Tonterías selectas

Salarios de ricos, salarios de pobres, de Antón Losada

Todas  esas  reformas  implementadas  en  nombre de la competitividad siempre han tenido un único objetivo: asegurar que resultaste más rentable depredar al trabajador.

Abajo la economoral, de Antón Losada

La huelga de técnicos de Movistar y la irrupción del nuevo asalariado urbano, de Eddy Sánchez

Bajo el TTIP, más de 75.000 empresas podrán doblegar la voluntad de los gobiernos, de Verónica Gómez, de la Comisión Internacional de ATTAC

Legalizar la prostitución, de Victoria Camps

La propuesta de regular la prostitución quiere justificarse en nombre de la libertad, y no discuto que existan algunas mujeres que ejercen la prostitución voluntariamente. Pero son una minoría insignificante. Los datos dicen que más del 80% de las prostitutas están ligadas a mafias que las traen de países de la Europa del Este y del Tercer Mundo. Hablar de libertad en estos casos es una broma. Prostituirse tiene un significado unívoco: es esclavizarse. No pongo en duda que existan mujeres que pueden permitirse el lujo de considerar que lo que hacen no es prostitución, sino un trabajo como cualquier otro. Pero la legislación no debe mirar a esa pequeña minoría de mujeres que se autodenominan libres, sino a la gran mayoría que no vacilaría en reconocer que vende su cuerpo porque es lo más lucrativo que tiene a su alcance. La ley es, efectivamente, para todos, pero su objetivo primordial, en una sociedad que aspira a la justicia social, es proteger a los más desfavorecidos.

… Dirán las prostitutas libres que con qué derecho una sociedad que se proclama liberal interfiere en las vidas de las personas, condena la prostitución y la considera un trabajo indigno. La respuesta es que, en efecto, es una actividad degradante para todas las mujeres que no entienden que el ejercicio de la prostitución afiance sus derechos como individuos libres, sino todo lo contrario, y esas son desgraciadamente las que más abundan.

La discrepancia de puntos de vista al respecto nos sitúa ante una de las paradojas del liberalismo. La paradoja que consiste en colocar en un pedestal la libertad de los individuos sin atender a las condiciones imprescindibles para que la libertad no sea un derecho sólo formal, sino que cuente con la base material imprescindible para poder ejercerlo.

Por otra parte, nos cansamos de decir que también la libertad debe tener límites, pero nunca lo ratificamos en la práctica. Hace unos días, la Asamblea Nacional francesa aprobaba considerar delito la incitación a la delgadez extrema prohibiendo a las agencias de modelos contratar a jóvenes exageradamente delgadas. Cuando uno puede elegir, es libre de hacerse daño a sí mismo, pero lo primero es conseguir que la libertad de elegir sea real, poder comparar entre distintas formas de vida y escoger la preferida. Cuando deje de haber prostitutas obligadas a serlo, podremos discutir si nos parece aceptable sustituir la palabra prostitución por la de trabajadoras sexuales.

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