Tonterías selectas

Dignidad en marcha contra la ignominia, de Carlos Martínez García y Juan Torres López, de ATTAC

Las necesarias marchas de la dignidad, de Vicenç Navarro

Si lo dice la NASA…, de José M. de la Viña

Los productores desmontan las mentiras que se lanzan contra el cine español

Dicen que vivimos de las subvenciones. Y resulta que en 2012 el Estado ha concedido ayudas al cine por 41 millones de euros, y la industria del cine ha pagado simplemente en IVA 102 millones. Es decir, por cada euro que ha dado el Estado, la industria le ha dado dos.

¿Crisis económica o política?, de Juan Manuel Jiménez, sociólogo, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública

Madrid ha ganado. Esta vez han pasado, pero de largo, las políticas neoliberales que pretendían privatizar la sanidad madrileña. Esto es tremendamente importante y debería ser motivo de júbilo para todos los defensores de una sanidad pública y universal. Debería, además, servir de ejemplo para tratar de parar otras reformas en marcha en la misma línea privatizadora que arteramente pretenden legitimarse basándose en el doble argumento de que la única salida de la crisis son las políticas de austeridad y que la mejor manera de asegurar ésta es mediante la privatización de gran parte de los servicios públicos.

Muchos e influyentes economistas a nivel mundial, entre ellos el premio Nobel Joseph Stiglitz, llevan años insistiendo en que las políticas de austeridad no solo no son un buen remedio sino que son la peor de las soluciones. Y, en cuanto a la tesis de que la privatización es el mejor garante de la eficiencia, sobran evidencias de que lo que ocurriría en tal escenario sería justamente lo contrario.

… mediante el lenguaje se está tratando de provocar la transmutación de la polis en un soez mercado especulativo.

Pero la naturaleza política de las reformas emprendidas se deja ver con mayor claridad en el tránsito que proponen del concepto de “ciudadano” al concepto de “asegurado”. Un cambio que supone la creación de un nuevo sujeto, que ya no es tanto un homo politicus sino un homo economicus. La salud, la educación o la justicia pierden su naturaleza de derechos políticos para pasar a ser productos consumibles en función de la renta. Con el agravante de que la economía del sujeto ya no dependería de su propia laboriosidad o sus habilidades para el ahorro, depende de decisiones que se toman en brumosos mercados financieros altamente volátiles. En estas condiciones se entiende lo incomprensible: que un partido político democrático tuviese miedo a unas poblaciones “educadas para la ciudadanía”. Era lógico. ¿Para qué iban a formar ciudadanos si lo que pretenden es “recortarlos” mediante su reconversión en asegurados y beneficiarios?

Por otra parte, el cambio del “asegurador”, que dejaría de ser el Estado para pasar a manos de aseguradoras privadas, implica también un desplazamiento de las responsabilidades políticas desde el Estado hacia el mercado y sus leyes. Con ello, el objetivo que perseguía el Estado del bienestar de alcanzar el máximo nivel de salud y felicidad de las poblaciones daría paso a una nueva meta: alcanzar el máximo nivel de beneficios empresariales. Lo cual deja ver claramente la enorme pérdida de calidad de la democracia formal. Asistimos a la sustitución de la política democrática en sentido pleno por las decisiones interesadas de unas élites político-económicas que solo conducen a una intensificación brutal de las desigualdades sociales. Están generando una profunda brecha de infelicidad en la vida de millones de seres humanos; un sacrifico de la colectividad para abastecer el ansia de acumulación de riqueza de una insensible minoría.

Y es la suma de todo ello lo que está dando lugar a ese nuevo sujeto: hipoconsumidor, sin trabajo, sin educación, sin salud, sin justicia y sin representación política. Es la evaporación completa de la ciudadanía; un autentico retroceso civilizatorio.

Sin ciudadanos. Casi sin Estado. Solo quedarían –como pronosticaba Tocqueville- individuos encerrados en la soledad de su propio corazón. ¿Estamos meramente ante una crisis económica o hemos llegado a la política del fin de la política?

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