Basura selecta

Amor verdadero, de Jesús Higueras

Latinización de Europa, de Juan Francisco Martín Seco

Durante muchos años los países en vías de desarrollo han estado bajo la dictadura del FMI, que les forzaba a políticas inclementes como condición para prestarles los recursos precisos, recursos que iban íntegramente a cancelar deudas externas.

La Unión Europea, empujada por Alemania, se equivoca. La solución de sus problemas no radica en disciplinar, como pretende, las finanzas de los Estados miembros. Debe comenzar más bien por dotarse de instrumentos para controlar a los mercados y a las entidades financieras.

Las propuestas miserables del Fondo Monetario Internacional, de Juan Torres López

El problema de la eurozona no está en la periferia sino en el centro, de Vicenç Navarro

Entrevista a Susan George, autora de “Sus crisis, nuestras soluciones”

“Tomo fenómenos que parecen complejos y los hago más simples sin simplificarlos”

Nada que ver con lo que se cuece en los mercados financieros. “Se hacen algunas cosas muy sucias que deberían estar prohibidas”. Y se lanza a explicar cómo se perpetra un ataque al euro o da otro ejemplo que, formulado así, pone los pelos de punta: “Compro el seguro de su casa sin que usted lo sepa, la incendio, queda reducida a cenizas, ¡y cobro el seguro!”. ¿Cómo dice? “Eso, más o menos, son los llamados derivados, algo muy común”. La incansable señora George (Akron, Ohio, 1934) lucha para que la gente reclame urgentemente reglas estrictas en esa selva de tiburones. “Algunas prácticas debe ser ilegalizadas; otras, gravadas”.

Ha perdido casi todas las batallas que ha librado. Y son muchísimas. Recuerda una victoria, a finales de los noventa: “Nos libramos de un texto horrible de la OCDE, el Acuerdo Multilateral de Inversiones, que daba barra libre a las corporaciones”.

Esta politóloga alta, coqueta, que votó por Obama, llegó a París en 1954. Fue a estudiar, se enamoró y se quedó -también es francesa-. Sigue al pie del cañón. “Me interesa quién manda. A los jóvenes siempre les digo: ‘Estudiad a los ricos y poderosos. Los pobres no necesitan que investigadores como nosotros les digan qué va mal. Ya lo saben”. A ella le aterra el cambio climático.

nsiste en que dinero hay, y mucho. El problema, asegura, es que no se busca en el lugar adecuado. “Tras la crisis de Lehman Brothers había nueve millones de personas que juntas tenían 38.200.000.000.000 dólares, con 11 ceros [más de un millón de años], dólares listos para invertir, casi en cash, no en casas, yates o cuadros. En efectivo”. Información “interesantísima”, cuenta, cortesía de Merrill Lynch.

“Cualquier banco que haya sido salvado con dinero público debe estar obligado a prestar dinero a gente normal. Con garantías, claro, no pretendo que repartan el dinero alegremente en las calles”, puntualiza.

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