Dominique Strauss-Kahn, el FMI y la estabilidad financiera

20/09/2009

Según Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI):

La crisis financiera ha sido un acontecimiento catastrófico, pero creado por la mano humana. La lección que tenemos que aprender es que incluso una economía de mercado necesita alguna regulación porque, de otro modo, no puede funcionar. Todas esas ideas sobre la liberalización (que una mayor liberalización siempre es mejor y que el mercado es capaz de resolver todos los problemas) están muy bien sobre el papel, pero no funcionan en la realidad.

¿Desvergüenza total o ignorancia suma? Una economía de mercado libre tiene por definición dos reglas universales fundamentales: respetar la propiedad privada y cumplir los pactos contractuales. Los contratos permiten generar más reglas que afecten a las partes implicadas, de modo que es posible tener tanta regulación como se desee, siempre que se respete la norma de que las reglas se proponen desde abajo y no se imponen desde arriba, que es lo que pretenden políticos, burócratas y tecnócratas.

Una mayor liberalización siempre es mejor, sobre todo si es auténtica. Pretender que el sector financiero está liberalizado es ridículo. Organismos como el FMI no son ejemplos de libertad sino de intervencionismo estatal y supraestatal.

El mercado no es capaz de resolver todos los problemas simplemente porque las capacidades de sus participantes, los seres humanos, son limitadas. Pero el mercado es la mejor alternativa para resolver eficientemente los problemas: de forma descentralizada y competitiva; mediante búsquedas, ensayos, aciertos y errores; y de acuerdo con las preferencias y las capacidades de los seres humanos.

En el pasado, muchos países procuraban no hacer tratos con el FMI porque no les gustaban las normas y condiciones inherentes a nuestros préstamos. Después de las crisis de Asia y Latinoamérica acumularon enormes reservas de moneda. Esto es comprensible desde un punto de vista político, pero es malo para las respectivas economías y malo para la economía mundial, porque ese dinero no se pone en circulación, sino que está prácticamente inmovilizado. Sería mucho mejor tener una red de seguridad financiera coordinada por el FMI a la que pudiesen recurrir los países con dificultades financieras.

No pretendo decir que los países tengan que estar asegurados al 100% y no deban acumular ninguna reserva. Pero sería lógico recurrir al FMI como rescatador mundial. Eso ahorraría muchos recursos nacionales y contribuiría a generar estabilidad en el sistema económico mundial.

Así que acumular reservas es malo: sólo es bueno el dinero que circula. Parece que se ha olvidado que el dinero surge evolutivamente como depósito de valor (o reserva), que es una de sus cualidades esenciales, permitiendo a sus dueños utilizarlo cuando consideren oportuno. Cuando el dinero se usa como medio de intercambio se incrementa el PIB (agregado estadístico muy problemático), lo que hace muy felices a los políticos, que protestan cuando la gente no moviliza su dinero lo suficiente (según sus preferencias): por eso recurren a diversas intervenciones para evitar que los ciudadanos atesoren su dinero. Se olvida que la actividad económica sirve para satisfacer los deseos de los participantes: si voluntariamente prefieren acumular reservas sus motivos tendrán, tal vez no encuentran opciones atractivas para gastar su dinero o quizás desconfían del futuro y quieren un colchón de seguridad.

Obviamente no es lo mismo que un individuo (o un banco privado, o una empresa) acumule reservas que sea un país que ha nacionalizado coactivamente su sistema monetario quien lo haga. La solución a los problemas financieros de los países no es “Una especie de seguro mundial contra crisis financieras globales”, el colmo del disparate planificador y centralizador al máximo nivel. No es lógico proferir estupideces como que el FMI debe ser un “rescatador mundial” y que proporciona “estabilidad en el sistema económico mundial”. La estabilidad económica y financiera no se consigue pasando de los organismos estatales a los supraestatales, sino desnacionalizando y liberalizando de verdad el dinero y la banca.


No impact man, not much brain man

20/09/2009

Colin Beavan, “No impact man”, es un “progre con complejo de culpa que intenta salvar el planeta”. Se propuso vivir un año sin electricidad, sin comida preparada ni servida a domicilio (sólo consumió comida producida localmente), sin pañales de usar y tirar para su hija pequeña, sin papel higiénico y sin salir de su ciudad para descubrir si es posible vivir reduciendo al mínimo la cantidad de residuos y efectos nocivos para el medio ambiente generados por el consumo personal. Y no sólo eso, ahora quiere contarlo y captar prosélitos.

Nos educan pensando que la felicidad consiste en acumular cosas. Pero el día a día del experimento me enseñó que son las relaciones humanas lo que realmente me hace sentir bien. Además, comencé a leer sobre psicología de la felicidad. Una vez que tienes tus necesidades básicas cubiertas, cuando tu salario llega a unos 35.000 euros al año, todo lo que le añadas no aumenta tu calidad de vida. Pero, claro, eso nadie te lo dice. Te convencen para que trabajes sin parar para que ganes más dinero para poder seguir consumiendo, y resulta que lo realmente importante, estar con familia y amigos, lo descuidas.

¿Quién le ha educado tan mal? ¿Está acusando a sus padres o a sus profesores? Las relaciones humanas pueden proporcionar felicidad, pero también son fuente de desdicha, no son siempre un cuento de hadas. Curiosamente los psicólogos a veces recomiendan contra la depresión el salir a comprar algún capricho.

Beavan parece creer que su experiencia personal es extrapolable a todo el mundo, y que un salario tope determinado es ideal, de modo que mayores ingresos no mejoran en nada la calidad de vida, en contra de las preferencias demostradas por millones de seres humanos. Asegura que nadie le dice algo que acaban de decirle: ¿no sería mejor aclarar que nadie se lo había dicho a él hasta entonces?

¿Quién le ha convencido para que trabaje sin parar? ¿No estará intentando excusarse con inexistentes o dudosas influencias externas por sus pasadas decisiones personales que ahora cree equivocadas? Estar con familia y amigos ¿es lo único realmente importante? ¿Volvemos a las tribus pequeñas primitivas donde estamos todo el rato juntos y somos felizmente pobres?

Según la reportera, “Beavan creció pensando, como muchos de sus compatriotas, que la libertad de un país se mide en función de la cantidad de productos a elegir en el supermercado”. Otro que confunde riqueza con libertad: suelen ir asociadas, pero no son lo mismo. Parece que su mujer descubrió que “renunciar a algunas de sus debilidades la convertía de hecho en una persona más feliz y más sana”. Esto nos pasa a todos, solo que nuestras debilidades son diferentes: lo que para uno es un lastre para otro es una fuente de placer (la televisión, por ejemplo).

Según Beavan “El planeta está al borde de un cataclismo” y “es esencial que la gente dé pasos individuales para salvar al planeta. Lo único que tenemos para contrarrestar el poder de la industria energética que quiere mantener el statu quo es gente”. La misma moralina supersticiosa de siempre de las catástrofes y la salvación. Viva la gente ecoactivista o ecofanática que lucha contra la malvada industria energética.

Cada uno de nosotros tiene que contribuir al cambio, lo que pasa es que somos muy autocomplacientes.

A sus órdenes, faltaría más. Hay que, es necesario, todos tenemos que. Pero somos muy comodones, o quizás es que nos están intentando colar una gran mentira para manipularnos y no están respetando nuestras preferencias reales. Porque en realidad se trata de “convencer a toda esa gente, de que el coche o los pañuelos de papel son lujos que deberíamos aprender a tratar como tales y no como artículos de uso diario e imprescindible”. No hay valoraciones subjetivas, sino sólo necesidades o lujos objetivos.

Hay que demostrarles que consumir no les hace más felices. Es una cuestión cultural, así que hay que comenzar por cambiar nuestra cultura de consumo. Mi hija tiene ahora cuatro años y no quiere consumir. Creo que las personas no tenemos ese instinto de acumular cosas. Nos lo enseñan porque nuestras economías dependen del consumo.

¿Hay que demostrárselo como si fuera un axioma objetivo igualmente válido para todos? Resulta que a algunos tal vez sí les hace más felices consumir. No es algo simplemente cultural, puede tener que ver con el afán instintivo de superación de la especie humana, que tiene parte de dependencia de cosas materiales.

Su hija está copiando su actitud ante la vida, y esa debe ser toda la extensión de la evidencia empírica que le lleva a sus peculiares creencias.

Las economías intervenidas por la nefasta influencia keynesiana dependen del consumo: las economías libres dejan que cada cual consuma o no según sus preferencias siempre que respete los ámbitos de dominio de los demás.

Desde la Quinta Avenida de Nueva York y sin un trabajo real conocido, Beavan nos recuerda que “Medio planeta vive sin papel higiénico. Se lavan con agua”. Ni siquiera se plantea que tal vez preferirían lavarse con papel higiénico, a ser posible suave y aromatizado.


Tonta analogía sobre el cambio climático

20/09/2009

Según Rafael Méndez, periodista:

El secretario de Energía de EE UU, el premio Nobel Steven Chu, definió el problema del cambio climático como pocos: “Imaginemos que un electricista te dice que tienes un fallo en la instalación eléctrica y hay un 50% de probabilidades de que tu casa se incendie en los próximos años a no ser que te gastes 20.000 dólares. Puedes hacer dos cosas: cambiar la instalación o seguir buscando electricistas hasta que uno entre un millar te diga la respuesta que deseas: ‘No pasa nada, tu familia está segura’. La elección es obvia. Al menos cuando se trata de tu casa.”

Efectivamente Chu es premio Nobel, pero de física, no de economía, y su especialidad no tiene nada que ver con el clima. No son precisamente pocos los que definen tan penosamente mal el presunto problema del cambio climático. Si un electricista te da un diagnóstico tan catastrófico, parece natural buscar una segunda opinión, sobre todo de alguien imparcial que no sea potencial receptor de esos 20,000 dólares; no se nos informa de cuánto vale la casa, y así es difícil estimar si las gastos en su seguro merecen la pena o no. Chu parece insinuar que la Tierra va a sufrir una catástrofe mortal con un 50% de probabilidades (un número muy preciso, casualmente justo la mitad, y completamente irreal) en los próximos años (una fecha un tanto abierta y difusa); y quizás pretende que los escépticos y críticos son uno entre mil, lo cual es totalmente falso. Véase Bjorn Lomborg y el Consenso de Copenhague.

Inspirado por la memez de Chu, el periodista se lanza al ataque:

Los Gobiernos del mundo, sin embargo, siguen buscando fórmulas para retrasar, o al menos mitigar, la necesaria reparación contra el calentamiento global y evitar que la temperatura del planeta suba más de dos grados, lo que causaría una interrupción peligrosa con el clima.

Una interrupción peligrosa con el clima: el juntaletras parece tener serios problemas con el lenguaje, sobre todo con las preposiciones. O quizás quiere realmente decir chapuceramente que el clima se va a parar…


Francesc Reguant defiende la agricultura europea

18/09/2009

Francesc Reguant, presunto economista experto en temas agrarios, asegura en ‘Contra el hambre, agricultura en Europa’:

A fuerza de ser proclamadas unánimemente, algunas afirmaciones se convierten en axiomas, en verdades indiscutibles. Pero la historia ha enterrado muchas de esas verdades evidentes y me atrevo a predecir cuál será una de las próximas: la idea de que el proteccionismo agrario –sin matices– de los países desarrollados es un gran freno al desarrollo de los países no industrializados.

La ignorancia es atrevida: atrévete a mostrarla sin miedo, Francesc.

Cuando se plantea una mayor liberalización, la agricultura surge siempre como actor en discordia. Uno de los protagonistas del fracaso de hace un año de la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC) fueron las cláusulas de salvaguardia de los productos agrícolas. Las posiciones intransigentes partieron de la India y no de los países desarrollados, entre ellos la Unión Europea y su política agrícola común.

Seguro que es cierto y todos nos creemos que la Unión Europea no pone ninguna pega a la liberalización agrícola. Los grupos de interés agrícola en Europa no tienen ningún poder. Los malos, como cuando jugábamos a los vaqueros, ahora resultan ser los indios.

Probablemente, la producción de alimentos sea algo demasiado sensible como para abandonarlo a la mano invisible del mercado.

Qué exquisita es la sensibilidad de la producción de alimentos, que no puede ser libre y competitiva, que necesita la protección coactiva del puño bien visible de papá Estado. Aunque sólo probablemente.

Si se produjera una brusca desprotección de las agriculturas desarrolladas, los resultados podrían ser totalmente perversos. Teniendo en cuenta los costes diferenciales (por la calidad, por las exigencias sanitarias y medioambientales) de la agricultura europea respecto de las de países menos desarrollados, la desprotección produciría una fuerte caída de la oferta agrícola europea, un abandono masivo de la actividad (las dificultades actuales de la agricultura europea pueden ser un síntoma real de ello).

Resultados perversos… ¿para quién? Tal vez para los agricultores, acostumbrados durante muchos años a vivir de la subvención, ahora dependientes e incompetentes. La calidad de un producto se consigue fácilmente en un mercado libre, pero no se impone por decreto: son los consumidores quienes deciden cuánta calidad están dispuestos a pagar a según qué precios. Los productores que se empeñen en ofrecer más calidad que la que el mercado reclama tenderán a desaparecer. La solución es ser competitivos, y el que se busque la protección legal contra otros competidores potenciales revela el fracaso propio.

Dado que Europa es un gran productor de alimentos, la consecuencia sería un alza brusca de los precios agrícolas en el mundo y una desviación del comercio hacia los países con mayor poder adquisitivo (Europa, entre ellos), con el resultado paradójico de nuevas carestías en los países menos desarrollados, los beneficiarios teóricos del fin de las subvenciones a los agricultores de la UE. El ajuste sería largo y doloroso, con secuelas y resultados indeseables.

Nadie obliga a los agricultores europeos a abandonar su actividad: pero no pueden hacerlo a costa de los demás ciudadanos europeos ni aprovechando las barreras comerciales levantadas contra los agricultores de otros países. La producción europea de alimentos es muy cara: si desapareciera, seguramente sería sustituida por la producción de otros países a precios más bajos. Además así Europa dejaría de descargar excedentes sobre países no desarrollados que destruyen sus sectores agrícolas.

Aunque la actual crisis económica ha desactivado el boom de precios agrícolas, es necesario recordar que las causas que lo produjeron siguen todavía latentes. De hecho, la guerra de los alimentos del siglo XXI ya ha comenzado. La prensa se ha hecho eco de las compras estratégicas de terrenos agrícolas en países menos desarrollados, por parte de países emergentes, para garantizar el aprovisionamiento futuro.

No se nos explica cuáles son esas causas del alza de los precios agrícolas, pero se nos asusta con una “guerra de los alimentos del siglo XXI”: nos vamos a tirar los pepinos y las lechugas a la cabeza… Bueno, no, resulta que el indicador de los movimientos bélicos es… ¡la compra de terrenos agrícolas!, algo enormemente agresivo e inaceptable.

El mundo no puede prescindir de la producción agrícola europea, ni Europa puede renunciar a unos grados determinados de autoabastecimiento alimentario ni de los beneficios y servicios aportados por una agricultura local viva.

Hay que tener muy poca vergüenza para defender con tanto descaro a un grupo de interés tan nocivo y parasitario como los agricultores europeos: “el mundo no puede vivir sin nosotros”. El grado de autoabastecimiento de cualquier país puede determinarse de forma espontánea mediante mecanismos de mercado libre (precios, beneficios y pérdidas), y no mediante las rimbombantes declaraciones de tecnócratas endiosados que pretenden hablar por todo un continente.

La seguridad alimentaria mundial debe situarse en primer lugar. Estoy de acuerdo con Sirkka-Liisa Anttila, ministra de Agricultura y Bosques de Finlandia, cuando afirma: «El único camino a través del cual la Unión Europea puede ayudar a erradicar el hambre en el mundo es asegurando que su propio potencial productivo se mantiene adecuadamente».

Francesc Raguant no está solo en su estupidez: así que sólo si nos autoabastecemos podremos ayudar a erradicar el hambre en el mundo dándoles a los pobres nuestros excedentes, logrando así mantenerlos dependientes de nuestras limosnas e impidiendo que desarrollen sus economías. Europa, potencia cultural, tecnológica, científica, industrial… y también agrícola. Si es que aspiramos a todo y no dejamos nada para los demás. Adiós a la especialización y al comercio mundial.

Y el camino del sostenimiento de la agricultura europea pasa indefectiblemente por un cierto grado de protección y regulación de los mercados agrarios. Los argumentos no proceden de razones paternalistas próximas a la beneficencia, ni de subterfugios justificativos más allá de la actividad productiva. Las razones son de interés general por la importancia estratégica de la agricultura, como sector básico de futuro. Tengamos en cuenta que en el escenario del siglo XXI la agricultura juega del lado de las soluciones, tanto en el ámbito alimentario como en los de la energía y el medioambiente.

El interés general y la importancia estratégica: las grandes palabras vacías de los necios que ocultan sus ataques a la libertad asegurando que no están perpetrando subterfugios justificativos, qué va.

Respecto a energía y agricultura, igual está sugiriendo los subsidios al etanol como combustible: una gran idea, seguro, para acabar con el hambre en el mundo matando a los hambrientos.


Disparates de Pedro Casaldáliga

18/09/2009

Respecto a la ecología, afirma Pedro Casaldáliga, obispo emérito:

El tema es nuevo, pues, y desesperadamente urgente. Acabamos de descubrir la Tierra, nuestro Planeta, como la casa común, la única que tenemos, y estamos descubriendo que somos una unidad indisoluble de relaciones y de futuro.

Alarmismo y colectivismo: repetición acrítica de tópicos sobre el cambio climático y misticismo unificador colectivista.

La última gran crisis, hija del capitalismo neoliberal, embrutecido en la usura y en el despilfarro, que ha ignorado cínicamente tanto el sufrimiento de los pobres como las limitaciones reales de la Tierra, nos está ayudando a abrir los ojos y esperamos que también el corazón.

Absoluta estulticia económica y crítica moralista tontorrona contra la usura y el despilfarro. Crisis económica y financiera confundida con limitaciones físicas ambientales.

“Durante miles de años, dice Lovelock, la Humanidad ha explotado la Tierra sin tener en cuenta las consecuencias. Ahora que el calentamiento global y el cambio climático son evidentes para cualquier observador imparcial, la Tierra comienza a vengarse”.

Lovelock dice alguna estupidez que otra, sí. El cambio climático no es ninguna venganza, sino un cambio en las condiciones ambientales que puede tener aspectos positivos o negativos y que puede merecer la pena mitigar o no.

Estamos tratando la Tierra como un asunto apenas económico y le exigimos a la Tierra muchos deberes e ignoramos los derechos de la Tierra.

Es difícil asignar derechos a una entidad que no tiene inteligencia normativa, que no entiende de legitimidad, que no capta la abstracción de lo que es un derecho.

Ciertos especialistas y ciertas instituciones internacionales nos han ido mintiendo. La mano invisible del mercado no resolvía el desastre mundial. Cuanto más libre era el comercio, más real era el hambre.

Lo anterior es falso: ¿Casaldáliga lo sabe y miente o es profundamente ignorante pero moralmente altanero?

Según la FAO, en 2007 había 860 millones de hambrientos; en enero de 2009 ciento nueve millones más.

En medio de una gran crisis económica es normal que los pobres se resientan. Pero conviene mirar a más largo plazo y sobre todo saber algo de teoría económica sobre las causas de la riqueza y la pobreza.

Una decena de empresas multinacionales controlan el mercado de semillas en todo el mundo.

¿Acaso obligan a alguien a comprar sus productos? Quizás diez es un número suficiente para que haya competencia.

Esa ecología profunda, integral, debe incluir todos los aspectos de nuestra vida personal, familiar, social, política, cultural, religiosa… Y todas las instituciones políticas y sociales, a nivel local, nacional e internacional, han de hacer programa suyo fundamental “la salvación del Planeta”.

Se impone una globalización de signo positivo, trabajando por la mundialización de la ecología. Rechazando y superando la actual democracia de baja intensidad, urge implantar una democracia de intensidad máxima y, más explícitamente, una “biocracia cósmica”.

A sus órdenes, visionario enloquecido perpetrador de ilimitados disparates.

El ecofeminismo sale al encuentro de un desafío fundamental, Gaia es femenina.

La hipótesis científica de Gaia se transforma en charlatanería feminista.

Lo mejor que tiene la Tierra es la Humanidad, a pesar de todas las locuras que hemos cometido y seguimos cometiendo, verdaderos genocidios y verdaderos suicidios colectivos.

Y sin embardo la población humana y su riqueza no dejan de crecer.

Propiciando ese cambio radical que se postula y proclamando que es posible otra ecología en otra sociedad humana, hacemos nuestros estos dos puntos del Manifiesto de la Ecología Profunda:

“El cambio ideológico consiste principalmente en valorizar la calidad de la vida -de vivir en situaciones de valor intrínsecas- más que en tratar sin cesar de conseguir un nivel de vida más elevado. Tendrá que producirse una toma de conciencia profunda de la diferencia que hay entre crecimiento material y el crecimiento personal independiente de la acumulación de bienes tangibles”.

Nos van a decir qué tenemos que preferir.

Militantes e intelectuales comprometidos con las grandes causas están preparando una Declaración Universal del Bien Común Planetario.

Sólo los individuos valoran y lo hacen de forma subjetiva. Si el bien común suele ser un concepto problemático del que se abusa a conciencia, el bien común planetario será un disparate de proporciones planetarias.


El gran error de Estefanía

18/09/2009

Joaquín Estefanía, divulgador profesional de falacias económicas keynesianas y krugmanitas, escribe sobre un gran error:

El 15 de septiembre de 2008 … quebraba el banco de inversión Lehman Brothers (LM) y se generaba el pánico. La Reserva Federal (Fed) y el Tesoro lo dejaron caer, haciendo una excepción respecto a lo que había ocurrido hasta el momento.

La gran paradoja es que en el único momento en el que el capitalismo aplica su darwiniana regla de oro, deja caer a un banco con problemas y es coherente con lo que predica, parece el principio del fin y todo el mundo habla de “el gran error”.

Estefanía parece sugerir que en cuanto se deja que el capitalismo funcione solo inmediatamente sucede el desastre. Pero el sistema económico actual está muy lejos de ser capitalista, abundan las intervenciones, regulaciones y redistribuciones coactivas por parte de los gobiernos: que además ni siquiera son estables, existe un grave riesgo de inestabilidad institucional, de modo que no se respeta el imperio de la ley sino que se decide a golpe de arbitrariedad del político o burócrata de turno (a estos los salvo, a estos los dejo caer), lo cual genera incertidumbre en los agentes económicos (véase Robert Higgs, Regime uncertainty).

Los bancos centrales no son instituciones propias del capitalismo (y son los principales causantes de la crisis por su manipulación monetaria y crediticia), y el tesoro público es una entidad estatal. Así que es absurdo creer que este caso se trata del capitalismo aplicando la selección competitiva que sí le es propia.

Estefanía, desde su púlpito en El País, pretende conocer a todo el mundo, sabe lo que piensan y resulta que todos creen que dejar caer a Lehman fue un gran error.

Pero resulta que John Cochrane y Luigi Zingales, catedráticos de finanzas en la Universidad de Chicago, no están de acuerdo con su apreciación. Más bien fue el alarmismo incompetente de la Reserva Federal y del Tesoro, asegurando que el sistema financiero estaba al borde de la catástrofe, que no podían explicar los detalles pero que necesitaban gigantescas sumas de dinero para salvar la situación, lo que desató el pánico.


Xavier Sala i Martín sobre la prostitución

17/09/2009

Xavier Sala i Martín escribe un artículo bastante acertado sobre la prostitución. Pero tiene un par de problemas.

Dice la sabiduría popular que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Aunque estrictamente hablando eso no puede ser verdad (en todo caso, el oficio más antiguo sería el del cliente que frecuentó a la primera prostituta, puesto que necesitaba haber trabajado en algún oficio para poder comprar sus servicios)…

Queriendo hacer una pirueta intelectual Sala se mete en un lío. Si se entiende por oficio una especialización con la que una persona se gana la vida ofreciendo sus bienes o servicios a los demás a cambio de algo de valor, la prostitución puede ser un oficio. Pero el cliente no necesita tener un oficio, puede ofrecer a la prostituta un bien, como la comida, que ha conseguido por sí mismo y que en general no ofrece a los demás. Además el argumento de Sala lleva a un regresión potencialmente infinita: si se dice que el primer oficio no fue la prostituta sino su primer cliente, se puede decir que no fue el primer cliente, sino el cliente de ese cliente, y así sucesivamente.

Otro asunto:

…en el proceso de intercambio de sexo por dinero, hay una persona inocente (y engañada) cuya salud es puesta en peligro por la conducta temeraria del hombre: la esposa. El marido tiene derecho a arriesgar su propia salud, pero no la de su pareja (o la de los amantes de esta, si los hay). Es decir, la amenaza a la salud de inocentes es una externalidad que necesita ser corregida.

¿Cómo? Los economistas han pensado dos maneras distintas… y ambas pasan por la legalización. La primera es la regulación: obligar a las trabajadoras de sexo a un control sanitario que garantice su salud y la de sus clientes. La segunda es la introducción de impuestos pigouvianos, parecidos a los que se usan para combatir la contaminación. Eso, además de equiparar la prostitución a todos los demás oficios que cotizan a Hacienda, encarecería la transacción, reduciría la demanda de servicios sexuales y disminuiría los incentivos económicos del hombre para practicar, voluntariamente, su outsourcing sexual.

Es curioso que Sala sólo piense en la esposa y no en las novias o amantes ocasionales del cliente. También resulta peculiar que un economista (por lo general utilitarista) hable de derechos con tanta desenvoltura. Parece dar por hecho que las infecciones venéreas son una agresión que viola un derecho, lo cual es posible pero debatible. Es posible considerar que la responsabilidad de que una enfermedad no se transmita esté en los receptores potenciales, quienes no tienen por qué dar por hecho que sus parejas sexuales están sanas y pueden exigir algún tipo de comprobación.

Y ya que se mencionan los derechos, si se entiende lo que es el contrato matrimonial se comprueba que el marido no tiene derecho a recurrir a la prostituta, ya que ha prometido formalmente fidelidad sexual a su esposa (resulta interesante analizar si la prostituta tiene derecho a tener clientes casados o si es cómplice en la vulneración de un derecho, de forma semejante a quien recibe bienes robados).

Las infecciones sexuales son externalidades negativas muy localizadas (es necesario contacto físico íntimo), no son como la contaminación atmosférica que la respiras aunque no hagas nada: el receptor del posible daño puede hacer algo al respecto. La externalidad no necesita ser corregida, sino que a algunas personas (pocas o muchas) puede interesarles reducirla: es posible que los costes (subjetivos) de la corrección sean mayores que la reducción del riesgo.

La regulación que obliga a las trabajadoras de sexo a un control sanitario que garantice su salud y la de sus clientes no es una medida muy liberal. La competencia en el mercado probablemente promoverá formas de certificar la salud de las prostitutas sin necesidad de coacción estatal (la cual al ser uniforme y burocrática no tendría por qué ser acertada). Y quizás haya clientes a quienes el coste adicional de la mejora marginal en la calidad no merezca la pena.

Los impuestos pigouvianos, si son sólo sobre la actividad y su precio, castigarían igual a prostitutas sanas que a enfermas, y a clientes casados o solteros, o a los clientes que usen siempre a la misma prostituta o solamente a prostitutas sanas (y que por lo tanto no infectan a nadie). Los impuestos obviamente encarecen la transacción y reducen coactivamente la demanda de servicios sexuales, lo cual implica que se dificultan transacciones voluntarias mutuamente satisfactorias.