra acción: el agente controlador dirige o supervisa la conducta del agente controlado. Los agentes controladores no necesitan ser capaces de realizar gran cantidad de trabajo, sino que deben funcionar de forma precisa para obtener y procesar información, servir para coordinar las diversas partes de un agente complejo y ajustar su conducta a las circunstancias del mundo. La máquina controlada tiene músculo o fuerza bruta, mientras que la máquina controladora tiene inteligencia.

La acción puede controlarse de formas más o menos sofisticadas mediante reacciones, hábitos o intencionalidad. Un agente intencional, teleológico o con propósitos actúa para conseguir fines, metas u objetivos percibidos o imaginados que considera valiosos mediante el desarrollo de planes de acción a partir de la situación y los medios disponibles.

El control no implica una independencia total: un agente autónomo no está aislado del mundo sino que necesita recibir influencias de su entorno para acoplarse a él y ajustar su conducta a las condiciones ambientales; suelen ser especialmente importantes las interacciones con otros agentes con los cuales es posible cooperar o competir.

La acción de un agente puede afectar al propio agente o a otros agentes: lo que uno hace puede beneficiar o dañar a otros. Los distintos agentes pueden competir por controlarse unos a otros, por conseguir que los demás hagan lo que les convenga a ellos, y por no dejarse controlar por otros: existen habilidades de persuasión, seducción, manipulación, publicidad; se dan órdenes, consejos, sugerencias.

El control es un fenómeno gradual y relativo: un agente puede tener un sistema de control propio pero ser dominado o supervisado por otro agente más poderoso, con más capacidad de manipulación o más habilidad de control (un animal doméstico, un esclavo). Esta relación de control y sometimiento puede ser voluntaria (un trabajador y su jefe en un contrato pactado libremente con integración en una jerarquía de mando) o involuntaria (el esclavo y su dueño, un animal que debe ser domado o domesticado), o sin sentido de la voluntad (una máquina controlada por un usuario).

Los seres vivos son agentes autónomos autopoyéticos: son sistemas naturales que se producen a sí mismos a partir de recursos limitados obtenidos de su entorno. Además de autoproducirse pueden reproducirse, evolucionar y adaptarse a su entorno. Como un organismo tiene más poder y posibilidades de supervivencia y desarrollo cuantos más medios controle y utilice de forma eficiente y económica, los procesos evolutivos implican que exista cierta competencia por los recursos escasos necesarios para la vida. Como un ser vivo puede ser un agente útil como medio para otro ser vivo, existe una competencia por el control de la capacidad de trabajo: los organismos intentan controlarse unos a otros.

Un agente puede utilizar medios que no son agentes (materias primas o recursos naturales inertes, bienes semiprocesados, herramientas estáticas) o también medios que son agentes, tanto heterónomos como autónomos. Algunos animales son capaces de producir y utilizar herramientas estáticas poco sofisticadas como ramas o piedras. Algunos seres vivos no sólo se alimentan de otros seres vivos sino que pueden utilizar a otros como fuerza de trabajo o como productores de algún alimento: hormigas que pastorean áfidos y se alimentan de sus secreciones; humanos que domestican animales.

El ser humano tiene una gran habilidad para producir herramientas y máquinas que utiliza para incrementar su poder o capacidad de acción. Las máquinas más sofisticadas tienen mecanismos de control que permiten dirigir, programar, regular o automatizar su actividad. La disponibilidad de más poder o medios de acción puede ser buena o mala según para qué o para quién: las capacidades pueden utilizarse para bien o para mal, para beneficiar o perjudicar, para crear o para destruir, para ayudar a vivir o para matar.

Los diversos medios o recursos disponibles para la acción pueden ser complementarios o sustitutivos. Los diferentes agentes pueden cooperar unos con otros, competir unos contra otros, o no afectarse de ningún modo. Los cooperadores se benefician mutuamente, trabajan con y para el otro; los competidores se perjudican unos a otros, actúan contra el otro. Es posible cooperar para competir (soldados en un ejército, jugadores en un equipo deportivo) o competir por cooperar (diferentes candidatos a un puesto de trabajo, vendedores de un mismo bien o servicio).

La competencia puede ser no violenta (búsqueda de alimentos, competencia en el mercado libre por clientes) o violenta y destructiva (luchando contra otro para expulsarlo o matarlo, posiblemente para comérselo; peleas entre machos por hembras).

La coordinación entre cooperadores puede ser planificada, diseñada, en grupos delimitados con relaciones duraderas y estructuras centralizadas de mando como empresas o asociaciones civiles, militares o políticas, o no planificada, descentralizada y no diseñada que funciona mediante intercambios comerciales puntuales y señales informativas como precios y mecanismos de beneficios y pérdidas.

Tanto el uso de herramientas por un agente como la cooperación entre agentes exigen que ambas partes estén convenientemente acopladas: la herramienta debe tener características ergonómicas que faciliten su uso fácil y eficiente; el operario debe saber manejar la herramienta, necesita una capacitación técnica o capital intelectual; los cooperadores potenciales deben poder comunicarse, coordinarse y confiar unos en otros (lenguaje, teoría de la mente para representar y comprender a otras entidades como agentes cognitivos intencionales, señales de competencia, fiabilidad y honestidad, inteligencia emocional y social). Algunas de las facultades técnicas pueden ser adquiridas por los agentes mediante procesos educativos o formativos; las habilidades más emocionales, sociales o empresariales pueden ser más difíciles de transmitir u obtener mediante enseñanza o entrenamiento.

Empresarios y jefes son agentes coordinadores con habilidades especiales para la gestión de la cooperación. El empresario especula, intenta predecir qué productos y servicios desean los consumidores y pueden ser producidos con beneficio; el jefe organiza los recursos humanos, asigna tareas y vigila su cumplimiento eficiente.

Los agentes competidores pueden respetar normas de propiedad, no agresión y cumplimiento de contratos en un mercado libre, y unos triunfan sobre otros si son más competitivos, económicos, eficaces y eficientes. Pero los competidores también pueden actuar de forma violenta o exigir algún tipo de subsidio, protección o privilegio: los trabajadores, productores o vendedores menos competitivos pueden impedir el acceso al mercado de otros más competitivos, o prohibir el uso de herramientas que los reemplazan o que ellos no saben manejar, o exigir formación a costa de otros.

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