La negociación colectiva, desequilibrada, tropieza y se cae

Escribe Laura Pérez Ortiz, profesora de Estructura Económica de la Universidad Autónoma de Madrid, sobre el “Desequilibrio de la negociación colectiva”:

La reforma […] [establece] la prevalencia del convenio empresarial sobre los convenios de carácter sectorial.

Esta actuación se entronca con la tradicional preferencia neoclásica de los convenios de carácter empresarial, a pesar de que la realidad no ha demostrado que sea mejor para los resultados del conjunto de la economía. Es una preferencia que muestra claramente el trasfondo neoclásico de toda la reforma: la idea fundamental de que la actuación individual es siempre mejor que la colectiva y, sobre todo, que únicamente mediante una reducción de costes (especialmente salariales) se puede incrementar el empleo. De la crisis de actividad económica que ha provocado la situación en la que nos encontramos no se dice nada ni se pone ningún remedio para atajarla.

Desgraciadamente no nos ofrece ningún dato o referencia sobre esa presunta falta de demostración de la realidad: tal vez sólo existe en su imaginación. Y no aclara a qué se refiere con ese “mejor” para los resultados del conjunto de la economía: quizás a que crezca el PIB, pero vaya usted a saber.

Sobre que la actuación individual sea o no mejor que la colectiva: ¿mejor para quién?; ¿para los que se asocian para reducir la competencia y así incrementar sus rentas a costa de los demás?; ¿o para esos otros que sufren ese efecto?; ¿la acción colectiva es algo voluntario o se impone de forma coactiva, obligando a todos a participar de la asociación aunque sea en contra de sus preferencias e intereses?

La reducción de costes salariales no es la única medida posible para incrementar el empleo, pero sí es una de ellas, seguramente de las más importantes y las más rápidas: lleva bastante más tiempo y es más difícil crear empresas, hacerlas más competitivas mediante mejor organización y tecnología, o incrementar el capital intelectual de los trabajadores.

De la crisis, sus causas, efectos y posibles remedios, se dice mucho en muchos sitios. Los cambios en las leyes laborales son parte de los remedios para atajar esta crisis: pero probablemente el texto de esas leyes no es el sitio adecuado para hacer discursos sobre la misma.

La limitación de la conocida como ultraactividad (es decir, la prórroga automática del convenio mientras se negocia el siguiente) tiene efectos muy dañinos porque puede provocar un vacío de regulación, especialmente en el caso de las pequeñas empresas sujetas a convenio sectorial y con mayores dificultades para negociar en el ámbito empresarial. De nuevo aparece la idea de señalar a las instituciones como los impedimentos al buen funcionamiento del mercado, en este caso, el laboral.

Pobres pequeñas empresas que no pueden negociar en su propio ámbito y necesitan sabios intervencionistas que los guíen hacia la imposición del convenio sectorial…

Las instituciones estatales, efectivamente, suelen ser impedimentos al buen funcionamiento del mercado: es correcto.

El descrédito que se hace de la negociación colectiva es aplastante. El primer paso es la descentralización (esta prevalencia del convenio empresarial) y el siguiente, la individualización de las relaciones laborales (desaparición del convenio colectivo), donde el desequilibrio de poderes ente ambas partes es más que evidente.

La negociación colectiva se merece el descrédito, y probablemente se quede corto.

Plantearse la individualización de las relaciones laborales es tabú, y cualquier paso en esa dirección es algo muy peligroso, una pendiente resbaladiza hacia el desastre total…

El desequilibrio de poderes entre las partes es evidente, sí: la empresa no puede funcionar sin trabajadores, mientras que cada trabajador podría establecerse por su cuenta; la empresa tiene un capital inmovilizado y unos costes fijos que debe intentar amortizar; el trabajador sabe de lo que es capaz y cuál es su actitud respecto al trabajo productivo, mientras que la empresa debe intentar averiguarlo. La empresa podría escoger entre muchos trabajadores, igual que el trabajador puede escoger entre muchas empresas: si hay más empresas que trabajadores es porque normalmente una empresa emplea muchos trabajadores mientras que un trabajador está en una sola empresa. Las empresas son más grandes y poderosas que cada trabajador individual porque están formadas por muchos accionistas y trabajadores previos y tienen una historia de éxito detrás: sin embargo el tamaño puede hacerlas inertes o difíciles de dirigir eficientemente. El trabajador individual no tiene ataduras con nadie y no necesita coordinarse con otros.

[…] resulta necesario recuperar la razón de ser de la negociación colectiva. Porque no es un impedimento para que las empresas puedan ajustar sus plantillas y modificar las condiciones de trabajo de forma arbitraria. La negociación colectiva es el medio por el que los protagonistas de las relaciones laborales (empleadores y trabajadores) pactan las condiciones de trabajo, cómo quieren que sea esa relación. Y la negociación colectiva es el mejor medio para equilibrar los poderes a la hora de negociar. En juego está la paz social, porque romper la negociación colectiva es romper, precisamente, el equilibrio.

Lo necesario es aquello que no puede ser de otra forma: y la negociación no tiene por qué ser colectiva, que es un impedimento para la flexibilidad de las relaciones laborales y una forma de obtener rentas mediante la restricción coactiva de la competencia.

Hablar en plural de que empleadores y trabajadores (quizás mejor “empleados”) pactan condiciones de trabajo tiene dos posibles interpretaciones: que lo hacen en conjunto como dos colectivos, o que hay muchos empleadores y trabajadores individuales que lo hacen de forma independiente. Para el colectivista sólo existe la primera opción como algo aceptable y deseable.

La paz social está en juego: efectivamente, alguien está realizando una amenaza de guerra.

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