Pensamiento verde

Efectivamente, pensamiento inmaduro.

Según Anatxu Zabalbeascoa:

La crisis económica ha destapado barrios enteros de edificios vacíos cimentados en la especulación, paisajes destrozados por la codicia y un modelo de desarrollo insostenible. Sin embargo, el desastre podría ser el detonante para lograr un cambio de valores y un mundo más verde. La oportunidad de repensar el planeta empieza en nuestra casa. Gestos mínimos y actitudes individuales pueden llegar a cambiar la faz de la Tierra por la fuerza de los hechos.

Qué mala es la especulación y la codicia, qué mal se entienden y cómo sirven para sermonear y culpar de todo a los malos malosos sin nombrarlos en concreto con nombres y apellidos. ¿Un paisaje se destroza cuando se construyen edificios? ¿Los cambios de valores van a ser libres y no violentos o se va a respetar a quienes tienen valores diferentes? ¿Hay alguna mente capaz de pensar todo el planeta? ¿Un mundo más verde es necesariamente mejor? ¿Según la valoración de quién?

Según Alex Rovira, profesor de ESADE y autor de “La buena crisis”, es necesaria una visión más ecológica del mundo y la expansión de la conciencia. Todos a meditar, aunque tal vez para introducir en la conciencia conceptos y percepciones que no coinciden con sus propuestas.

Estamos en esta situación porque comprábamos cosas que no necesitábamos, para impresionar a gente que no conocíamos o no nos caía bien, y avalando con activos cuyo valor no era el que creíamos. Todo era una gran mentira y estamos pagando las consecuencias. La Tierra es el cuerpo que nos alberga y nosotros somos su consciencia, pero nos habíamos convertido en su cáncer. La clave es la responsabilidad: si encendiste, apaga; si consumiste, recicla… Hay que completar la acción, respetar el medio y a las personas.

Como habla en primera persona del plural, se está acusando a sí mismo, por lo cual resulta sorprendente que ahora quiera dar lecciones. Pero ¿quiénes son los demás a quienes incluye en su discurso? ¿Qué diferencias hay entre querer, desear y necesitar? ¿Sólo se necesita pan, agua, algo de vestir y poco más? ¿Prescindimos de la cultura y el arte por superfluos? ¿Es malo aspirar a más, a mejor calidad y más cantidad? ¿Realmente hay gente tan tonta que quiere impresionar a quienes no les caen bien? Porque lo de la búsqueda del estatus sí que es consustancial al ser humano, frente a conocidos y desconocidos, y va a ser difícil de cambiar porque está en nuestros genes. Acierta en la valoración inadecuada de los activos. Lo de la conciencia y el cáncer de la Tierra es una memez que se repite mucho. ¿Siempre merece la pena reciclar? Muy bien lo de respetar a las personas: sobre todo sus derechos de propiedad y su libertad. Y a ser posible su inteligencia.

Jordi Pigem, doctor en Filosofía, y autor de “Buena crisis. Hacia un mundo posmaterialista”, describe un mundo en el que ha imperado la razón por encima del cuerpo y las emociones, el ser humano por encima de la naturaleza y el hombre por encima de la mujer.

Ahora toca cambio, y eso atañe a nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Ni el egoísmo ni la codicia funcionan. La tendencia que está creciendo con más rapidez en estos momentos es la de la generosidad, se manifiesta en la banca ética, en la cantidad de ONG que funcionan en el mundo, en el comercio justo, en redes sociales preocupadas por compartir… y todo se articula dentro de una visión del mundo en el que las personas no estamos por encima de la naturaleza. No se puede volver a donde estábamos porque no es sostenible.

Otra vez el egoísmo y la codicia. El crecimiento de los muy mal llamados banca ética y comercio justo son de momento testimoniales. Muchas ONGs son entre prescindibles y nocivas.

Según Domingo Jiménez Beltrán, que fue director general de Medio Ambiente con la ministra Cristina Narbona y primer director del Observatorio de la Sostenibilidad en España:

Todo el mundo sabía que teníamos un modelo de desarrollo de corto recorrido que ha generado beneficios, pero no para todos. Se han privatizado las ganancias y hemos socializado las pérdidas.

Otro listo que conoce a todo el mundo y sabe lo que piensan. Qué raro que siendo todos tan sabios y previsores, tantos picaran en las burbujas financieras e inmobiliarias. Lo de la socialización de las pérdidas ¿no tendrá algo ver con la intervención estatal coactiva?

Mientras el PIB crece al ritmo del 4%, a los políticos les da miedo decir que eso lleva al desastre porque piensan que hacerlo va a frenar abruptamente la inversión. Todo el mundo se había puesto como meta que la burbuja, antes de que llegara a estallar, se desinflara suavemente. Ahora no vale lamerse las heridas. Hay que aprovechar la crisis para salir de ella con un modelo de desarrollo reforzado.

De nuevo sale todo el mundo, esto es una obra coral con coro universal. Ese modelo de desarrollo ¿está en la mente de algún planificador central?

El filósofo Jorge Riechmann asegura que los efectos de nuestras acciones llegan muy lejos en el tiempo y en el espacio, comenzando por actos de consumo tan básicos como comer y beber.

Una dieta  predominantemente vegetariana reduce notablemente nuestro pisotón  ecológico. En cambio, una  dieta rica en carne y grasas animales multiplica nuestro impacto sobre los ecosistemas y reduce las opciones vitales de muchos seres humanos. Deberíamos acostumbrarnos a ver las invisibles mochilas ecológicas que arrastran consigo los bienes de consumo.

De la huella ecológica pasamos al pisotón ecológico. Comer carne quizás amplíe las opciones vitales de muchos seres humanos. Las mochilas ecológicas se conocen como externalidades, y en la medida en que sean agresiones pueden resolverse con un marco institucional adecuado y no con sermones.

Vuelve Domingo Jiménez:

Mucha parte del falso desarrollo económico español se ha hecho a cuenta de destrozar activos importantes, como las Tablas de Daimiel. La especulación es la prueba más grande de la ignorancia. Nos hemos descapitalizado en conocimiento. La prueba es el abandono escolar en España, más frecuente en las áreas de costa con desarrollo especulador.

¿Y cuál es el valor de ese activo para decidir si merece la pena mantenerlo y a qué coste? ¿Cómo es que la especulación prueba la ignorancia? ¿Se refiere a la nula formación financiera de los ciudadanos, a su desconocimiento de las teorías de los ciclos económicos? El abandono escolar ¿no tendrá más que ver con la deplorable calidad de la enseñanza pública a cargo del Estado, esa que es tan buena que hay que hacerla obligatoria?

Jiménez tiene una vivienda energéticamente autosuficiente que produce energía fotovoltaica y eólica y en la que se desala agua para regar una pequeña huerta. “Cuando algún vecino me pregunta si me salen las cuentas de la inversión, le pregunto yo si le salen a él las de su Porsche. Depende de las prioridades”. O sea que seguramente ha recibido cuantiosas subvenciones a cargo de los demás, esos que quizás no todos tengan un Porsche. “Si hay que dar la bienvenida a la crisis es porque ha dado la cara a todos los vicios que tenía el sistema y nos abocaban al desastre seguro. Eso sí, el vuelco al sistema tiene que ser total”. Llamando a la revolución.

Según Deyan Sudjic, director del Design Museum de Londres, “tras constatar lo cerca que nos han llevado nuestras costumbres de consumo compulsivo de los límites de los recursos mundiales, hoy el mayor lujo podría ser liberarnos de vivir con tantas cosas”. Él y unos cuantos más son consumidores compulsivos incapaces de “liberarse” de vivir con tantas cosas: yo le ayudaría gustoso en su tarea de desprendimiento. Lo de los límites de los recursos naturales, la misma tontería de siempre.

De nuevo Jorge Riechmann: “El pensamiento de inspiración ecológica lleva cuatro decenios insistiendo sobre una obviedad: ningún sistema económico puede crecer indefinidamente dentro de una biosfera finita. ¿Hasta cuándo nos obstinaremos en perseguir imposibles?

No entienden (les es obviamente imposible) que el crecimiento económico es en valor, no necesariamente en cantidad. Se trata de recombinar la realidad según las preferencias de los seres humanos, y mientras haya materia y fluya energía la combinatoria permite límites muy lejanos. La biosfera es finita, pero los seres humanos no sólo consumen como depredadores sino que también producen.

El ingeniero donostiarra Jesús Gasca quiere “recuperar la localización”, o sea básicamente caerles bien a sus vecinos. No fabrica en China, y no quería prescindir de sus trabajadores locales porque “¿Y quién comprará mis sillas si los trabajadores se quedan sin trabajo?”. ¿Sólo compraban sillas sus propios trabajadores? ¿Los trabajadores chinos no pueden comprar sus sillas? ¿Si son demasiado caras para ellos no podría bajar el precio fabricándolas a menores costes en China? Gasca se muestra “a favor de la globalización, pero absolutamente en contra de la deslocalización”. O sea que nunca cierre una fábrica aunque la producción pueda ser más económica en otro sitio.

Riechmann no descansa:

No podemos pensar el consumo separado de la producción. Nuestro problema de fondo es una organización de la economía donde la acumulación de capital (y la búsqueda de beneficio que lleva consigo) son los fines, y el bienestar de las personas o la salud de los ecosistemas se dan, cuando se dan, por añadidura, como una especie de accidente.

Tanta tontería procedente de una amigo de la sabiduría… Las personas son tontas que consiguen bienestar de forma accidental, acumulan capital no por su productividad sino para valorarlo en sí mismo, y los beneficios lo mismo.

Pedro Rubio, responsable del área de medio ambiente de La Casa Encendida: “La ley obliga a las compañías eléctricas a comprar a los vecinos la energía producida por sus placas solares”. Podemos estar bien orgullosos de esta ley. También hay otra que obliga a comprar carbón español de las cuencas mineras que llevan decenios chupando de la teta del Estado. Todo muy verde, aunque tal vez verde oscuro.

2 Responses to Pensamiento verde

  1. Don Bernardino dice:

    Y aparte de diseccionar y destrozar un magnífico reportaje de El País; de hacer chanzas dignas de barra de taberna acerca de reputados especialistas, sin aportar ni un solo argumento, ¿me podría decir este “ilustre pensador independiente” qué tiene en contra de que tratemos de mantener un planeta más “verde” y sostenible? Me gustaría conocer sus razones, a lo mejor hasta me convence de que los sistemas insolidarios, contaminantes y autodestructivos son más convenientes.

    • Francisco Capella dice:

      Magnífico reportaje: valoración subjetiva suya. Tiene alguna parte aprovechable y mucho tópico y falacia.

      Reputados especialistas: seguro que usted tiene la calificación como para clasificarlos así.

      Chanzas dignas de barra de taberna: lo que usted quiera.

      Ni un solo argumento: tal vez debería volver a leer y pensar un poco más.

      Pensador independiente sí, lo de ilustre lo añade usted, muchas gracias.

      No tengo nada en contra de tratar de conseguir un planeta más verde y sostenible. Pero quizás lo de la preferencia por lo verde no es universal, y quizás los intentos no sólo sean fallidos sino destructivos.

      No propongo contaminación (agresión a la propiedad ajena) ni autodestrucción. Y la solidaridad, mejor libre y voluntaria.

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