Capital: producción y finanzas

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El término “capital” se refiere a varias realidades económicas relacionadas pero no equivalentes, que enfatizan diferentes aspectos productivos (técnicos) o financieros (contables). Es un error grave estudiar el capital (y el interés como su coste o recompensa) desde un punto de vista exclusivamente técnico o ingenieril (cómo incrementa marginalmente la cantidad o calidad de bienes producidos o la eficiencia de su creación), sin tener en cuenta sus aspectos temporales y de riesgo: en qué momento y con qué riesgo o incertidumbre se reciben ingresos (se consiguen bienes) y se realizan gastos (se aportan recursos). La correcta maximización de la utilidad de los agentes económicos no suma sin más todas las utilidades esperadas (según su probabilidad) en distintos instantes de tiempo, sino que las corrige o descuenta según las preferencias temporales, aversiones al riesgo y preferencias por la liquidez de los diversos individuos.

Según la economía clásica hay tres factores de producción o recursos que contribuyen a la generación de bienes y servicios: trabajo, tierra y capital. El trabajo es la capacidad de acción del ser humano, su fuerza física dirigida de forma inteligente. La tierra incluye las materias primas o recursos naturales, orgánicos o inorgánicos. El capital está constituido por los medios o factores de producción previamente producidos (herramientas, máquinas, equipamiento, fábricas, mobiliario, edificios): son bienes de capital o capital físico, tangible, técnico.

A través de un proceso productivo que puede tener una estructura compleja con diversas etapas, la acción humana va transformando, con la ayuda de los bienes de capital, los recursos naturales en bienes intermedios y finalmente en bienes de consumo o más bienes de capital (el capital se reproduce, se utilizan bienes de capital para producir otros bienes de capital). Los bienes de capital son persistentes, duraderos (no se consumen o alteran salvo por el desgaste natural de su uso), y participan en las transformaciones y circulación de los recursos naturales y bienes intermedios.

Desde el punto de vista financiero o contable el capital es el valor monetario de los bienes a disposición de una empresa o el dinero invertido en un proyecto productivo cuyo propósito es obtener beneficios monetarios.

En el balance contable de un agente económico el pasivo indica cómo se han obtenido los recursos, si por participación conjunta de los dueños de la empresa (acciones, pasivo no exigible, patrimonio o fondos propios, que paga dividendos) o mediante préstamos (deuda, pasivo exigible, que paga interés). El capital puede referirse también a los fondos propios como capital neto: lo que se tiene (activo) menos lo que se debe (pasivo); la existencia de este capital indica que la empresa es solvente y actúa como amortiguador frente a posibles pérdidas.

El activo refleja los recursos disponibles capaces de generar ingresos y su valoración. Los bienes pueden ser tangibles o intangibles (propiedad intelectual, marca, reputación, organización); el activo incluye las máquinas y herramientas (capital fijo o inmovilizado, más especializado y difícil de transformar en otra cosa), las existencias o inventarios de bienes en distintas fases de transformación (bienes naturales, semielaborados o ya listos para la venta, que constituyen el capital circulante), los activos financieros (derechos de cobro, acciones en otras empresas) y los saldos de tesorería.

La valoración del pasivo exigible es fija en el sentido de que se trata de deudas de un monto predeterminado (con un posible factor probabilístico para la deuda contingente). Un problema contable es que normalmente no se considera su valor presente descontado según tipo de interés (el coste de amortizar la deuda ya), sino sólo su valor nominal a vencimiento: los cambios en los tipos de interés no se ven reflejados en la estimación del pasivo.

El valor de los activos es el valor presente de las rentas futuras que se espera que generen: puede variar según cómo cambien las expectativas y el tipo de interés al que se descuenten el futuro y el riesgo: se refleja a precio histórico de compra (por prudencia), o se estima según modelos o situación del mercado. Algunos activos se amortizan regularmente: su valor se descuenta de forma progresiva, van perdiendo valor, bien por desgaste físico natural, por obsolescencia (competencia de otros bienes sustitutivos más eficientes) o por cambio en las condiciones del mercado (lo que producen deja de valorarse). El mantenimiento del valor del activo exige reinversiones regulares para mantener su capacidad de generar valor.

Todos los negocios requieren capital financiero, propio o prestado, pero pueden tener poco capital físico productivo en el sentido de máquinas y herramientas: un agricultor con una azada, semillas y tierra; un pescador con una caña o red; un comerciante sin tienda, con bienes a la venta colocados en simples recipientes o estantes; un cambista con existencias de diferentes divisas.

Una buena herramienta tiene una productividad marginal física si incrementa la eficiencia de la producción para un esfuerzo laboral dado, como una red que permite pescar más peces. Pero esto no implica que su rendimiento financiero sea necesariamente positivo: puede no resultar económicamente beneficiosa si los costes actuales de producirla, comprarla o alquilarla son mayores que el valor presente de los ingresos marginales que se consiguen con ella.

El capital implica la existencia de ahorro e inversión, de ahorradores e inversores (que pueden ser el mismo agente económico desempeñando las dos funciones como en el caso de un accionista): el ahorrador dispone de recursos que no consume y se los cede al inversor que tiene una idea empresarial. El capital tiene coste porque el ahorrador requiere una recompensa por su preferencia temporal y su aversión al riesgo. El inversor asume ese coste si espera conseguir ingresos suficientes como para cubrir todos sus costes operativos y financieros y que quede un remanente de beneficios para él.

Los modelos macroeconómicos en los que simplemente aparece una cantidad de capital (K) son muy problemáticos: no está claro qué significa ese parámetro y cómo se calcula su magnitud, y la agregación puede ocultar realidades económicas muy relevantes. El valor monetario de los activos de un agente económico es una cantidad de dinero homogénea y simple (aunque su estimación no es ni simple ni segura). Sin embargo los bienes de capital son heterogéneos: no se trata de una masa uniforme cuya cantidad puede medirse y sumarse con facilidad. Algunos bienes de capital son de uso muy específico y otros son más genéricos, tienen usos alternativos; algunos pueden modificar su utilidad con facilidad, en otros es algo muy difícil. Algunos bienes de capital son complementarios entre sí, pueden emplearse de forma conjunta y aprovechar sus sinergias; otros bienes son sustitutivos unos de otros.

El valor de una empresa depende de la organización de sus recursos disponibles. Igual que una máquina hace una cosa u otra y funciona mejor o peor según cómo están dispuestos sus componentes, el valor de los bienes de capital depende de cómo estén integrados en proyectos productivos. Aunque cada bien de capital tiene un precio en el mercado, el valor que puede generar depende de su aplicación en una estructura empresarial, de sus relaciones con otros factores de producción cooperativos: en una economía compleja los bienes de capital no existen y funcionan de forma aislada sino que son interdependientes entre sí y con otros recursos productivos, adquieren valor por cómo están integrados en una estructura productiva que genera bienes y servicios cuya venta proporciona beneficios.

El retorno monetario que el capital ha dado en el pasado no es lo mismo que los cambios en su valor actual (revalorización o devaluación) según los retornos futuros esperados. El capital de una inversión ha producido rendimientos o beneficios si se considera el pasado, pero es valorado hoy mirando al futuro, considerando sus expectativas de generación de valor. Las condiciones económicas cambian: una máquina o una empresa pueden haber proporcionado grandes rendimientos hasta ayer y sin embargo no valer nada hoy.

El capital puede crecer porque una empresa aumente su valoración con unos fondos dados, o porque los fondos invertidos se incrementen con más ahorro, por ampliaciones de capital o por reinversión de beneficios. Los beneficios que genera el capital son rentas para sus dueños que pueden consumirse, atesorarse como dinero o invertirse en el mismo proyecto o en otras empresas. El capital puede consumirse o devaluarse si no se mantiene adecuadamente su capacidad de generar valor.

El capital no crece o se reproduce solo de forma autónoma, automática e inexorable sin necesidad de que nadie haga nada: para continuar generando beneficios la estructura productiva necesita regenerarse y adaptarse constantemente a los posibles cambios en las capacidades y preferencias de los agentes económicos; los capitalistas deben mantenerlo y reasignarlo permanentemente con perspicacia y especulación empresarial.

Los activos financieros tienen un rasgo peculiar frente a los bienes físicos de consumo: la valoración por una persona de un bien de consumo puede depender de las opiniones, influencias o recomendaciones ajenas, pero el individuo puede comprobar por sí mismo la calidad y funcionamiento de un producto o servicio al consumirlo o usarlo (con la salvedad de los riesgos ocultos que pueden manifestarse en el futuro); las valoraciones de los activos financieros, que frecuentemente se compran y venden en mercados secundarios, dependen fuertemente de opiniones sociales que pueden variar bruscamente (rumores, manías, pánicos), y los dueños a menudo tienen poco conocimiento acerca de su calidad real. Algunos capitalistas no saben bien qué hacen al invertir, o dependen de otros que no saben invertir bien: los inversores pueden verse afectados por los errores ajenos, pero también pueden aprovecharse de ellos (inversión en valor).

El capital entendido como bienes de capital y capital financiero (acciones, deuda) puede comprarse y venderse (incluidos intangibles como marcas o patentes). Existen otras formas de capital o realidades con relevancia económica que reciben nombres de capital pero que no pueden intercambiarse: el capital humano de un individuo (su inteligencia, conocimientos, capacidades, educación, virtudes, reputación, capital relacional o social), el capital social de un grupo (confianza, valores compartidos, instituciones funcionales), el capital de organización y gestión de una empresa.

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