Basura selecta

27/05/2010

A la altura del desafío, de José Luis Rodríguez Zapatero

Gestionar la complejidad, por Celestino Corbacho

El Gobierno ha demostrado el rigor y la solidez necesarios para gestionar la complejidad de estos momentos en los que vivimos, y lo seguirá haciendo hasta lograr que todos juntos superemos la primera gran crisis económica global.

Destrucción versus cooperación, de Antonio Ruiz de Elvira

Hoy vivir en las ciudades es vivir rodeados de lobos que rechazan de plano la cooperación, pero que luego buscan curas psíquicas y “energía” espiritual, tras haber arruinado a poblaciones enteras.

¿Qué hemos creado los seres humanos? ¿Destrucción, mareas negras, ruinas y miseria para cientos de años a cambio de unas ganancias efímeras? Tengo 60 años, y jamás he visto cooperación entre mis co-personas. Cooperación positiva, es decir, dar y que te den. Lo usual es que si tu das algo, los demás lo toman, pero ellos se mueren de miedo antes de devolver la entrega, se mueren de miedo por una absoluta falta de confianza en si mismos si tienen que dar algo suyo. Piensan que pierden, en vez de saber que ganan.

Los ganaderos, que tenían ranchos de 100.000 reses, podían haberse contentado con 50.000 y haber mantenido aquellas tierras a lo largo de los siglos. Lo que conseguían pagando lo que ganaban con 100.000 reses era exactamente lo mismo que podían haber conseguido con 50.000.

Como en Sedona, aparece entre los humanos la estupidez de la exclusividad. Conseguir, por ejemplo, la mujer más cara del país, que es cara de conseguir sencillamente porque se lo hace, pero ni es más guapa ni más deseable que otras muchas.

Conseguir un diamante único, que es más o menos igual que cualquier otro. Tener la casa más grande, cuando pueden tener una casa como la de los demás, el coche más caro, el yate más largo, …,  etc. etc. Tirar lo de todos, incluso lo suyo, por caprichos que no significan nada en absoluto.

Una solución a estos problemas, a los problemas actuales de España,  del mundo, económicos y del ambiente, es rechazar esa competición absurda, que destroza la riqueza de mañana y del futuro por una sensación, solo una sensación, efímera además, de “energía” psíquica, de poder.

Una solución clara y evidente es cooperar activamente: Dar y recibir.

Es la única solución para una historia humana basada en el expolio, la destrucción, la miseria.

El síndrome de Frankenstein, de Miguel Ángel Quintanilla Fisac, catedrático de Lógica y Teoría de la Ciencia

Lo que aporta la bacteria artificial de Venter es la prueba de que ya podemos diseñar y producir organismos vivos completos a la carta. Por el momento de carácter unicelular, pero eso puede ser suficiente para cubrir el planeta con una nueva biosfera plagada de organismos que desempeñen multitud de tareas útiles para la industria, el medio ambiente o la salud.

Da vértigo pensarlo. ¿Estamos preparados para asumir nuestra responsabilidad ante las nuevas creaciones de la ciencia? ¿Vamos a dejar que también en este campo sean las fuerzas ciegas del mercado y de la codicia las que regulen la creación de la nueva biosfera?

Frankenstein no pecó de soberbia por pretender imitar a Dios, sino de estupidez y egoísmo por desentenderse de su criatura. La nueva tecnología anuncia un mundo lleno de criaturas diseñadas a medida de nuestros deseos: deberíamos prepararnos para modular estos y para asumir nuestra responsabilidad sobre aquellas, para librarnos del síndrome de Frankenstein.

España social a la cola de la UE, de Vicenç Navarro


Órdenes y prohibiciones sobre aspiraciones y bienestar

27/05/2010

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Los enemigos de la libertad, mal camuflados por múltiples capas de presunta bondad que no pueden ocultar su profunda estulticia, no se limitan a indicarnos qué debemos o no podemos legalmente hacer. Eso ya no les basta: ahora nos señalan qué debemos querer, qué puede y no puede hacernos felices.

Cristovam Buarque, ex ministro de Educación brasileño y actual senador, asegura que la solución para los problemas de la pobreza y las desigualdades, que según él crea la globalización, es “la educación. El pueblo no debe aspirar a tener todos el mismo coche, sino las mismas oportunidades”. No está claro si quiere decir que la educación consiste en manipular la voluntad de la gente para que quieran lo que dictaminen los gobernantes (él mismo y sus cofrades), o si simplemente está dando órdenes a sus súbditos sobre aquello a lo que deben aspirar, en este caso la igualdad de oportunidades mediante la educación. Pero seguro que todos haremos un esfuerzo para entender al mandamás, redirigir nuestras aspiraciones y así cumplir con nuestro deber como pueblo (en eso consiste ser ciudadano en un colectivo político, ya que ser consumidor en un mercado libre es muy malo, como vamos a ver a continuación).

El antropólogo estadounidense Erik Assadourian, presunto “estudioso de la sostenibilidad como modelo de futuro”, ha dirigido el informe anual del World-Watch Institute “La situación en el mundo 2010: Del consumismo a la sostenibilidad” (la misma basura intelectual reciclada de todos los años). Tras haber investigado la psicología del consumo (o eso cree él), afirma que “la felicidad o el bienestar no pueden depender del consumo; al revés, el consumismo mina el bienestar, porque te obliga a trabajar más para consumir más, en una carrera sin fin”.

Está claro que no todos los ascetas alcanzan la iluminación intelectual. Algunos necios no se conforman con llevar vidas sencillas y dejar vivir a los demás: tienen que decirle a todo el mundo qué puede y qué no puede hacerles felices. Porque según ellos quienes se esfuerzan en trabajar y producir riqueza, pobres tontos, en realidad actúan contra sus propios intereses, no consumen sabiamente sino que derrochan: son víctimas inermes de la publicidad, que les inocula el consumismo de forma agresiva, y encima al volcarse en él con frenesí condenan al mundo al colapso ecológico (y luego se quejan de que les llamen catastrofistas y apocalípticos).

Estos cobardes no suelen atreverse a señalar a una persona concreta y criticarle por su consumismo irresponsable. Tampoco mencionan ningún anuncio particular que nos anime simplemente a consumir sin más. Tal vez porque no existen, excepto quizás en las recomendaciones transformadas en intervenciones coactivas de esos que se creen economistas e insisten en animar a la gente a consumir más y más para así poder mantener la mítica demanda agregada.

Se trata de patéticos profetas que se limitan a condenar y criticar a bulto desde su autoadjudicada posición de superioridad moral. Así, Assadourian juzga a los países nórdicos, ejemplo para muchos de sociedades del bienestar: “Son los peores ejemplos posibles, ese bienestar tiene un altísimo coste ecológico”; y propone como modelo el reino de Bután, paraíso de la felicidad por decreto. Y es que les encanta poder decretar por ley cómo ser o no ser feliz: especialmente si es siendo pobre.

Su profundidad intelectual queda retratada al recomendar la película “Avatar” como “un mensaje que puede calar en los jóvenes, el del mundo en armonía, sostenible”: es lo que tiene no saber distinguir la realidad de la ficción (porque la ciencia de esa película es mala con ganas); no es extraño que intenten engañar a las mentes menos preparadas. También celebra la nueva televisión sin anuncios de RTVE, “un modelo a seguir”: es una lástima que no tenga que pagarla él solito.


Recomendaciones

27/05/2010

La lucha contra el déficit: ¿una nueva Desamortización?, de Jaime Lamo de Espinosa

Red Diaper Marxist Tony Judt, by Greg Ransom

El liberalismo se aprende, de Javier Moreno

Twelve Parallels in Political Economy, by Robert Higgs

Bad debt also threatens Europe’s strongest, by Wolfgang Münchau


Basura selecta

27/05/2010

Crisis climáticas, de Antonio Ruiz de Elvira

La teoría económica al uso hoy día dice explícitamente (miren, si quieren, las publicaciones del premio Nobel Solow) que los recursos son ilimitados en el espacio y en el tiempo, que siempre se encuentran nuevos recursos.

Nuestros sesudos teóricos mantienen que no hay problema. No hay problema si agotamos el cobre, la plata, el uranio. No hay problema si ensuciamos el aire, agotamos el agua y esterilizamos el suelo.

Tenemos que dejar de lado los modelos teóricos en los cuales estos seres humanos son ‘agentes’ económicos, peones de un juego de ajedrez del que esos señores economistas desconocen las reglas. Esos modelos teóricos que ven llegar las crisis sin poderlas predecir ni saber como arreglarlas.

Tenemos que pensar que si cambiamos el clima de nuestro planeta es posible que la raza humana se recupere, pero ¿con cuantos muertos, con cuanto sufrimiento?

Europe is a dead political project

Health-reform law will boost individual liberty, by Carl Bogus

Sacrificios humanos, de José Manuel Naredo, economista y estadístico

Retroactividad, ¿por dónde empezamos?, de José María González Vélez, presidente de la Asociación de Productores de Energías Renovables-APPA

Se está cargando en el debe de las energías renovables ser la causa inmediata del encarecimiento de la energía eléctrica o del déficit tarifario. Todo ello, a pesar de los estudios de Deloitte y Boston Consulting que demuestran que las renovables en su conjunto son un gran negocio para España y que devuelven con creces las primas que reciben.

Si las energías fósiles internalizaran sus costes (por ejemplo, los derivados del desastre por los vertidos del petróleo en el golfo de México), como el coste irreversible del cambio climático debido a las emisiones de GEI, las renovables no necesitarían primas porque competirían con ventaja.


Recomendaciones

26/05/2010

5+ questions for Matt Ridley, author of ‘The Rational Optimist: How Prosperity Evolves’

Do two rights make a wrong?, by Greg Mankiw

Seasteading, Strategic Fertility, and Public Goods, by Bryan Caplan

Cannibals Die Fast, by Robin Hanson

Un millón de camisetas usadas, de Albert Esplugas


Recomendaciones

26/05/2010

France’s Phony Secularism, by Shikha Dalmia

Who’s Afraid of Synthetic Biology?, by Ronald Bailey

Deuda pública o privada: ¿Cuál es nuestro problema?, de Ángel Martín

America’s Nordic-Sized Welfare State, by Will Wilkinson

The Private Provision of Public Goods, by Donald Boudreaux


Basura selecta

26/05/2010

Doncellas, no. Trabajadores y jubilados, sí, de Isaac Rosa

La madurez de la democracia argentina, de Jorge Taiana, ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la República Argentina

Ajustes e izquierdas, de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex presidente de la Junta de Extremadura

Sabemos que nuestro país necesita el esfuerzo de todos y sabemos que, desde la perspectiva socialista, el esfuerzo debe ser proporcional a los medios y recursos con los que cuenta cada ciudadano; y en este caso, el principio socialdemócrata de no dañar los derechos cívicos como la educación, la sanidad y las pensiones mínimas y no contributivas, los han dejado al margen del ajuste, que se ha deteriorado en la congelación de las pensiones.

Quienes han doblado la muñeca al presidente no han sido estos últimos, sino los causantes de la caída de la economía financiera y, consecuentemente, de la caída de la economía real. Es necesario recordarlo, para que no se olvide de dónde vienen nuestros problemas. Ya casi se nos olvidó lo expertos que éramos cuando explicábamos, a diestro y siniestro, aquello de las subprimes y de cómo el dinero que ahorrábamos y depositábamos porla mañana en una sucursal de cualquier caja de ahorros de cualquier pueblo de nuestro país, por la tarde ya se encontraba en Chicago, sirviendo para comprar la primera basura que circulaba en forma de paquete por el circuito financiero mundial, sin que nosotros, los depositarios, tuviéramos la más mínima noción de qué se hacía con nuestros pocos euros ahorrados. Y durante este tiempo, el presidente ha aguantado, contra viento y marea, las acometidas que el capitalismo más salvaje infringía a nuestra economía, a nuestras ilusiones y a nuestras expectativas personales, familiares y profesionales.

Por lo visto y oído, a ese electorado fino y exigente no les defraudó el capitalismo especulativo, depredador y salvaje que ha tirado por tierra nuestras ilusiones y la forma de organizar la sociedad y la solidaridad entre nosotros. ¡No! Les defrauda quien ha hecho lo posible, y casi lo imposible, para mantener el Estado de bienestar que los españoles hemos labrado en 30 años de democracia y que, de no haber sido por la crisis financiera de Estados Unidos, que se trasladó como el humo por todos los rincones del planeta, los españoles hubiéramos sido capaces de mantener con los ajustes que nuestra propia experiencia, sentido común y capacidad nos hubieran indicado.

Y de nuevo han aparecido el miedo y la inseguridad. El miedo que nos retrotrae a los tiempos en los que el sistema de protección andaba bajo mínimos y donde nuestros padres y abuelos guardaban sus magros ahorros “para por si acaso”. Así nos lo atestiguan los datos que en las últimas semanas se nos han proporcionado sobre beneficios bancarios y sobre el nivel de ahorro que los españoles hemos acumulado en este último ejercicio, superando los de años anteriores, cuando el Gobierno socialdemócrata nos permitía vivir con una cierta posición que algunos, despectivamente, llamaban vivir por encima de nuestras posibilidades, “como nuevos ricos”, se dice, porque la gente aspiró, con razón, a tener una casa, un coche, vacaciones, sanidad pública y educación de calidad para todos. Todo eso se lo quieren llevar, en parte, los especuladores que ahora se permiten el lujo de exigirnos sacrificios para que puedan seguir comprando nuestra deuda, que, por cierto, son ellos los responsables de que haya aumentado hasta límites que Zapatero no pudo aguantar.

¡Y no aguantó! Pero, no por eso, voy a salir a la calle a reclamar que entre en el Gobierno el que sigue fumándose un puro. Yo soy de izquierdas y lucharé para que la política triunfe sobre la economía especulativa.

The Road To Economic Serfdom, by Peter Boone and Simon Johnson

According to Friedrich von Hayek, the development of welfare socialism after World War II undermined freedom and would lead western democracies inexorably to some form of state-run serfdom.

Hayek had the sign and the destination right but was entirely wrong about the mechanism.  Unregulated finance, the ideology of unfettered free markets, and state capture by corporate interests are what ended up undermining democracy both in North America and in Europe.

Hayek’s predicted demise of western society will prove correct, but welfare systems will prove the victim, rather than the mechanism, erased by a political and financial elite gone awry.

Es la democracia, estúpido, de Antonio García Santesmases, catedrático de Filosofía Política de la UNED

Y comenzó un nuevo mundo, gracias a Keynes y a Beveridge, como explica muy bien Ignacio Sotelo en un libro reciente sobre el origen, el apogeo y el declive del Estado Social.

El pacto entre la democracia competitiva de partidos y el Estado del Bienestar keynesiano ha constituido la gloria del modelo europeo, los 30 años de la denominada época dorada. Cuando se acepta que los mercados dictan la política, que la soberanía es una quimera, que los sindicatos son organizaciones anacrónicas, hay que recordar esta historia para darse cuenta que nos estamos jugando el futuro del sistema.

La democracia requiere virtudes cívicas donde es imprescindible la solidaridad. Sin ella no es factible la cohesión social. Pero la solidaridad no se puede fundar en un mundo donde la élite de poder va aumentando continuamente su riqueza mediante toda clase de medidas financieras y fiscales mientras los funcionarios, los trabajadores con empleo, los sindicalistas, los médicos y los profesores son los que aparecen ante la opinión pública como unos privilegiados.

Un prodigio que puede seguir asentando el triunfo de las derechas políticas en Europa, que puede propiciar la victoria de la derecha política en España, pero que tiene un problema, que están poniendo en juego las bases de esa misma democracia. Europa, la Europa ilustrada y cosmopolita, la Europa que recogió lo mejor del liberalismo, la Europa que supo llegar a un acuerdo entre democristianos y socialdemócratas, se fundó en el recuerdo de una terrible guerra y en la convicción de que las instituciones políticas liberales no sobrevivirían auspiciando la desigualdad, fomentando el privilegio y practicando la insolidaridad. Sólo domesticando el capitalismo pudieron hacer que la democracia arraigara; hoy estamos asistiendo al proceso contrario, hoy vemos cómo los mercados arrodillan a la política y por ello tenemos que preguntarnos por el futuro de la democracia.

Esa es la cuestión, estúpido, esa es la auténtica pregunta.