Bitcoin (II)

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Bitcoin (I)

Un sistema informático bien diseñado puede ser un buen dinero. Bitcoin tiene algunas excelentes características de buen dinero y es peor en otras en comparación con las monedas alternativas existentes: sin embargo las que tiene buenas las va a mantener porque son atributos técnicos inmutables, y en las otras probablemente sólo puede mejorar, y mucho, conforme se generalice su uso.

Los bitcoins son persistentes (mientras se conserve su información), divisibles, homogéneos, reconocibles, e infalsificables. Son muy fáciles y baratos de almacenar y transferir con alcance universal: la transacción es instantánea, pero su validación por la red lleva un breve tiempo (menor si se acepta pagar una pequeña comisión). Si se dispone de ordenador y conexión informática (algo cada vez más habitual para múltiples usos), sólo es necesario aprender a usar el sistema y gestionar su seguridad, algo que no es demasiado complicado, y los costes de transacción marginales son ínfimos.

El hecho de que bitcoin esté basado en ordenadores puede fomentar los ataques informáticos para apoderarse de las claves privadas (robar los bitcoins) y controlar capacidad de cómputo ajena para la minería (ordenadores esclavos), pero igualmente puede servir para fomentar medidas y cultura de seguridad informática. La criptografía utilizada por bitcoin es tan segura como la que utilizan bancos y estados en la actualidad, y además es adaptable a futuros incrementos de la potencia de cómputo (por ejemplo por computación cuántica).

El bitcoin no sólo es dinero (en la medida en que es usado como tal), sino que es dinero intrínsecamente conectado a una red de transacciones, es un sistema monetario y de pagos integrado: en este sentido se parece a los depósitos bancarios monetizados, pero sin ser deuda y sin los problemas de confianza asociados a los bancos. Es muy útil para micro pagos o donaciones, y para envíos de remesas o pagos entre países, porque no hay costes de transacción en forma de comisiones. El oro como dinero no tiene un sistema de pagos integrado y tiene costes considerables de almacenamiento y transporte debido a la posibilidad de su robo.

Sus características de anonimato potencial y falta de control estatal lo hacen interesante para operaciones en mercados ilegales (drogas, apuestas, juegos de azar), y como forma de evitar la fiscalidad y la represión financiera de los gobiernos: no puede ser congelado o confiscado como los fondos en la cuenta de un banco controlado en última instancia por el Estado, o como el oro en una aduana. El dinero en efectivo puede ser anónimo y no trazable, pero su uso requiere la proximidad física de los participantes en el intercambio (con la posibilidad de identificación mutua), y tiene el riesgo de su posible falsedad; cheques, transferencias bancarias, y pagos con tarjeta de crédito son muy fáciles de seguir e identificar. Algunos creen que su asociación con lo criminal y los mercados negros podría dañar la reputación de bitcoin, que sería rechazado moralmente o repudiado por la mayoría de la sociedad: pero esta usa sin demasiados problemas dinero en efectivo, que en estos aspectos es muy parecido.

Cuando su valor se estabilice o al menos sea predecible (su número intrínsecamente limitado podría provocar una suave deflación secular), podrá servir además como competencia para disciplinar a las inflacionistas divisas estatales y a los sustitutos monetarios bancarios poco fiables y desestabilizadores (depósitos a la vista de bancos con descalces de plazos y riesgos).

Bitcoin es una tecnología potencialmente disruptiva, una plataforma para la innovación que puede alterar de forma fundamental toda la oligarquía del sistema monetario y de medios de pago, volviendo obsoletas o poco competitivas las opciones existentes. El sistema realiza funciones semejantes a la gestión de cuentas corrientes, pagos, transferencias, giros y remesas de bancos, compañías de crédito y otras empresas equivalentes, todos ellos potenciales enemigos que pueden intentar frenar o destruir bitcoin si no consiguen dominarlo. Bitcoin puede suponer una amenaza para los beneficios de algunas grandes empresas y para la autoridad del Estado: por ello puede sufrir diversas agresiones como difamaciones, bulos o ataques a mercados organizados para bloquearlos y amedrentar a los usuarios actuales y potenciales; también son posibles las críticas de necios bienintencionados.

Por su naturaleza distribuida bitcoin no puede cerrarse, apagarse o bloquearse, como sí puede hacerse con un sistema centralizado con sus responsables, sus trabajadores y su localización física. El Estado puede otorgarse a sí mismo la potestad de ser emisor monopolista de dinero, pero tal vez no sea capaz de implementar en la práctica una potencial prohibición de bitcoin, la cual además implicaría publicitarlo, contribuyendo a su difusión y éxito. La prohibición de bitcoin no haría que su valor cayera necesariamente a cero: hay muchos productos ilegales, como algunas drogas, cuyo precio por el contrario es más alto por el hecho de estar prohibidas. Otras interferencias estatales son posibles, como compras y ventas masivas para desestabilizarlo, o el cierre o bloqueo de servidores privados, sitios o empresas de servicios en Internet (mercados organizados de cambio de moneda, gestores especializados de servicios adicionales para bitcoin, tiendas que los acepten como medio de pago); pero ciertas actividades pueden esconderse o replicarse con facilidad en Internet.

El poder adquisitivo de los bitcoins puede variar por diversos factores relacionados con su utilidad y escasez relativa, su oferta y su demanda en comparación con la oferta y demanda de los demás bienes, servicios y monedas: la propia cantidad de bitcoins, su velocidad de circulación, el número de agentes que los usan y aceptan como medio de pago, el volumen de intercambios (y su valor monetario) en los que intervienen, y la cantidad y calidad de los bienes y servicios por los cuales son intercambiados.

Su principal problema actual es la inestabilidad de su valor o poder adquisitivo, que lo hacen mal depósito de valor y unidad de cuenta: esta volatilidad no se debe a su oferta total, que es muy rígida y predecible, sino a cambios en su demanda, en ocasiones muy bruscos. Al ser un nuevo dinero emergente (o aspirante a dinero), está en fase experimental, de potencial monetización, de descubrimiento, de ensayos, aciertos y errores, de popularización y extensión de su uso. El poder adquisitivo de los bitcoins ha crecido fuertemente desde su comienzo, y la velocidad de su apreciación depende de la velocidad de su proceso de monetización.

Al ser algo muy nuevo e ilíquido es un activo volátil, de alto riesgo. Como cualquier innovación (el teléfono fijo, las tarjetas de crédito, la informática, los teléfonos móviles) requiere un tiempo de extensión o penetración en el mercado. Su valor cambia conforme la gente lo va conociendo, lo cual depende fuertemente de su presencia en medios de comunicación; su demanda puede tener picos puntuales por crisis monetarias, bancarias o financieras concretas; al ser su liquidez todavía pequeña, los movimientos especulativos y las compras o ventas masivas pueden tener mucha influencia sobre su valor.

Utilizar el bitcoin como medio de pago no implica usarlo como unidad de referencia ni como depósito de valor: es posible acordar precios en otros dineros de valor más estable, y el pago realizarlo con bitcoins al valor del momento del intercambio. Este triple cambio (el comprador consigue bitcoins a cambio de otro dinero, entrega los bitcoins al vendedor, el vendedor cambia los bitcoins por otra divisa) sería muy ineficiente con otros dineros clásicos, pero los bajos costes de transacción del bitcoin pueden hacerlo competitivo.

Quienes primero obtengan bitcoins pueden conseguir ganancias mayores ya que afrontan más incertidumbre respecto a su futuro. Algunos usuarios pueden también sufrir pérdidas si la extensión del bitcoin se detiene, pero es muy improbable que su valor caiga a cero y las pérdidas sean totales. Los primeros usuarios no son necesariamente simples listillos que se van a aprovechar de los incautos que lleguen después. Los creadores del sistema y protocolo bitcoin fueron una sola persona o un grupo reducido, y luego hay un pequeño núcleo de programadores actualizándolo: pero estas personas no son necesariamente quienes crearon los primeros bitcoins (ni los dueños o productores de los actuales), ni quienes se han enriquecido con su revalorización, porque son funciones independientes.

Los atesoradores de bitcoin no tienen por qué perjudicarlo, ya que están interesados en que su uso se extienda para que así se incremente su valor. Los especuladores, como en cualquier otra área de actividad económica, pueden acelerar los ajustes y suavizar las fluctuaciones al comprar cuando está barato (presionando el precio hacia arriba) y vender cuando está caro (presionando el precio hacia abajo); también pueden intentar manipular el mercado, o provocar oscilaciones según cómo cambien las expectativas sobre el futuro, pero no tienen ninguna garantía de éxito y el comportamiento histórico pasado no garantiza la evolución futura. La volatilidad tenderá a reducirse conforme el mercado de bitcoins sea más ancho y profundo (más líquido).

Otro problema actual es su relativamente escasa extensión o anchura de mercado: es importante tener en qué gastar los bitcoins, y su uso como medio de intercambio no está muy generalizado, tanto entre compradores como entre vendedores. Esto puede suponer grandes oportunidades empresariales: el bitcoin parece ir popularizándose de forma progresiva en ambos ámbitos, y ya existen negocios intermediarios que ofrecen conseguir cualquier bien o servicio (incluso el pago de algunos impuestos) a cambio de bitcoins (intermediando entre compradores que pagan en bitcoins y vendedores que prefieren cobrar en otros dineros tradicionales). Las empresas pueden ganar una ventaja competitiva si aceptan pagos con bitcoins: si algún gran comerciante lo hace el avance de bitcoin puede ser muy rápido.

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