Malas respuestas de un presunto economista austriaco

Fernando Herrera cree que mis preguntas no son relevantes para economistas austriacos, y que en realidad no tienen nada que ver con la economía: él se considera economista austriaco, y quizás esto refleja por qué tan poca gente hace caso a los economistas austriacos; o al menos a los que son como él.

Toda pregunta se puede hacer a quienquiera: pero por su especialización algunas preguntas, y sus respuestas, tienen más sentido para ciertos profesionales que para otros. Cuando un individuo no contesta a una pregunta, puede ser que no la haya recibido, que no le interese responder, o que no conozca la respuesta. Si no conoce la respuesta y lo reconoce, al menos sabe que no sabe, y las preguntas pueden serle muy útiles, sobre todo si creía que sabía. Tal vez no esté seguro de si conoce o no la respuesta e intente averiguarlo aventurando alguna contestación. Si no conoce la respuesta pero no quiere reconocerlo puede pretender que no contesta porque no le parece interesante o porque no ha recibido la pregunta. No haber recibido la pregunta puede reflejar estar mal comunicado. Reconocer que no le interesa informa acerca de sus preferencias. Asegurar que una pregunta es irrelevante para una determinada clase de personas implica conocer lo esencial de esa clase: tal vez el desconocimiento de la persona no se limita a las respuestas a las preguntas, y no sabe distinguir un astrofísico, un ingeniero de minas, un músico profesional y un economista.

Cree Fernando que lo primero que yo debería entender es “hasta dónde llega el ámbito de la teoría económica. Los teóricos economistas nos conformamos con entender y explicar los fenómenos económicos: valor, precio, salario, tipo de interés… No es nuestra ambición explicar las conductas de los seres humanos, ni lo que les mueve a hacer una cosa u otra.”

Tal vez no está tan claro hasta dónde llega ese ámbito, y lo que para unos es teoría económica no lo es para otros: las palabras son etiquetas a las cuales los hablantes otorgan significados que quizás no están completamente claros ni son totalmente compartidos.

Aunque uno sea un téorico economista (que no sé si es lo mismo que un economista teórico) tal vez no debería hablar en primera persona del plural en nombre de todos. Ni tampoco mezclar libremente la teoría económica con la economía austriaca como si fueran lo mismo.

Si uno acaba una lista de fenómenos económicos con puntos suspensivos, no queda claro cuántos faltan, si se trata de unos ejemplos ilustrativos o si la lista pretende ser más exhaustiva. No aparecen términos como acción, elección (decisión, selección), coste, riesgo, incertidumbre, y muchos otros.

Dados esos fenómenos económicos: ¿con qué se entienden y explican?; porque entender y explicar implica relacionar con otras cosas, integrar en un modelo teórico previo.

Tal vez lo que quiere decir Fernando es que el economista teórico (al menos según lo entiende él) no quiere explicar las conductas concretas, específicas, de los seres humanos, por qué en unas circunstancias hacen una cosa y en otras circunstancias algo distinto, o por qué unos hacen una cosa y otros hacen otra en las mismas circunstancias. Eso lo dejan para los ámbitos que ellos llaman historia o psicología. Tal vez por eso la economía teórica dice tantas generalidades, concreta tan poco y se acaba tan rápido.

Ludwig von Mises, claro representante de la escuela austriaca, escribió “La acción humana”, que es una obra que en realidad trata sobre la acción intencional. Pero según Fernando “que la acción sea intencional es irrelevante para el economista”, luego Mises no era economista. Por si no estuviera claro, insiste: “El preguntante asume que los economistas austriacos asumen que la acción humana es intencional, cuando tal asunción no es necesaria; así que es su asunción la errónea.” Si la asunción de intencionalidad no es necesaria hay muchas páginas de “La acción humana” que sobran o al menos cuesta explicar para qué están ahí. Y no es sólo Mises: muchos economistas austriacos, según mi experiencia personal, comienzan a hablar de muchos temas describiendo cómo el ser humano actúa para perseguir objetivos valiosos, es decir intencionalmente.

Según Fernando me corresponde corresponde “explicar de qué forma quedaría alterada la teoría económica si la acción fuera no intencional en vez de intencional”. Es algo que voy haciendo progresivamente en diversos artículos y seminarios, pero que espero no tener que hacer yo solo de forma indefinida. Él no parece muy interesado en la tarea.

Sigue Fernando: “hasta donde alcanzo, la evidencia empírica es abrumadora al respecto de la ausencia de fenómenos económicos visibles en el ámbito animal”. Esto es informativo, pero no de los animales y la economía, sino de su corto alcance en este ámbito. No sólo los animales sino absolutamente todos los seres vivos son agentes económicos: consumen recursos escasos, asumen riesgos, eligen, cooperan y compiten, a menudo intercambian, etc.

Acierta Fernando al asegurar las ciencias sociales “no tratan solo de lo que la gente cree o piensa, sino principalmente de hechos objetivos”. Pero algunos austriacos o no lo ven así, o se expresan mal y parece que sólo se interesan por los fenómenos subjetivos en la mente de los agentes.

Sobre las constancias y la economía, según Fernando “como es sabido, la razón por la que no se puede aplicar el método científico en las ciencias sociales, en particular en la teoría económica, es que no se puede asumir la constancia en el tiempo de las relaciones entre las variables independientes y las explicativas”.

Bastantes economistas parece que no “saben” esto, y tal vez por eso asumen en sus modelos ciertas constancias e intentan probar dichos modelos. Fernando no contesta por qué no se puede asumir esa constancia de las relaciones entre variables: ¿se conocen esas relaciones y se sabe que no son constantes? Y aunque esas relaciones no fueran constantes, ¿cómo de importantes son los cambios? ¿Y si resulta que la constancia es una buena primera aproximación? El economista, contra lo que asegura Fernando, sí se plantea si asumir constancias o no. Y no descarta el método científico sino que trabaja con él y con sus limitaciones.

El hecho de que las preferencias del individuo varíen (más correcto, que puedan cambiar) no significa que no pueda haber ciertas relaciones estables entre fenómenos. Esas relaciones podrían tener en cuenta esas preferencias, pero el economista austriaco parece renunciar a conocer dichas preferencias. O las variaciones de un individuo podrían compensarse con las variaciones contrarias de otros individuos y así los cambios se cancelarían estadísticamente.

Según Fernando confundo ciencias sociales con ciencias humanas, pero él no explica la diferencia. Según él la medicina es científica (“es una disciplina sujeta al método científico”) pero la economía… ¿no? Sobre el cuerpo humano asegura que “es esencialmente inanimado y cuyo funcionamiento responde a leyes físicas, químicas y biológicas, no económicas”. Así que el cuerpo humano es esencialmente inanimado, y sin embargo funciona. Tal vez no imagina que las leyes económicas son un subconjunto o consecuencia de las leyes biológicas, las cuales a su vez son resultado de las leyes físicas y químicas. Tal vez ignora los muchos agentes que constituyen el cuerpo humano que obedecen leyes económicas. La biología no es lo suyo.

Fernando asegura que la teoría económica sólo predice si nada más cambia, es decir nunca. Entonces sería necesario explicar qué utilidad tiene la teoría económica: porque el conocimiento suele existir por su utilidad para conocer el mundo y decidir qué hacer, para lo cual suele ser necesario predecir algo.

Sigue: “La crítica de la intensidad y la irrelevancia se puede extender a cualquier disciplina científica imaginable”. La física y la química tienen nociones de intensidad extremadamente precisas y cuantificadas. Otras ciencias hacen lo que pueden para medir y cuantificar y no decir solamente más que o menos que, crecer o decrecer. Respecto a la relevancia, Fernando cree que se trata de algo meramente subjetivo, de lo que interese al individuo. Pero la ciencia es objetiva e investiga qué factores son importantes, relevantes, y cuáles se pueden descartar, sin importar las preferencias o intereses del científico: la masa resulta ser importante para la gravitación; el color del objeto es irrelevante; las preferencias del observador y el teórico, también.

Fernando anda tan confundido que asegura que para el científico económico son interesantes “la viabilidad y legalidad de la banca de reserva fraccionaria”: la viabilidad, tal vez, pero ¿la legalidad?; ¿es que los juristas o los filósofos morales no tienen derecho a que se respete su ámbito de especialización?

Fernando: “No creo que a Newton le preocupará [sic] mucho el número de manzanas que iban a caer en el mundo cuando decidió investigar la razón por la que caía [sic] al suelo”. Pero a Newton sí le interesaba mucho la dependencia funcional de la fuerza con masas y distancia, y no decía solamente cuándo sería mayor o menor: incluso incluyó una constante de acoplamiento que puede medirse.

Insiste en que “el papel del teórico económico no consiste en preguntarse si sus teorías son relevantes o no, o con qué intensidad aplican en un momento dado. Lo único que pretende es, una vez más, explicar un fenómeno económico observado”. El problema es que los fenómenos observados se observan con datos históricos concretos, y un modelo teórico sin noción de intensidad y sin ninguna cuantificación puede parecer que se ajusta a los datos cuando en realidad lo que pasa es que se interpreta con excesiva libertad.

Mis preguntas no han sacado a Fernando Herrera de su zona de confort: seguramente se trata de sesgo de confirmación. Sin embargo según él es que no eran preguntas incisivas o la mayoría ya estaban resueltas: hay unos dogmas en el credo del culto a la ortodoxia austriaca de los cuales no hay que salirse bajo pena de excomunión.

2 respuestas a Malas respuestas de un presunto economista austriaco

  1. Eduard dice:

    Se echa en falta una crítica epistemológica de la teoría económica austríaca. ¿Para cuándo un libro?

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