La verdad o la vida

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La gente suele decir que quiere saber la verdad y que es sincera cuando habla. Pero lo que a menudo en realidad quiere es pensar, oír o leer cosas que le gusten, que le consuelen, que se correspondan con sus preferencias, que le resulten útiles, que le vengan y le hagan sentir bien, que apoyen sus causas, que confirmen sus prejuicios y sesgos, independientemente de que sean verdaderas o no. Y las limitaciones intelectuales y emocionales no son la única fuente de error y falsedad: el engaño, la mentira y la hipocresía son rasgos muy humanos.

Los seres vivos son agentes cibernéticos que actúan conforme a sus representaciones o modelos del mundo y a la información concreta acerca del entorno que perciben a través de sus sentidos. Las capacidades cognitivas son siempre limitadas e imperfectas: el error es posible.

La competencia evolutiva, mediante generación de alternativas y selección de las más aptas, produce modelos progresivamente más completos, correctos y realistas, y sensores con mayor capacidad y resolución: los organismos conocen gradualmente mejor la realidad y actúan de forma más competente.

Sin embargo, que la capacidad de obtención y procesamiento de información crezca no garantiza que la cantidad de errores necesariamente desaparezca o se reduzca, ya que el entorno tiende a hacerse gradualmente más complejo y difícil de conocer por la propia sofisticación evolutiva de los seres vivos: los organismos son cada vez más aptos pero las tareas que deben realizar son también más difíciles. Además muchos seres vivos no desean ser detectados o comprendidos e intentan activamente confundir a otros para que no puedan predecir o controlar su conducta.

Los animales sociales interactúan mediante procesos de comunicación, con transmisión y recepción de señales o mensajes. Los seres humanos pueden expresar algunas partes de su conocimiento acerca de la realidad de forma simbólica mediante el lenguaje natural, con palabras y frases. Una proposición es verdadera si se corresponde con la realidad, si la representa fielmente, y falsa en caso contrario.

No todas las proposiciones tienen valor de verdad (ya que no todas son descripciones de la realidad), y el valor de verdad no es la única característica relevante de una frase: también importa su precisión (o vaguedad, ambigüedad), su concreción (o generalidad), lo completa que es y la cantidad de información que contiene.

A un individuo le interesa conocer información verdadera relevante para actuar de forma exitosa, teniendo en cuenta sus costes de obtención y procesamiento. La coordinación de múltiples agentes requiere producir, transmitir, recibir y procesar grandes cantidades de información. Las limitaciones cognitivas de los seres humanos hacen que la dirección centralizada de la actividad económica sea muy difícil, especialmente en sociedades extensas, dinámicas y complejas: el socialismo es imposible.

Pero las imperfecciones y límites de la observación, la razón y la comunicación no son los únicos problemas para la producción y difusión de información veraz. No sólo es que no se pueda: también es que no siempre se quiere.

La verdad es a menudo inconveniente: a la presa le perjudica que el depredador la detecte con facilidad, y si puede se esconde o camufla (mimetismo), no indica abiertamente su localización; el depredador tampoco quiere ser descubierto y se acerca en silencio, oculto y en contra del viento; los combatientes intentan confundir y sorprender a sus enemigos; las empresas mantienen secreta su estrategia; los criminales de todo tipo no quieren que se conozcan sus hechos delictivos; el individuo que se avergüenza de algo no desea que se muestre en público; el empleado o colectivo que se escaquea, cumple mal con su deber o incluso sabotea las operaciones, no quiere ser descubierto; los engaños, infidelidades o traiciones se realizan a escondidas.

Los individuos pueden no sólo callar u ocultar la verdad sino también distraer la atención o difundir activamente falsedades útiles para ellos: difamar a los enemigos, hacerse las víctimas, esparcir rumores que destruyan reputaciones ajenas. La capacidad de mentir y engañar sin que se note es una aptitud útil para la supervivencia y el progreso. También lo es la capacidad de detectar mentiras y engaños. Hay espías (y contraespionaje) porque unos desean saber lo que otros no quieren que se sepa.

Como hacer trampas puede resultar beneficioso, los seres humanos son a menudo instintivamente hipócritas: insisten en que los demás cumplan las normas mientras ellos mismos intentan saltárselas cuando pueden y se indignan al ser descubiertos y denunciados.

Una forma de conseguir no ser detectado en un engaño a otros es engañarse a uno mismo creyendo falsedades útiles, especialmente en el ámbito de la moralidad y la cooperación: cada uno es bueno y leal, y dudar de ello es un atentado inaceptable contra su honor; los enemigos son malos y traicioneros, no tienen honor ni dignidad. Para que funcione bien, el autoengaño debe ser inconsciente, automático y no reconocido, de modo que todos niegan engañarse a sí mismos.

La verdad no lo tiene difícil solamente por las relaciones de competencia o enemistad. Los grupos de cooperadores, amigos, familiares, seres queridos, suelen compartir engaños, absurdos y falsedades: no se dicen verdades ofensivas, conflictivas, incómodas; se halagan de forma exagerada; y callan o no denuncian los errores o trampas propios que pueden dañarlos, desprestigiarlos y dejarlos en evidencia; puede haber cadáveres en los armarios y basura bajo las alfombras. Ciertos temas y sus verdades asociadas son de mala educación, falta de cortesía y tacto: eso no se dice, eso no se toca. La inteligencia emocional choca contra la inteligencia analítica: vamos a llevarnos bien, haya paz social, no seamos impertinentes o demasiado listos para nuestro propio bien.

La creencia ferviente en algún absurdo distintivo (supersticiones y dogmas religiosos, ideologías políticas) puede servir como cohesionador, señal de pertenencia, coste de entrada y permanencia y prueba de compromiso y lealtad del grupo. Los colectivos organizados son muy poderosos, y para integrarse en ellos y congraciarse con sus miembros y líderes uno debe adaptar lo que cree y dice, apegándose emocionalmente a ciertas presuntas verdades absolutas (credo de la comunidad de creyentes, doctrina oficial del partido), rechazando radicalmente otras y autocensurando pensamientos peligrosos: eso es tabú, la fe es una gracia, hay que luchar contra la duda y no caer en la tentación de dejar de creer. El librepensador, hereje, heterodoxo, disidente o blasfemo es repudiado, expulsado o eliminado. Mediante la censura y las listas de obras denunciadas o prohibidas el grupo puede impedir que sus miembros lleguen a conclusiones inconvenientes.

Aunque para el conocimiento de la realidad conviene ser escéptico, crítico y consciente de la ubicuidad del engaño y la mentira, algunos individuos llevan su torpe suspicacia demasiado lejos y simplemente sustituyen unas falsedades por otras: es el mundo de la credulidad selectiva (mi versión es la verdad verdadera, no como los disparates de otros) y las conspiranoias (son sólo unos pocos poderosos quienes estafan desde clubes secretos a todos los demás incautos, la verdad está ahí fuera). Por otro lado están todas las pseudociencias, populares falacias que aparentan rigor intelectual: parapsicología, diseño inteligente, ufología, curanderos, etc.

Queda la ciencia como baluarte de la verdad: el ideal científico consiste en conocer objetivamente la realidad generando nuevas teorías e intentando destruirlas para filtrar los errores. Pero los científicos son por lo general seres humanos parciales y preocupados por su propio estatus intelectual y social: aspiran a ser líderes admirados, les cuesta y duele reconocer que se han equivocado, quieren que les den la razón y sufren sesgos de confirmación y autoengaño; a menudo no tienen ideas sino que las ideas son memes atrincherados que los tienen a ellos.

2 respuestas a La verdad o la vida

  1. Magdalena Vela dice:

    Hola,

    Habría que plantearse un pequeño estudio del lenguaje sobre por qué la verdad o realidad puede ser “cruda, fría o dolorosa” y la mentira “piadosa”. Entiendo que has planteado que por empatía la vida te hace alienarte con la mayoría para que no te marginen del grupo “no se dicen verdades ofensivas, conflictivas, incómodas”. ¿Tener el punto de vista que tiene la mayoría, es la verdad? “La verdad es a menudo inconveniente…” incluso sospechosa. Parece recordar a la obra de teatro de Alarcón donde todo el mundo miente, “La Verdad Sospechosa”. Precisamente, entre tanto enredo y mentira lo que da grima es la verdad. También como decía Wody Allen “La gente suele decir la verdad de broma para que no se tome en serio” o como dice el refrán tan extendido: “Entre broma y broma la verdad se asoma”, realmente la verdad no está bien vista si no es una “verdad compartida por la mayoría”. “La creencia ferviente en algún absurdo distintivo (supersticiones y dogmas religiosos, ideologías políticas) puede servir como cohesionador, señal de pertenencia, coste de entrada y permanencia y prueba de compromiso y lealtad del grupo”.

    Entiendo que un animal o cazador tienda a esconderse para sorprender, los ejércitos en las guerras no desvelen su estrategia y utilicen recursos para burlar o engañar al enemigo. Así como sea natural el que una empresa no desvele sus fórmulas, su estrategia de ventas, etc. Y esto sea justificable e incluso ético. A mí me lo parece.

    Lo que no veo claro es en el párrafo “Los individuos pueden no sólo callar u ocultar la verdad sino también distraer la atención o difundir activamente falsedades útiles para ellos: difamar a los enemigos, hacerse las víctimas, esparcir rumores que destruyan reputaciones ajenas. La capacidad de mentir y engañar sin que se note es una aptitud útil para la supervivencia y el progreso.” No entiendo por qué en este caso esa capacidad puede ser útil para la supervivencia y progreso excepto, como señalas arriba, para ellos mismos y desde mi punto de vista poco ético.

    “También lo es la capacidad de detectar mentiras y engaños. Hay espías (y contraespionaje) porque unos desean saber lo que otros no quieren que se sepa.” En este caso parece ser que verdad es igual a información. O verificación de verdades o mentiras: se intenta buscar más fuentes, vigilar para saber si alguien miente o da una información correcta. También es inteligente contrastar esa “verdad” y sería inocente o ingenuo tener la absoluta confianza de lo que nos dicen, nos venden, etc. Una cosa bueno y otra tonto o, hasta qué punto es “malo, o éticamente incorrecto” para un país, ejercito, persona ocultar las debilidades o defectos. Lo hacemos constantemente…

    “Una forma de conseguir no ser detectado en un engaño a otros es engañarse a uno mismo creyendo falsedades útiles, especialmente en el ámbito de la moralidad y la cooperación…” También entiendo que una forma de auto-justificación del empleo de la mentira es el autoengaño que permite a la conciencia negar lo “lo mala persona o canalla” que se puede sentir cuando no se actúa de acuerdo a lo que el propio individuo entiende por verdad; pero los manuales de psicología barata están llenos de consejos sobre este tipo… No importa la verdad lo que importa es la imagen que proyectes hacia los demás, es decir, el éxito de tu puesta en escena, no depende de esta verdad sino de lo bien que interpretes tu papel, supongo que aquí te refieres sobre todo a los políticos, no?

    En fin, me ha gustado tu artículo, fácil y asequible; aunque da para pensar mucho… Se podría llevar a una clase de primaria o de la todavía existente ética en Secundaria. Casi cada párrafo permite una discusión y los niños llegarían a conclusiones como las que has llegado tú, seguramente. Por supuesto, sin querer menospreciarte al comparar tu razonamiento con el de ellos, claro. También serviría para madurar, porque los niños crecen aprendiendo a mentir y eso es uno de los síntomas de inteligencia, curiosamente. Además no saben cómo y cuándo deben decir las cosas, ni qué puede llegar a ser o no mentira. Tiene tela, eh?

    Muy chulo y un cierre precioso…
    Saludos,
    magda

    • Francisco Capella dice:

      Pensar como todos o lo que todos es conformista y te evita líos, pero no es garantía de verdad o corrección.

      Mentir y engañar es una habilidad útil para la supervivencia y el progreso del que miente y engaña si los demás no lo descubren y repudian.

      Los políticos son maestros del discurso vacío y la mentira, pero el autoengaño es cosa de todos, y explica por qué hay creencias realmente absurdas que se resisten a morir.

      Saludos, Magda

      Paco

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