Basura selecta

Sin Inteligencia ni Libertad (sintelib)

Esta página surge como oposición al mundo neoliberal ultraconservador, para desenmascarar las mentiras en las que se basan tales teorias, para ello proponemos lecturas recomendadas y ponemos en evidencia las mentiras del mundo neoliberal.

El mundo neoliberal está acostumbrado a publicar noticias “sin inteligencia” y a promover un mundo sin libertad (golpes de estado…)

Este Blog surge como contraposición al blog neoliberal de Francisco Capella

La marcha de los pavos reales, de Paul Krugman

Cuba, para la reflexión, de Santiago Alba Rico, escritor, Carlos Fernández Liria, profesor de Filosofía (UCM), Belén Gopegui, escritora, y Pascual Serrano, periodista

El amanecer de otra economía, de Borja Vilaseca

Las crisis no son más que puntos de inflexión en nuestra larga historia de transformaciones sociales y económicas. En realidad, son el puente entre lo que somos y lo que estamos destinados a ser.

Esta última crisis, por ejemplo, nos ha servido para darnos cuenta de que estamos evolucionando de forma inconsciente. A grandes rasgos, hemos creado un sistema que nos obliga a trabajar en proyectos en los que no creemos para poder comprar cosas que no necesitamos. Y encima pagando un precio muy alto: la progresiva deshumanización de nuestra sociedad, así como la contaminación del medio ambiente, del que ya casi no formamos parte.

Lo sucedido en 2009 también ha puesto de manifiesto que como sociedad y sistema todavía no sabemos quiénes somos ni hacia dónde vamos. Además, esta falta de propósito y de sentido nos genera un gran vacío en nuestro interior. Y por más que triunfe la cultura de la evasión y el entretenimiento, no logramos llenarlo con nada del exterior. El problema es que hemos comenzado la casa por el tejado. Nos falta lo más esencial: los pilares sobre los que sostenerla. Y la solución pasa por aprender lo que la crisis nos ha venido a enseñar.

Entre otras lecciones, nos ha revelado que la economía es como un tablero de juego que hemos incrustado sobre la naturaleza, en el que a través del dinero se relacionan e interactúan tres jugadores principales: el sistema, las empresas y los seres humanos. Y todo ello regulado por leyes diseñadas por los Estados, que a su vez están sujetas a una ley superior denominada “causa y efecto”, por la que cada individuo, organización y nación termina por recoger lo que cosecha.

Aunque el capitalismo ha demostrado su eficacia a la hora de promover crecimiento económico, ha resultado ineficiente para fomentar bienestar y felicidad en la sociedad. La negatividad, el estrés, la ansiedad y la depresión son las enfermedades más comunes de nuestro tiempo. La paradoja reside en que somos más ricos que nunca, pero también mucho más pobres. En este caso, la inconsciencia ha consistido en querer crecer por crecer, sin considerar la finalidad y las consecuencias de dicho crecimiento.

Las empresas, por su parte, se han consolidado como las instituciones predominantes. Tanto es así, que el mundo se ha convertido en un negocio orientado a maximizar el lucro de las organizaciones en el corto plazo, sin importar los medios que emplean para conseguirlo ni los efectos que su exceso de codicia ocasiona sobre los seres humanos y el planeta en el que vivimos.

Cabe recordar que desde la óptica empresarial, todo lo que está vivo es considerado como un “recurso”. Y como tal, es usado y explotado para fines mercantilistas. Eso sí, la falta de valores y de sentido ha provocado que el corazón de las organizaciones -las personas que las componen- haya dejado de latir. La mayoría de trabajadores se levanta los lunes por la mañana deseando que llegue el viernes para comenzar el fin de semana. De ahí que la improductividad derivada de la gestión mecanicista amenace la supervivencia de las compañías socialmente más irresponsables.

Nos guste o no, estas circunstancias socioeconómicas forman parte de un proceso evolutivo del que todos somos corresponsables. Y es precisamente la asunción de esta responsabilidad personal el pilar del nuevo paradigma económico que está emergiendo. Se trata de una semilla de la que está empezando a brotar la denominada “economía consciente”, cuyo objetivo es que el sistema, las empresas y los seres humanos cooperen para crear un bienestar social y económico verdaderamente eficiente y sostenible.

El primer gran reto que promueve la economía consciente es la responsabilidad social corporativa, que consiste en alinear el afán de lucro de las empresas con la humanización de sus condiciones laborales y el respeto por el medio ambiente. Otra característica es el comercio justo, que apuesta por establecer una relación comercial voluntaria e igualitaria entre productores y consumidores, de manera que todos salgamos ganando.

En paralelo, también está cobrando fuerza el consumo responsable y ecológico, que nos invita a comprar lo que verdaderamente necesitamos en detrimento de lo que deseamos, tratando de que con nuestras compras apoyemos a organizaciones que favorezcan la paz social y la conservación del medio ambiente. Por último, cada día está ganando más adeptos el ahorro consciente, que consiste en poner nuestro dinero en bancos éticos, que, a diferencia de los convencionales, sólo invierten en proyectos que realmente benefician a la sociedad.

La transformación de las empresas y del sistema siempre comienza con el cambio de mentalidad de los seres humanos. No en vano, nosotros diseñamos y ejecutamos los planes y objetivos de las empresas. Nosotros consumimos sus productos y utilizamos sus servicios. Y en definitiva, con nuestra manera de ganar dinero y de gastarlo construimos día a día el sistema en el que vivimos. Sólo al asumir que somos co-creadores del mundo que habitamos podemos decidir cambiarlo, cambiándonos primeramente a nosotros mismos. Y, lo queramos ver o no, es una decisión que tomamos cada día.

Entrevista a George F. Lowenstein, experto en comportamiento económico, por Borja Vilaseca

Cuanto más progreso económico realiza una sociedad, más infelices son sus integrantes. Estados Unidos encabeza la lista de países más ricos, pero psicológicamente es de los más enfermos. Igual le sucede al resto de economías industrializadas, cuyas sociedades están adoptando creencias y valores promovidos por el estilo de vida americano. Fenómeno que se conoce como “globalización”, un proceso por el cual el sistema de libre mercado, guiado por el obsesivo e insostenible afán de crecimiento, está dificultando a las personas desarrollar el altruismo y alcanzar la plenitud.

P. ¿Por qué somos codiciosos?

R. Porque sentimos que nuestra vida no tiene sentido, padeciendo un profundo vacío existencial. Tenemos de todo, pero ¿nos tenemos a nosotros? Así, la codicia nace de una carencia interior no saciada, y de la creencia de que podremos llenar ese vacío con poder, dinero, reconocimiento y, en definitiva, con un estilo de vida materialista, basado en el consumo y el entretenimiento. Pero la codicia no es la causa ni el problema. Es sólo un síntoma.

P. ¿Un síntoma de qué?

R. Del funcionamiento corrupto y perverso del sistema monetario sobre el que se asienta la sociedad occidental y, poco a poco, el resto de países y economías. Hemos nacido en un entorno que nos ha condicionado para ser competitivos y productivos, para ganar dinero y comprar todo tipo de bienes y servicios que en realidad no necesitamos. Hoy día, las leyes que rigen la economía fuerzan a los individuos a engañarse y estafarse unos a otros en la interacción que se realiza diariamente en el libre mercado. Estudios científicos demuestran que este entorno promueve la corrupción en detrimento de la honradez y la decencia.

P. ¿Qué les pasa a quienes sucumben a la codicia?

R. Quienes cruzan la línea una vez, tenderán a cruzarla una y otra vez. La persona codiciosa se engaña; siempre halla excusas para justificar sus actos. El hecho de que los demás lo hagan ya es suficiente para hacerlo. Sin embargo, la sombra de su conciencia moral les persigue de por vida. Al corromper su alma y traicionar sus valores intrínsecamente humanos, por más que tengan y consigan, se sentirán vacíos e infelices.

P. ¿Qué medidas se pueden tomar para frenarla?

R. Mientras tu toma de decisiones como profesional tenga relación directa con tu beneficio económico personal, tenderás a corromperte. Sin embargo, no hay nadie más rico que quien sabe saciar sus verdaderas necesidades. Ponerse un tope en el salario, acorde con estas necesidades, es un principio de integridad, que permite aflorar una cualidad innata, latente en el corazón de cada ser humano: la generosidad. La verdadera riqueza y felicidad se genera al dar, no al recibir.

11 Responses to Basura selecta

  1. sintelib dice:

    Hombre, se agradece la publicidad

  2. Gordopilo dice:

    ¡Uff! Lo primero es de traca, y viene cargadito al estilo de “Rebelión.aaarrrrghhh.” Eso no es basura, Francisco. Eso son residuos neurotóxicos.

  3. Lo mejor es que su autor se creerá muy listo por el nombre que le ha puesto al blog… pero el caso es que el internauta llegará a un blog de extrema izquierda cuyo nombre es “sin inteligencia ni libertad” y pensará: “qué alarde de sinceridad”…

  4. Alarico dice:

    Sin inteligencia ni libertad. Una descripción perfecta de lo que son. También lo podían haber titulado idiotas sin complejos, o ignorantes sin remedio.

  5. Admítelo, Paco. El blog es tuyo.

  6. Lord Hinkel dice:

    Un blog con tan poca personalidad no puede llegar muy lejos, y encima con ese contenido tan pueril y tan progre ya ni te cuento.

    Felicidades Paco, menudo archi enemigo te ha salido, tu nemesis es de un brillante que ciega ja ja

  7. Mary White dice:

    Enhorabuena, Paco. Siempre reclamo que expliques las cosas pero visto lo visto surtes el efecto deseado con la mínima expresión y el mínimo esfuerzo. ¡Eres un crack!

  8. Sonam dice:

    En cambio, yo creo que lo más selecto de la basura selecta es la entrevista a George F. Lowenstein. Sintelib es un pozo de conocimiento al lado de la apoteosis egomaníaca (¡yo es que soy tan bueno!) de ese señor y de quien le entrevista.

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