Libertad, libre albedrío y determinismo

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El término y concepto de libertad pueden referirse a cosas distintas: ausencia de coacción o capacidad psíquica de elegir. La libertad mental parece incompatible con el determinismo causal, pero en realidad no lo es si se entienden ambos de forma adecuada.

La libertad que defiende el liberalismo es económica, ética, social o política: es respeto al derecho de propiedad y ausencia de agresión o violencia; es poder escoger uno mismo de forma legítima, que otros no te impongan decisiones por la fuerza o mediante la coacción legal; es actuar en un entorno institucional con normas universales y funcionales, sin privilegios ni opresión. Sin embargo en la teoría económica, la psicología y la filosofía es importante también el concepto de libre albedrío, la libertad entendida como la capacidad mental de elegir entre alternativas según la propia voluntad del agente, que además suele considerarse como un requisito necesario para la responsabilidad moral o legal.

Frecuentemente se han contrapuesto el libre albedrío y el determinismo como si fueran incompatibles, pero que esto sea así depende de cómo se entiendan el determinismo y el libre albedrío. El determinismo significa regularidades naturales, leyes descriptivas de patrones repetitivos en la realidad, conexiones entre causas y efectos. Lo opuesto a determinismo es aleatoriedad, azar, indeterminismo, ausencia de interacciones regulares y relaciones causales. La realidad es determinista, indeterminista, o una combinación de ambos atributos, pero no hay otras posibilidades: la voluntad o la conciencia no son alternativas o complementos a la naturaleza regular o aleatoria de lo existente.

Si por libre albedrío se entiende una libertad metafísica u ontológica que supera o viola el determinismo causal, entonces ese libre albedrío no existe o no es más que una ilusión o falacia. Por otro lado negar el determinismo implica aceptar aleatoriedad, y asegurar que el libre albedrío no es compatible con el determinismo implica reducir el libre albedrío a simple aleatoriedad: la voluntad sería resultado del azar (la mecánica cuántica no es la respuesta a este dilema, y los que erróneamente creen que es así tal vez saben de física pero no saben de biología, cibernética y psicología).

El albedrío, arbitrio o voluntad es un fenómeno natural: se trata de una función esencial de todos los seres vivos, realizada de forma más o menos sofisticada según su evolución y nivel de complejidad. Todos los seres vivos son agentes cibernéticos que disponen de algún sistema de control para regular su conducta, porque no vale hacer cualquier cosa sino que conviene adaptar la acción a las circunstancias de la realidad. El sistema nervioso de los animales (el cerebro, la mente) es un sistema de control cibernético que dirige el comportamiento del organismo obteniendo y procesando información: considera alternativas y escoge la que juzga más adecuada según las preferencias y capacidades del agente y las condiciones de su entorno. Los seres vivos son máquinas capaces de elegir.

El procesamiento de información y la toma de decisiones son fenómenos físicos ejecutados por una red compleja de neuronas conectadas a sensores y actuadores. Se trata de procesos más o menos complejos según cómo se trata la información (cuánta, a qué velocidad, con qué algoritmos, de forma inconsciente o consciente, automática o reflexiva), cuántas alternativas se tienen en cuenta, cómo se descubren o aparecen esas opciones. Considerar alternativas consiste en imaginar (de forma correcta o incorrecta, realista o no) diferentes cursos de acción presuntamente posibles y valorar sus consecuencias. Un agente racional realiza este proceso y escoge la opción cuyo valor o utilidad es mayor según sus particulares preferencias o intereses. Muchos factores pueden participar o intervenir en este proceso multicausal: lo que el individuo quiere, desea o necesita, su predicción de las reacciones de otros ante su elección, los intereses de otros individuos por los cuales siente afecto, la existencia de inhibiciones o normas morales.

Un proceso de decisión es resultado de la actividad de un sistema, el organismo y su aparato cognitivo y emocional, en un entorno. Sus resultados dependen del estado y dinámica internos del sistema, de las circunstancias del entorno y de las interacciones entre sistema y entorno. Las diferentes decisiones de un agente se producen por diferentes estados o actividad de su cerebro y cuerpo o por distintas circunstancias ambientales: mi decisión de comer o no hacerlo depende de si tengo hambre o no (y esta sensación está generada por los niveles de energía disponibles en mi cuerpo), y de si hay comida o no; mi decisión de qué comer depende de qué me resulte más sabroso, y mi gusto por la comida seguramente refleje algún valor nutritivo; mi decisión de atacar, quedarme quieto o huir depende de mi emoción de miedo, la cual no se genera de forma arbitraria sino ante la percepción de una amenaza.

Un mismo individuo puede tomar decisiones diferentes y actuar de formas distintas en las mismas circunstancias si su estado interno es diferente y estas diferencias son relevantes. Diversas personas pueden actuar de forma diferente en las mismas circunstancias. Un mismo individuo con un mismo estado interno puede actuar de forma diferente si las circunstancias son suficientemente distintas.

La conducta de un agente podría haber sido diferente en el sentido de que ex ante y sin disponer de toda la información relevante parece que hay varias alternativas que pueden ser consideradas y elegidas porque aún no han sido valoradas. Pero la conducta es determinista porque todo el proceso sigue leyes físicas regulares y porque la alternativa escogida es la más valiosa (aunque esta valoración sea subjetiva) y no otra arbitraria. Si prefiero más dinero a menos (algo muy común) y me dan a elegir entre varias cajas con diversas cantidades de dinero, abro las cajas, cuento cuánto hay en cada una y escojo la que tiene la cantidad máxima. Las hembras de pavo real escogen al macho más atractivo (según parámetros objetivos medibles como tamaño y brillo de la cola y número de ojos) después de inspeccionar a varios. Es posible que las opciones no estén dadas sino que yo mismo deba generarlas en mi imaginación, pero este proceso creativo también es determinista y no tiene nada de mágico o sobrenatural.

La voluntad del ser humano y su capacidad de elegir no sólo no violan las leyes deterministas de la naturaleza sino que son su resultado y no podrían existir sin ellas ya que las necesitan para poder funcionar. El cerebro opera conforme a leyes físicas, químicas y neurológicas y además representa las regularidades de la realidad y sus circunstancias concretas, usa conocimiento acerca de las leyes que describen la dinámica de los sistemas para predecir, explicar y controlar parcialmente su evolución. La acción no es posible sin determinismo causal.

Que la conducta sea determinista no implica que sea simple, ni predecible ni controlable de forma plena. Los factores más determinantes para una elección pueden cambiar de una persona a otra según su carácter y circunstancias (un hedonista, un asceta, un místico), pero también hay muchas cosas que los seres humanos tienen en común (sensaciones y emociones básicas). La predicción detallada requiere modelos y datos precisos que tal vez no estén disponibles.

No se avanza en la resolución del problema del libre albedrío afirmando que el ser humano es especial porque los animales sólo reaccionan de forma instintiva mientras que los humanos deciden libremente. El proceso de decisión en humanos es más sofisticado porque el cerebro humano es más complejo, con más capacidad innovadora, más flexibilidad y capacidad cultural, simbólica y lingüística, más interacción social, pero los humanos también tienen reacciones e instintos y los animales son capaces de decisiones morales como cuidar de otros y renunciar a comer para no dañar a un semejante.

Los seres humanos no son especiales porque tienen una inexistente alma inmortal inmaterial, tampoco son la encarnación de esta alma, y no tienen libre albedrío como un don de la divinidad omnipotente y omnisciente. De hecho la creencia engañosa en dioses imaginarios que todo lo controlan es parte esencial del lío conceptual del libre albedrío como un parche intelectual para explicar el mal en un mundo presuntamente creado por un dios bondadoso.

Probablemente muchas personas creen que sus decisiones no son deterministas porque no entienden la realidad y porque temen que si fueran deterministas serían predecibles y manipulables con facilidad: prefieren una ilusión de libre albedrío desconectado del mundo real. La ilusión puede ser funcional en algunos casos ya que la voluntad importa: creer que se tiene fuerza mental para superar algún obstáculo puede ayudar a conseguirlo en lugar de rendirse o no intentarlo; creer en la voluntad puede reforzar la voluntad. La creencia en el libre albedrío también puede tener repercusiones morales, influyendo en la cooperación de los agentes y su tendencia a hacer trampas o cumplir con las normas.

El determinismo no destruye la responsabilidad moral ya que se trata de fenómenos de niveles o ámbitos diferentes. La responsabilidad moral es la idea que se transmite a los agentes individuales en un entorno social de que sus acciones pueden afectar a otros y sufrir represalias por los daños causados: es un mecanismo de advertencia y protección de la cooperación y convivencia. Es una excusa falaz el excusarse alegando que yo no lo hice sino que fue mi cerebro o mis genes: tú eres tu cerebro y tus genes (no eres un espíritu en una máquina, eres esa máquina). Si un criminal o delincuente no se cree responsable porque sus acciones son deterministas, no hay ningún problema: entonces el juez y el verdugo tampoco son responsables exactamente por el mismo motivo. Un problema más interesante es valorar si la intencionalidad o consciencia de una acción y sus resultados (o su ausencia) son exigibles para que exista responsabilidad ética o moral: yo creo que no he hecho algo porque no he sido consciente de ello, o porque no era eso lo que pretendía, o porque considero que mi yo sólo es la parte consciente de mi mente e ignoro todo lo inconsciente.

Referencias:

Joaquín Fuster, The Neuroscience of Freedom and Creativity (Cerebro y libertad).

Daniel Dennett, Freedom Evolves.

Michael Gazzaniga, Who’s in Charge? Free Will and the Science of the Brain.

Read Montague, Why Choose This Book? How We Make Decisions.

Sam Harris, Free Will.

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