Lidia Falcón quiere la abolición de la prostitución

Lidia Falcón, feminista liberticida, se pregunta “Qué hacer con la prostitución”. Al parecer su abuela “luchó por organizar a los trabajadores en defensa de sus intereses y contra las explotaciones del capital a través del cooperativismo y el sindicalismo”. Los trabajadores tienen intereses y cooperan; el capital (tal vez no los capitalistas) explota. Idioteces marxistas en estado puro.

La abuela también luchó por “la abolición de la prostitución”, “esa infame actividad”, “esa infame esclavitud”. No queda claro si se refiere a que todos los esclavos se prostituyen (y quizás alguna persona libre también lo hace) o a que todas las personas que se dedican a la prostitución son esclavos (pero quizás hay esclavos que no lo hacen). Lo de infame seguro que no representa una valoración personal subjetiva: nadie debería valorar la prostitución de otra manera diferente según ella.

Falcón cree que parte de la visión de los defensores de la prostitución como una actividad libre es que:

Según esta visión del problema, mientras los hombres sigan necesitando mujeres para liberar a todas horas sus irreprimibles instintos sexuales, será bueno que haya prostitutas. Y como los vecinos de los barrios afectados están hartos de que los clientes se sirvan de aquellas en plena calle, habrá que estabularlas en burdeles y prostíbulos, fuera de la visión de niños y gentes de orden.

Instintos sexuales irreprimibles a todas horas: qué desenfreno erótico y cuánta resistencia para la actividad sexual; realismo pornográfico puro. Lo de pretender que no se abuse de las calles como espacios comunes para el tránsito no parece equivalente a querer “estabular” a nadie en “burdeles y prostíbulos” (cuya diferencia por cierto desconozco). Los trabajadores que realizan sus tareas en fábricas, o en despachos, no suelen denominarse “estabulados”. Quizás Falcón no sea una pensadora ecuánime; tal vez ni siquiera sea especialmente inteligente y ducha con el lenguaje.

Damos por supuesto que las africanas, las latinoamericanas, las europeas del Este, se pasean por nuestras calles y se ofrecen en los clubs libremente porque eligieron esta opción, contentas de tener un puesto de trabajo. Y también, mientras tanto, aceptamos que hay unas mujeres que sirven para eso –que, por supuesto, no somos ni nosotras ni nuestras madres ni nuestras hijas–, porque los hombres necesitan carne femenina para sus desahogos sexuales y nadie debe inmiscuirse en las transacciones consentidas entre las personas en un país de libre comercio.

O sea que ella (y algunos más no identificados) dan todo eso por supuesto: qué poca capacidad para la observación; obviamente hay trata de mujeres por las mafias para la prostitución. Olvida que quizás no todos los hombres “necesitan carne femenina para sus desahogos sexuales”; algunos quizás recurran a carne masculina, y otros tal vez no utilizan los servicios de las meretrices. También olvida mencionar que quizás hay mujeres que no son trabajadoras sino clientas de la prostitución: qué curiosa omisión.

Pero es verdad que “nadie debe inmiscuirse en las transacciones consentidas entre las personas en un país de libre comercio”: se llama libertad, un concepto que le es completamente ajeno. Y desgraciadamente algo poco común en el mundo actual profundamente intervencionista.

Como, de momento, la prostitución no se va a abolir, sin que por lo menos yo entienda por qué, mientras tanto, podemos habilitar enormes edificios donde encerrar a las prostitutas para que su presencia no sea visible, hacerles pasar controles sanitarios semanales, cobrarles impuestos y cuotas de la Seguridad Social y dejarlas inermes a la disposición de proxenetas, chulos y clientes, allí donde nadie sabrá qué les sucede. Buena solución para la mala imagen de la ciudad, que ya el Ayuntamiento de Barcelona está habilitando, y que colmará los mejores deseos de las mafias de la prostitución.

No sorprende gran cosa que ella no entienda por qué. Sus entendederas son así y no dan para mucho más. Lo de encerrar a las prostitutas ¿es para no dejarlas salir nunca? ¿O a qué se refiere con eso de encerrarlas? ¿Pasar controles sanitarios es malo? Cobrar impuestos sí, eso es feísimo. ¿Todas las prostitutas están “inermes a la disposición de proxenetas, chulos y clientes”? ¿Es que todos son violentos? ¿No hay ninguna prostituta que gane dinero para sí misma sin coacción ajena? ¿O es que estas últimas sólo pueden ser las que ejercen en la calle y no están encerradas, con controles sanitarios y todo lo demás? Lo de que nadie sabrá qué les sucede suena muy dramático pero poco realista: ¿no hemos quedado que van a tener controles sanitarios, que van a pagar impuestos y demás peajes estatales?

Y ya que, según el Gobierno, es imposible aprobar la abolición que el feminismo exige en España desde hace 150 años (en tal reclamación llevamos mucha anticipación a Suecia –aunque nuestro esfuerzo haya obtenido menos resultado–, cuando desde Concepción Arenal hasta mi abuela esa era la única opción posible para los defensores de la libertad de todos los seres humanos), es mejor que, mientras tanto, las mujeres prostituidas entren en el censo de los trabajadores y quizá hasta se creen cursillos de formación profesional como para otros oficios.

Lidia Falcón habla en nombre del feminismo. No hay otro feminismo posible, al menos en España. Las feministas liberales (o liberales feministas) no existen. Y es que hay gente que lleva muchos años, quizás toda su vida, reclamando: quizás no saben hacer otra cosa; tal vez les cuesta mucho pedir por favor, u ofrecer alguna idea sensata.

5 Responses to Lidia Falcón quiere la abolición de la prostitución

  1. Doctor Cornicantano dice:

    Intuyo que esa mujeruca tiene un grave problema sexual, como tantas y tantas feministas militantes, y prentende desahogar su frustración intentando evitar la satisfacción sexual del macho. Como ella no se come un rosco por razones obvias y ve que los machos pagamos gustosamente por retozar con cimbreantes brasileñas, con ardientes cubanas, con lujuriosas eslavas … su frustración se vuelve insoportable y pretende que aquí nos fastidiemos todos. Su postura es: “las feministas somos un colectivo de amargadas que no fornicamos porque ningún hombre normal soporta nuestra mala leche y no queremos ver cómo los hombres disfrutan con otras mujeres más femeninas que nosotros, aunque sea pagando”.

  2. lmargol dice:

    Una señora muy simpática que dice un montón de tonterías. No te enteras, guapo, las libero-feministas son en realidad misóginas, y si además son heterosexuales, homófobas. Chico, por dios, no estás al día :-)

  3. Ijon Tichy dice:

    Uno propondría abolir la ley de la gravedad.

    Ya puestos a ir en contra de la naturaleza…

  4. mujer pensante dice:

    Vaya lugar de patéticos reaccionarios, porke seguro ke sois todos hombres y ni idea de historia ni de feminismo ¿no?.
    Con estos pensamientos androcentristas provocareis que todas y todos nos hagamos hembristas!!

  5. Livi dice:

    leed a Dolores Juliano y contais

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