Tonterías selectas

La vida tenía un precio (y si no puedes pagarlo, estás muerto), de Javier Gallego

“¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?”, Por Antonio Gil-Terrón Puchades

Impuestos contra la deflación, de César Molinas

… la deflación y la caída de los precios no tienen mucho que ver.

Una sociedad está en deflación cuando tiene una TDI cercana a cero o negativa. Eso equivale a decir que los acontecimientos del futuro tienen tanto o incluso más valor que los del presente.

En una sociedad deflacionaria se posponen las decisiones de consumo y también las de inversión. Hay una gran aversión al riesgo. Se ahorra en exceso y se consume poco. Se exportan capitales y los superávits por cuenta corriente se hacen crónicos. Los precios al consumo pueden caer por falta de demanda pero esa caída es síntoma, no causa de la deflación.

¿Puede existir una sociedad con una TDI negativa? Sí, sí puede.

En toda sociedad conviven personas con TDI positivas y negativas. Los jóvenes tienden a endeudarse para hacer frente a gastos, como la compra de vivienda, para los que su ahorro es insuficiente. Esto denota preferencia por el presente respecto al futuro y una TDI positiva. Los ancianos, aunque sea contraintuitivo, ahorran, y mucho. Una razón puede ser el deseo de dejar una herencia lo que, a su vez, puede estar motivado por el deseo de no perder el control de la riqueza y de mantener el poder. Otra razón es la incertidumbre sobre cuánto va a durar la propia vida en una sociedad en la que la longevidad sigue creciendo con mucha rapidez. Es razonable suponer que la TDI de los ancianos es negativa e, incluso, muy negativa.

La sociedad ha entrado en deflación. La caída en deflación de una sociedad es un proceso no lineal que va mucho más deprisa que el cambio demográfico que lo desencadena. En otras palabras, la deflación entra en una sociedad sin anunciarse, de manera subrepticia. La sociedad puede envejecer lentamente, pero puede caer en deflación con mucha rapidez. El proceso puede hacerse todavía más rápido si, como ocurre en muchos países, la riqueza está concentrada en la población más anciana.

… la caída de la TDI provoca un aumento de la aversión al riesgo en el conjunto de la sociedad: la preservación del capital se torna el principio rector de la asignación de recursos en detrimento de la inversión productiva, que es la que crea empresas y empleo.

… Para corregir esta situación parece mucho más eficaz el sistema tributario que la política monetaria. Una combinación de un impuesto de sucesiones muy severo —que, en cualquier caso, debería existir por razones de equidad— y un impuesto de donaciones intervivos mucho más suave podría incentivar una transferencia intergeneracional de riqueza hacia personas con una TDI más alta, con menor aversión al riesgo y con mayor capacidad de liderar una sociedad más dinámica. Se trataría de llevar la lucha contra la deflación al seno de cada familia, que es donde hay posibilidades de victoria.

Un 1% de la población tendrá más dinero que el 99% restante en 2016

El olvido del alma, de Ignacio Sánchez Cámara, catedrático de Filosofía del Derecho

Una sociedad que olvida o prescinde del alma es una sociedad desalmada. El centro de la vida de una sociedad es la educación. Una sociedad vale, en gran medida, lo que vale su hombre medio, es decir, su educación.

La educación, al menos desde Platón, consiste en el cuidado del alma. Aquí reside también el ser de Europa, según, entre otros, el filósofo polaco Jan Patôcka. Todo debate sobre la educación es estéril si se omite la referencia al alma y su cuidado.

Ningún problema técnico es relevante –desde la financiación a la calidad, desde la polémica entre la escuela pública o la privada…– si se omite la referencia al alma. Por cierto, en realidad toda educación es pública.

… No hay educación sin finalidad, sin teleología, sin la representación de un ideal hacia el que se debe encauzar el camino del alma.

… el alma es razón que desea y es también amor. La clave se encuentra en ese incesante deseo de amar y ser amado. Si se niega el alma, se niega la condición de la posibilidad de la educación.

La filosofía, según Platón, aspira al conocimiento de lo verdadero. Pero esto no es posible a través de los sentidos. Lo sensible es siempre opinable. Sólo el alma puede captar lo verdadero, pero para ello necesita abandonar la dirección y guía de los sentidos. La verdad es asunto del alma. Por eso la filosofía consiste en la purificación del cuerpo para alcanzar el pensamiento puro. Pero la separación del alma y el cuerpo es la muerte. En este sentido, la filosofía no puede ser sino tendencia hacia la muerte. La filosofía consiste para Platón también en una asimilación a lo divino, en proceso de perfeccionamiento que nos acerque a la Divinidad. Entonces, toda verdadera educación es religiosa.

Y todo pedagogo que niegue el alma o es un ignorante o un impostor.

… lo más importante en la educación es siempre algo intensamente inútil. Precisamente porque no es un medio para obtener nada, sino un fin en sí.

Las sociedades no pueden vivir sin minorías ejemplares que ejerzan la autoridad espiritual.

La preparación para la profesión es muy importante, pero más aún lo es la preparación para la vida. Y esta preparación consiste en el cuidado del alma. El olvido del alma es la destrucción de la educación. Una educación desalmada sólo puede conducir a una sociedad desalmada.

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