Basura selecta

¿Quién se beneficia de la independencia de los Bancos Centrales?, de Vicenç Navarro

Existe casi consenso en la sabiduría convencional del país y de la UE (dominada por el pensamiento liberal), de que los Bancos Centrales deben ser independientes, no sujetos a las influencias políticas. El argumento de que es bueno que los bancos centrales sean independientes, está basado en el supuesto de que los temas sobre los cuales tales bancos deciden –los intereses bancarios y la cantidad de dinero existente en circulación en un país- son muy complejos y fuera del alcance de los políticos y de sus representados, es decir, de la población. De ahí la conclusión de que se dejen tales decisiones en manos de aquellos que entienden de estos temas. Dejarlos en manos de la población y de sus representantes es demasiado arriesgado.

En este momento de gran recesión, consecuencia del comportamiento especulativo de la banca y de la falta de supervisión de ésta por los Bancos Centrales de cada país, el Banco Central Europeo (y el Banco de España), en lugar de favorecer políticas de estímulo económico y de creación de empleo, están exigiendo una reducción de los déficits y de la deuda pública a base de reducir muy sustancialmente el gasto público, y con ello el crecimiento económico y la creación de empleo. Tales políticas de austeridad del gasto público social son suicidas para los países de la UE. Y, en cambio, los gobiernos las están siguiendo, resultado del excesivo poder del capital financiero. No hay duda de que si el Banco Central Europeo y/o los Bancos Centrales de cada país dependieran de los políticos serían mucho más sensibles, de lo que lo son ahora, a la creación de empleo, aunque ello fuera a costa de una mayor inflación.

Aquí, de nuevo, el BCE ha puesto como objetivo el mantener una inflación excesivamente baja en momentos de recesión. Es importante señalar que, incluso el Director económico del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Sr. Olivier Blanchard, ha reconocido que el objetivo de mantener un nivel de inflación de un 2% (propuesto por la mayoría de Bancos Centrales) puede que sea demasiado bajo y debiera permitirse un nivel mayor. Este señor también ha reconocido, en un artículo, con el significativo título de “Rethinking Macro Economic Policy”, que debiera haber un mayor control de los flujos financieros, terminando su excesiva movilidad especulativa. Cuando hace años algunos de nosotros sugerimos lo mismo, se nos llamó “trotskistas”, mostrando una vez más que ser radical no quiere decir más que avanzarse diez años al pensamiento de los demás.

Una última observación. Los países emergentes, cuyo crecimiento ha sido muy notable en los últimos años (China e India), no han tenido Bancos Centrales independientes. ¿Hasta cuándo continuaremos aceptando el excesivo dominio de la banca en nuestras vidas? Hoy, una de las mayores causas de la crisis económica es la escasez de crédito, debido a la crisis financiera, resultado de la especulación y escasa regulación del sistema bancario. La evidencia de ello es contundente. De ahí que las medidas que se están proponiendo sean tan insuficientes. Lo que se requiere es una banca pública y un Banco Central Europeo dependiente del poder público. En España, el Instituto de Crédito Oficial (ICO) es insuficiente. Debiera multiplicarse por cuatro, convirtiéndose en una entidad pública de crédito que hiciera lo que la banca ha dejado de hacer. Seguro que los liberales llamarán a la propuesta “trostkista”. Esperemos que no tengamos que esperar diez años más para que se vea lo lógico y razonable que es tal propuesta.

Los errores de las políticas liberales, de Vicenç Navarro

The Narcissus Society, by Roger Cohen

La escuela de la vida, de Juan José Almagro, director general de Comunicación y Responsabilidad Social de Mapfre

Entre todos (también las empresas) hemos construido consciente / inconscientemente una sociedad competitiva y narcisista, en la que los protagonistas son la fama y el dinero, y en la que cualquier procedimiento, aunque sea deshonroso, parece válido, y hemos dejado en el camino eso que se llama cultura de empresa, que debería tener y retener su papel como factor determinante en el mundo de los negocios, vinculándose a valores y personas para hacerse universal.

Los valores son la infraestructura moral indispensable de toda sociedad justa, y de cualquier organización que quiera obtener y conservar el preciado título de empresa ciudadana: aquella que, además de cumplir con su deber y comportarse éticamente, preserva y desarrolla el Buen Gobierno, trabaja por su reputación, desarrolla relaciones de equidad con todos sus grupos de interés y se compromete social, solidaria y activamente con la sociedad, integrando -como sostiene Adela Cortina- el respeto por todos los derechos humanos en el núcleo duro de la empresa y promoviendo su protección dentro de su área de influencia. Una empresa ética debe ser y percibirse como una institución de servicio público, como un bien público en palabras de Sen. Como uno es biempensante, tiene la impresión de que todavía estamos a tiempo de hacerlo posible. Tenemos una deuda social que debemos pagar entre todos, y ésa es nuestra responsabilidad. No podemos dejar escapar el futuro porque, como escribe Caballero Bonald, “quien que no tú vendrá a advertirme / que el pasado / no ha terminado de pasar”.

El lobo y las pensiones, de Alejandro Inurrieta, economista y concejal del Grupo Municipal Socialista en Madrid

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