El Papa Francisco y la libertad de expresión

Según el Papa “si el doctor Gasbarri, que es un gran amigo, dice una grosería contra mi mamá, le espera un puñetazo. ¡Es normal!”. No aclara Francisco si es él quien daría el puñetazo, aunque es fácil suponer que sí. Así que el Papa tiene tan poco autocontrol que lo normal en él es dar puñetazos a quien diga una mala palabra de su madre, aunque sea un gran amigo (imaginen lo que hará a los enemigos): los demás quedan advertidos de lo que pueden esperar de alguien que parecía pacífico y bondadoso.

Algunas corrientes filosóficas o religiosas promueven la imperturbabilidad o ataraxia: este Papa quizás no las conoce, no las valora o simplemente no está de acuerdo. Tal vez ha olvidado lo que alguien muy importante para él dicen que dijo de ofrecer la otra mejilla y amar al enemigo. Quizás es que el catecismo cristiano católico defiende la pasividad frente la agresión violenta, pero la violencia física frente a los ataques verbales.

Cree el Papa que “matar en nombre de Dios es una aberración”. Entendiendo aberración como “grave error del entendimiento”, o como “acto o conducta depravados, perversos, o que se apartan de lo aceptado como lícito”, tal vez tenga razón, pero lo interesante es lo a menudo que fanáticos religiosos matan en nombre de Dios. Tal vez no sea un error sino un rasgo de diseño de las religiones.

Las religiones son creencias y prácticas que cohesionan grupos para la ayuda interna y el ataque o la defensa respecto al exterior: en la lucha se mata al enemigo por el bien del grupo y en nombre del grupo o de su representación simbólica que recae en la divinidad. Matar en nombre de Dios es visto como algo bueno o malo según las circunstancias: depende de si se convive en paz y se enfatiza el amor, o si se vive en guerra y deben activarse mecanismos de agresión.

Todas las religiones incluyen absurdos y engaños pero suelen pelearse, interna y externamente, sobre qué absurdos y engaños son los correctos, los verdaderos, la auténtica esencia de la religión: qué es lícito y qué no es lícito, qué está prohibido y qué es obligatorio, cuáles son las reglas de conducta y las creencias compartidas.

Asegura el Papa que “no se puede provocar… no se puede insultar la fe de los demás. No puede uno burlarse de la fe. No se puede”. Según Francisco, la libertad de expresión “tiene un límite”. Así que el Papa decide cuál es la ley, qué puede y qué no puede hacerse, qué puede y no puede decirse. Y como no especifica que estas limitaciones se apliquen solamente a los creyentes de su religión, se supone que tienen carácter universal. La justificación de la norma es inexistente o floja, y falta estudiar qué castigo aplicar a quienes la incumplan.

Un grave problema de esta propuesta o imposición normativa es el flagrante conflicto de interés: el Papa no es de ningún modo imparcial u objetivo, es un profesional de la fe y el representante de un grupo de interés constituido por los seguidores que comparten sus creencias. Aquí está ejerciendo como defensor de sus intereses, preferencias y sensibilidades. A él, como a muchos creyentes, no le gusta que haya burlas contra la fe religiosa: así que hay que prohibirlas; si la fe merece burlas, se siente; si otros ven recortada su libertad de expresión, es su problema.

Como experto en absurdos, el Papa no tiene problema en decir también que “cada persona no solo tiene la libertad, sino la obligación de decir lo que piensa para apoyar el bien común (…) Pero sin ofender, porque es cierto que no se puede reaccionar con violencia”. ¿En qué quedamos? ¿Se puede o no se puede reaccionar con violencia ante las ofensas? Si no se puede ofender, ¿cuál es la respuesta legal o legítima contra los ofensores?

Sobre la obligación de todos de decir lo que piensan para apoyar el bien común: ¿y si lo que piensan está equivocado y sólo creen erróneamente que apoya el bien común?; ¿y si lo que piensan resulta ofensivo para algunos?; si todos tienen la obligación de decir lo que piensan, ¿están todos los demás obligados a escucharlos?; ¿cómo se gestiona un sistema en el que todo el mundo está simultáneamente hablando e intentando escuchar a todos los demás?; si lo hacemos por turnos, ¿cuántos recursos escasos deben consumirse para satisfacer esta obligación?

Para el Papa “cada religión tiene dignidad”: o sea, cualidad de digno, excelencia, realce, honorabilidad, autoridad, merecedor de respeto. Desde su posición parcial y engañada quizás no es capaz de ver que eso podría no ser tan cierto como cree.

Una respuesta a El Papa Francisco y la libertad de expresión

  1. Espectador dice:

    Increible.

    No es su primera incontinencia verbal, pero es especialmente grave porque contradice los principios básicos de la Iglesia que preside en la Tierra.

    E incluso desde el punto de vista de la Sociedad Civil es un despropósito. “Comprender”, no me atrevo a decir justificar, aunque se parece bastante, que a un insulto verbal se responda con la violencia física es la barbarie pura y dura, y ninguna Sociedad civilizada puede permitirlo. A partir de ahora cualquiera que sea llevado a un juicio de faltas por participar en una pelea puede aducir la doctrina de la Iglesia para justificarse.

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