Anarquismo liberal sensato

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El derecho de propiedad o principio ético de no agresión es la única ley universal, simétrica y funcional que permite el desarrollo armónico de los seres humanos. Los contratos libremente pactados generan reglas concretas particulares que, junto con algunas normas tradicionales, facilitan la coordinación social. El Estado, el monopolio impuesto de la coacción y la jurisdicción sobre un territorio y unos súbditos, es ilegítimo en la medida en que no respete los derechos de propiedad y no sea fruto de acuerdos contractuales libremente aceptados por los individuos: las constituciones no son contratos libremente pactados si las mayorías las aprueban en contra de minorías que no tienen oportunidad de rechazarlas. Una sociedad libre no tiene Estado así entendido.

Según el minarquismo un Estado mínimo es necesario para proporcionar a un colectivo ciertos bienes públicos: servicios de defensa y relaciones diplomáticas frente al exterior (evitar ser oprimidos por otros grupos organizados), y legislación, policía y justicia para el orden interior (preservar el orden social y la civilización, resolver conflictos y no caer en la barbarie). El minarquismo delimita las funciones del Estado e intenta controlarlo para evitar su crecimiento liberticida mediante límites constitucionales, contrapesos institucionales o mecanismos de elección de los gobernantes.

Un problema esencial es que estos controles funcionan mal en la práctica, como demuestra el progresivo crecimiento del intervencionismo estatal. Pero un problema más fundamental del minarquismo es la justificación de la delimitación del colectivo organizado por dicho Estado: cómo se define el grupo, qué individuos y qué territorios forman parte del mismo y cuáles no (y por qué), y qué requisitos son necesarios para integrarse en él o abandonarlo. Esto es esencial porque para controlar al poder la voz (libertad de expresión) y el voto (participación política) son mucho menos eficientes que la salida (dejar de formar parte del grupo o no participar en alguna actividad común).

Según el anarquismo liberal (anarcocapitalismo) los monopolios estatales no son necesarios, no son eficientes o incluso son nocivos: la eliminación de la posibilidad de la competencia deteriora la calidad del servicio o incrementa su precio; y además el poder corrompe fácilmente a los gobernantes. Las funciones del Estado deben eliminarse o privatizarse. Los presuntos bienes públicos en realidad no son tales al ser de consumo rival y/o excluible, y pueden prestarse por asociaciones, empresas o cooperativas privadas: agencias de seguridad, jueces en competencia, producción de ley mediante cláusulas contractuales.

El anarquismo liberal basa sus argumentaciones en dos ideas problemáticas que suelen proceder del ámbito de la ciencia económica: que los individuos, con sus derechos de propiedad bien asignados y separados, se integran en la sociedad porque perciben racionalmente los beneficios de la especialización, la división del trabajo y los intercambios de mercado; y que la fuerza y la seguridad son servicios como cualquier otro, y pueden producirse y distribuirse en un mercado por diversos competidores especializados.

Pero la biología y la antropología muestran que los grupos sociales animales y humanos son adaptaciones evolutivas para la supervivencia que aprovechan tres fenómenos: 1. concentración de esfuerzos; 2. compensación de riesgos; y 3. especialización. Y además la fuerza es un bien o servicio con características particulares esenciales.

1. Concentración de esfuerzos iguales: la unión hace la fuerza (rendimientos de escala), tanto para atacar como para defenderse. La acción coordinada de varios agentes semejantes tiene efectos fuertemente no lineales: varios pueden empujar y mover de una sola vez un obstáculo que uno solo no podrá mover nunca por muchas veces que lo intente. Si dos iguales luchan, la mitad de las veces vence cada uno (o siempre empatan); pero si dos luchan contra uno, no hay dos tercios de victorias para los dos y un tercio para el uno, sino que los dos vencerán prácticamente siempre. Varios cazadores pueden rodear a una presa, lo que para uno solo es imposible. Siendo muchos puede merecer la pena invertir en un bien común como un nido o refugio, lo cual además localiza al grupo y le da unidad y continuidad temporal.

2. Compensación de riesgos: reciprocidad de la ayuda ante eventos aleatorios. Si tengo un accidente y estoy solo, mis posibilidades de supervivencia son mucho menores que si alguien puede ayudarme a recuperarme, recibiendo un gran beneficio a poco coste para otros. Si me sobra comida puedo compartirla con quienes hoy no la han conseguido y la necesitan urgentemente, confiando en que en el futuro harán lo mismo por mí.

3. Especialización: complementariedad entre diferentes. Puede ser sólo temporal: yo vigilo y protejo a las crías o el nido mientras tú cavas o buscas comida, y luego cambiamos de rol. O más permanente, según las características del individuo (sexo, casta, edad) o sus habilidades y preferencias (profesiones).

Los humanos son animales hipersociales y nacen, crecen y viven por lo general como miembros integrados en grupos que se conciben como unidades diferenciadas y con los cuales se sienten identificados. En los grupos algunas cosas son propiedad individual y otras se comparten, por algún subgrupo (una choza familiar) o por todo el grupo (zonas comunes como calles, plazas, terrenos de caza o recolección), porque son difícilmente separables, porque se conservan mal (comida que se estropea) o porque los individuos no quieren separarlas. Los bienes comunes son privados en el sentido de que no se permite su uso por otros grupos, y colectivos en el sentido de que están al alcance de todos los miembros del grupo: para estos bienes son necesarias reglas de uso o mecanismos de gestión (gobierno del común) para mantenerlos y evitar abusos y conflictos (tragedia de los bienes comunes).

Además los grupos realizan ciertas acciones como unidades integradas y coordinadas en relación con otros grupos o individuos: la persona es la unidad fundamental de análisis para la acción, pero no es el único nivel posible, ya que existe acción a niveles inferiores y superiores. Una de estas actividades colectivas es la guerra contra otros grupos (esto no implica que todos los miembros participen por igual). Las agresiones individuales a pequeña escala (dentro de un grupo o entre individuos de grupos diferentes) son claramente diferentes de las agresiones entre colectivos. El uso de la fuerza a gran escala no se decide de forma individual, y la acción bélica es mucho más eficiente cuando está planificada y coordinada de forma más o menos centralizada: no lucha cada uno por su cuenta sino que se integra en equipos cohesionados y bajo un mando jerárquico.

La fuerza coactiva o violencia es un bien o servicio particular: en realidad es un mal para quien la sufre, para quien es atacado, es la capacidad de hacer daño (salvo los aspectos defensivos de la seguridad, como los escudos). Además los beneficiarios de la fuerza ajena pueden convertirse con facilidad en víctimas o perjudicados por la misma: es un servicio fácilmente invertible, de positivo a negativo, el que me defiende puede atacarme. Otras cosas son bienes cuando se reciben, y la situación es neutra cuando no se reciben, pero no tienen un lado negativo: me beneficia recibir pan, me deja indiferente no recibirlo, pero no puedes agredirme con el pan; si tú no me vendes pan me lo vende otro, o lo produzco yo mismo, o como otra cosa.

Externalizar completamente la seguridad es peligroso: no desarrollar en absoluto ninguna capacidad de defenderme por mí mismo implica quedar a merced de los fuertes; tal vez pueda encontrar a otros poderosos que me defiendan, pero quizás no sea así o incluso muchos se pongan de acuerdo contra mí. Un mercenario puede defenderme a cambio de dinero, pero también puede directamente robarme ese dinero e incluso matarme, o trabajar para mis enemigos.

Existe un caso en el cual los que pueden atacarme sin riesgo no lo hacen: porque no quieren hacerlo, les importo, soy de su familia o de su grupo, de los suyos; sienten amor o lealtad hacia mí y pueden incluso sacrificarse por patriotismo por el colectivo.

Además el uso de la fuerza tiene un carácter fuertemente local: para defender o atacar suele ser necesario estar cerca (aunque los proyectiles aumentan el alcance, y es posible proteger de forma indirecta sin estar presente con amenazas de represalias futuras contra los eventuales agresores).

Por estos motivos la seguridad suele conseguirse mediante cooperativas relacionadas con la convivencia (los que te importan y están más cerca) más que mediante empresas externas, que pueden ser un complemento. E igual que los individuos se integran en grupos (en realidad nacen y crecen en ellos), los grupos suelen asociarse unos con otros a niveles superiores de agregación mediante lazos de amistad y lealtad para defenderse o atacar conjuntamente a otros grupos. En estas agregaciones se fomenta la sensación de pertenencia y las obligaciones mutuas: un ataque a un miembro de un grupo o alianza es un ataque contra todos los miembros. Los individuos o grupos aislados o desorganizados tienden a ser oprimidos (o desplazados a zonas pobres o de difícil acceso) por los grupos organizados y cohesionados más poderosos.

Los grupos pueden ser pequeños o grandes, estáticos o dinámicos, simples o complejos, y estas diferencias son esenciales porque lo que funciona en unos puede no funcionar en otros: hay mecanismos de gestión no escalables (el tamaño importa), o que sólo son aplicables a sistemas simples y estáticos (la coordinación es difícil).

La asociación cooperativa para la defensa tiene riesgos internos, sobre todo cuando el grupo crece en tamaño y complejidad: que unos se escaqueen y se aprovechen de los esfuerzos y riesgos de otros sin ofrecer suficiente valor a cambio; que algunos sean obligados a participar de la asociación en contra de sus preferencias e intereses; que los lazos afectivos y los mecanismos de supervisión y control se pierdan o debiliten y los soldados y policías opriman (dictaduras) o parasiten (funcionarios ineficientes) a los demás ciudadanos.

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