Tonterías selectas

Casinos y tabaco: la extraña pareja, Esteve Fernández y José M Martínez-Sánchez son epidemiólogos e investigadores de la Unidad de Control del Tabaquismo del Institut Cat alà d’Oncologia-IDIBELL

Intelectuales de agua salada, de Joaquín Estefanía

Las reformas ‘neocon’ de Wert: ‘educación de desastre’, de Enrique Javier Díez Gutiérrez, profesor de la Universidad de León y coordinador Federal del Área de Educación de IU

La política económica de la inseguridad, de Ulrich Beck

Ciento cincuenta años de la Ley del Notariado: Nuevos retos, de Ignacio Solís

El sistema español de seguridad jurídica preventiva está basado en dos pilares: la escritura pública y el registro. Se ha mostrado sumamente eficaz y bastarían determinadas reformas que eviten ciertas disfunciones. Sólo un registro nutrido de documentos con plenas garantías puede ofrecer una publicidad fiable. No es conveniente, so pretexto de reducir costes, fomentar el acceso al registro de documentos privados, incluso con firmas legitimadas (en los que la intervención notarial tiene menor intensidad, lo que le impide desplegar sus plenos efectos). Lo mismo cabe decir de los documentos electrónicos, pues la firma digital en ninguna de sus modalidades ni siquiera garantiza la autoría del documento. El uso de las nuevas tecnologías, en las que por cierto el notariado ocupa un destacadísimo lugar, no debe mermar la seguridad que ofrece la actuación notarial.

El economicismo imperante ha dado lugar a que con frecuencia se debiliten los mecanismos de seguridad que ofrecen el sistema notarial y registral y se tienda a sustituirlos por otras medidas ineficaces. Así la reforma del mercado hipotecario de 2007, optó por debilitar los mecanismos tradicionales y reforzar las medidas de aseguramiento financiero, de modo que la fuerte supervisión a que las entidades financieras estaban sometidasgarantizaba su solvencia y la confianza en ellas, lo que era en definitiva la última garantía del sistema. Esta visión ingenua de la supervisión económica como sustituto de las garantías jurídicas se ha desmoronado. El mercado necesita mecanismos de control que no pueden estar sometidos a sus reglas. Por ello resulta inapropiada una visión puramente economicista de la actuación notarial que la someta incondicionalmente a las reglas de la competencia.

Los notarios debemos hacer frente a estos retos sin perder de vista […] que determinadas luchas no son tanto defensa de un interés propio sino un deber hacia la sociedad.

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