Basura selecta

Viñeta de El Roto

¿Tienen derechos los animales?, de Adela Cortina

La sanidad española, de Vicenç Navarro

¿Hemos aprendido algo?, por Ramon Folch, socioecólogo

¿De veras está en crisis la izquierda?, de Juan F. López Aguilar, presidente de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo

Hemos visto, elección tras elección, emerger un populismo conservador que propugna respuestas simples (pero equivocadas y por ello inútiles, cuando no directamente estúpidas) a los problemas más complejos, y aboga por el regreso a lo local frente a las incertidumbres y el vértigo a la globalización.

Ninguno de los desafíos del tiempo que nos toca vivir puede ser acometido a escala meramente local, ni siquiera nacional: el envejecimiento y estancamiento demográfico; el suministro energético y su sostenibilidad; la corrección de la desigualdad en origen y la erradicación de la pobreza y el hambre, son asuntos que requieren, hoy más que nunca, de estrategias y de actores globalmente relevantes.

Tanto para contestar esta impresión extendida como para actuar desde una ofensiva progresista, lo primero es constatar en positivo  la aportación socialdemócrata: los estímulos fiscales y el posterior mecanismo europeo de estabilidad financiera tuvieron su formulación primera en los socialistas europeos, obligados a recordar que la austeridad nunca ha sido un fin en sí, como tampoco la razón última de ser de la lucha contra el déficit: lo es la facilitación del crecimiento y el empleo para la refinanciación de la política social. Por su parte, el déficit no es en sí el peor mal cuando ha ayudado a sostener el gasto social y la inversión, no digamos ya el “rescate” de las entidades financieras y sectores productivos a punto de derrumbarse. El proyecto de la izquierda no se agota en el neokeynesismo de la demanda, sino que comprende también tanto la redistribución de las oportunidades de prosperidad como la aseguración de la equidad intergeneracional, transnacional y global.

El progresismo europeo no padece ninguna crisis de inteligencia colectiva. Lejos de eso, llama la atención el contraste entre la lucidez de sus análisis y el pesimismo de su voluntad, algo mucho más peligroso y dañino para sus propios intereses que el clásico pesimismo de la inteligencia.

El proyecto de la derecha no pasa por ilusionar ni por ofrecer esperanza: hoy se limita a explotar el malestar generado por los daños de la crisis. Su estrategia no es crecer ni ganar nuevos apoyos, sino esperar a que una parte de la ciudadanía progresista desista de la política y deserte de las urnas. Distintamente, la respuesta progresista pasa, sí, por apuntar la salida de este bache y por exprimir y explicar las inaplazables lecciones de tan ingrata experiencia para que nuestra economía no vuelva a extraviarse de nuevo en los errores del pasado. Pero también por afirmar: en esta crisis, aún más que antes, “¡es la política, estúpido!”. Y esto requiere voluntad -nada de pesimismo-, coraje y determinación para plantear, impulsar y conducir las reformas y estrategias que preserven la política y la responsabilidad de los Gobiernos frente a la irracionalidad de los llamados “mercados” especulativos, mediante las necesarias alianzas sociales, sindicales, intelectuales y cívicas.

No saldremos de esta si no es remando juntos, en Europa y desde Europa, actuando localmente y pensando globalmente. Pero que nadie se engañe: la izquierda europea debe asumir como un deber no solo su contribución a la recuperación y generación de empleo, sino a la preservación de la confianza en la política como espacio de debate y decisión en democracia; esa misma política de la que solo los muy ricos, y los que no se complican con los escrúpulos que hacen del espacio público un lugar habitable, pueden permitirse el lujo de prescindir o despreciar.

2 Responses to Basura selecta

  1. Jorge dice:

    La derecha es asi, no le hace caso a ZP en eso de aportar ideas…. Ideas . ¿para que ?,`pues para que ZP las tache de horribles y si se le ocurre emplear alguna de ellas sera para hecharle la culpa a la derecha si la cosa va mal. No, no vale la pena colaborar con los progres.

  2. Rawandi dice:

    El especismo de Cortina

    Según la filósofa Adela Cortina, “conceder un derecho” a los miembros de especies distintas a la humana no pasa de ser una “cosa que podría hacerse o no”, en cambio “los derechos humanos no se conceden, sino que deben reconocerse [pues] son anteriores a las volutades de los legisladores” (El País, 29 julio 2010).

    Hay dos puntos muy flojos en la argumentación especista (‘especismo’ es, respecto a la especie, lo mismo que ‘sexismo’ respecto al sexo) de Cortina:

    1º. Contrapone las expresiones “conceder un derecho” y “reconocer un derecho”, presuponiendo injustificadamente que la primera expresión no surge de ninguna obligación moral importante.

    Y 2º. La misteriosa afirmación de que los derechos humanos, a diferencia de los derechos de los animales no humanos, “son anteriores” a la voluntad de los legisladores resulta en extremo inverosímil aun cuando nos esforcemos en no interpretarla como una alusión a los imaginarios dictados eternos de un agente invisible llamado “Dios”.

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