Pablo Herreros y los héroes animales

El sociólogo, primatólogo y antropólogo Pablo Herreros suele escribir artículos muy interesantes y acertados. Sin embargo en Héroes animales comete varios errores graves.

… con la excepción de algunas personas, los animales no hacemos distinción a la hora de echar una mano. La famosa “ley de la selva” es un sólo un mito. Tan sólo una pequeña parte de la historia. Lo que sucede en la naturaleza que nos rodea, de la cual formamos parte todos nosotros, poco o nada tiene que ver con esa imagen tan negativa que nos han transmitido. El cuidado mutuo, la ayuda o la cooperación han jugado un papel mucho más importante en la evolución de las especies que la violencia y la muerte.

En realidad los animales, y todos los seres vivos en general, son agentes económicos que discriminan mucho a la hora de ayudar: no cooperan con cualquiera (prefieren a parientes y amigos o miembros del grupo), y tienen en cuenta los posibles costes, riesgos y beneficios de sus conductas.

La “ley de la selva” no es que sea un mito sino que no está muy claro a qué se refiere esa expresión: si se trata de prohibiciones u obligaciones normativas propias de la selva (o su ausencia si “vale todo”), o si se habla de regularidades que se dan en ella.

La ayuda y cooperación son parte esencial de la vida, pero también lo son la competencia y la agresión. Herreros asegura que la cooperación es mucho más importante que la competencia, pero no ofrece ningún dato, ninguna referencia ni ningún método para medirlas y compararlas. Y no menciona que la cooperación a menudo se realiza para competir contra otros. En su artículo ofrece unos cuantos casos concretos de ayuda de animales a humanos o de animales entre sí (pretendiendo en una expresión muy desacertada que es una lista infinita), pero la ciencia no se hace con anécdotas sino con datos tan completos como sea posible. Además se pueden ofrecer también casos contrarios: Herreros no menciona cuántos humanos han sido víctimas de ataques de animales (por ejemplo incluso de perros domesticados), y cómo los animales se matan unos a otros para comer o conseguir otros recursos.

Termina el artículo con una frase que pretende ser muy bonita y grandilocuente pero que en realidad es muy tramposa:

… los animales nos recuerdan lo que es ser un verdadero humano.

¿Hay humanos falsos? ¿Quién decide qué es ser verdaderamente humano? ¿Sólo es propio de los humanos la cooperación y no la competencia, la asistencia y no la violencia? ¿Por qué debemos fijarnos en los animales sólo cuando cooperan y no cuando compiten? ¿A qué se debe ese sesgo en el énfasis, a que es más hermoso hablar de una cosa que de la otra? ¿No estará Herreros expresando sus valoraciones personales subjetivas tratando de pasarlas como hechos objetivos?

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