Jordi Sevilla y los impuestos

Jordi Sevilla quiere participar en “El debate de los impuestos”.

Los impuestos cristalizan las diferentes ideas sobre la justicia social y la naturaleza de los vínculos que nos unen.

Efectivamente los impuestos tienen mucho que ver con ese engendro vacío que es la justicia social; con lo que no tienen relación es con la justicia, donde no cabe eso de votar para quitar a unos lo que es legítimamente suyo y dar a otros lo que no es suyo. Los impuestos tienen que ver con los vínculos que nos unen de forma coactiva e involuntaria: esa es su poco ilustre naturaleza.

El acuerdo mínimo está en la Constitución, que dice que todos los españoles (incluso ésos que parecen preferir dar su sangre por la patria antes que su dinero) tienen el derecho y el deber de contribuir a las cargas generales del Estado, en función de su capacidad de pago. Es decir, tenemos la obligación constitucional no sólo de pagar impuestos, sino también de hacerlo de una cierta manera. Por tanto, quienes piensan que el mejor impuesto es el que no existe (no digamos el que no se paga), atentan contra esa Constitución que dicen defender.

La Constitución es obviamente muy mejorable. Algunos pensamos que el mejor impuesto es el que no existe y no la defendemos. Otros tal vez son patriotas dados al heroísmo militar pero hartos de que les roben, sobre todo un gobierno socialista. Pero lo que dice la ley suprema (no precisamente por su calidad) respecto a los impuestos en su sección segunda (De los derechos y deberes de los ciudadanos) es:

Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio.

O sea que los españoles tienen el deber de pagar impuestos, no el derecho de hacerlo que queda bastante ridículo: puede usted elegir (derecho negativo) o exigir (derecho positivo) hacer algo que es obligatorio. La misma tontería del derecho y el deber de defender España. Queda especialmente gracioso que se describa un sistema progresivo como justo: ¿dónde quedó aquello de dar a cada uno lo suyo?

Además la Constitución no habla simplemente de capacidad de pago, que podría darse con impuestos proporcionales, sino que exige progresividad.

Según Sevilla los impuestos “son el fundamento de los derechos (libertad)”. Es difícil que basen tu libertad en quitarte tu propiedad, el ámbito donde se supone que ejerces esa libertad. Pero es que como socialista le encanta pervertir el lenguaje y hablar de libertad cuando quiere decir poder y riqueza.

Además los impuestos son “solidarios (igualdad), y exigir impuestos obligatorios en democracia fortalece la cohesión nacional (fraternidad)”. Sólo entiende la solidaridad como algo forzado, coactivo, centralizado; quizás es que practica poco la solidaridad individual, voluntaria, libre. Y cree que la fraternidad se consigue burocratizando la sociedad y haciéndola dependiente del Estado. La cohesión social mediante cuerdas que nos atan unos a otros en contra de la libre voluntad de alguna de las partes lo que contribuye es al resentimiento y al rencor social: es la cohesión de las piedras y otros objetos inertes.

El impacto de los impuestos sobre la conducta y las decisiones de los ciudadanos y empresas es objeto de amplia discusión entre los expertos, sin que un consenso basado en evidencias empíricas concluyentes haya sido posible hasta la fecha. Mi impresión, no obstante, es que para que una medida tributaria tenga impacto modificando alguna conducta o decisión tomada, debe ser de gran magnitud y persistencia.

Claro, y la revolución marginalista no sucedió o Sevilla no fue ese día a clase en Económicas. La curva de Laffer es ciencia ficción para este ilustre genio (asegura que se trata de una “pirueta académica”), o tal vez con su corta vista de luces largas él la ve como una función salto discontinua.

Resulta difícil defender que alguien se haya comprado una vivienda, o haya efectuado determinada inversión o contratación, gracias a la existencia de una ayuda fiscal. Antes bien, se toma la decisión por otras razones y luego, intentamos optimizarla aprovechando el catálogo disponible de beneficios tributarios. Así, se abarata el coste de ciertas decisiones, pero difícilmente podremos inducirla.

La diferencia entre comprar y alquilar vivienda a menudo se debe a razones fiscales. La inversión en planes de pensiones, que básicamente son fondos de inversión con restricciones legales, depende fuertemente de su trato fiscal. Si cree que los inversores extranjeros no consideran la fiscalidad de sus inversiones está en la más completa inopia.

Con todo, el debate menos frecuente y más interesante es, sin duda, el de la legitimidad.

Será el debate menos frecuente en su ámbito socialista, donde la coacción se acepta con total naturalidad.

El Estado extrae recursos a los ciudadanos de manera obligatoria para atender necesidades sociales. En democracia, para poder hacerlo de manera legítima tiene que atender a tres principios: que todos paguen, que lo hagan en función de sus posibilidades y que se demuestre que esos recursos se gastan bien, en políticas conocidas y eficaces que consiguen los fines previstos y anunciados.

El Estado confisca riqueza para atender necesidades estatales, sobrevivir como parásito sobre la sociedad y crecer todo lo que pueda. La legitimidad podría ser también que nadie pagara impuestos (igualdad) y que todos los servicios se financiaran mediante cuotas por uso o disfrute (justicia). Un impuesto legítimo podría ser una cantidad fija para cada ciudadano independiente de sus ingresos o riqueza. Pretender que los impuestos se gastan bien es política ficción, salvo para los que los reciben, que les hace muy felices.

10 Responses to Jordi Sevilla y los impuestos

  1. “Un impuesto legítimo podría ser una cantidad fija para cada ciudadano independiente de sus ingresos o riqueza”.

    En absoluto. El problema de la legitimidad de los impuestos es que son coactivos y estan basados en pretensiones de propiedad infundadas. No en que se recauden de forma uniforme o no.

  2. Bastiat dice:

    Unas preguntas… Los impuestos son efectivamente unos cobros que se hacen de manera coactiva, de manera que quien no satisface el pago puede verse perseguido, penado, encarcelado, expulsado.

    Pero… ¿por qué existen impuestos?

    Yo tengo la sensación de que los impuestos existen porque existen los grupos, las comunidades. Estos, estas, tienen como tales necesidades de mantenimiento, de gestión y para ello es preciso recaudar unos dineros a quienes participan de dicho grupo, de dicha comunidad, para tal fin. Entonces…. dicho pago… ¿es un impuesto?

    Y voy más allá, la existencia de cualquier grupo humano, en un determinado territorio, tiene que tener alguna plasmación en instituciones que todas ellas precisen de aportaciones por parte de los miembros de dicho grupo o de quienes vivan, de hecho serían considerados miembros de dicho grupo, en un determinado territorio. ¿Serían impuestos?

    ¿La cuota de una comunidad de vecinos…. es un impuesto?

    • Francisco Capella dice:

      Existen grupos y comunidades sin impuestos: una tribu, una familia, una asamblea religiosa…

      Las comunidades de vecinos son asociaciones contractuales en las cuales hay partes comunes obvias para las cuales se pagan cuotas como quien pertenece a un club (sólo que la salida de la asociación es más complicada).

      Estás asumiendo que porque ciertas cosas existen tienen que existir, y que no hay alternativas. Pretender que los impuestos actuales, por su magnitud y la extensión de los ámbitos donde hay gasto público, son como las contribuciones de una comunidad de vecinos me parece inadecuado. Las comunidades de vecinos no se hacen la guerra, no tienen relaciones diplomáticas, no producen regulaciones del comercio, no organizan colectivamente la sanidad, la educación, las pensiones de sus miembros.

      Ciertas instituciones colectivas sólo se mantienen si los miembros contribuyen para su preservación, pero eso no implica que sea legítimo obligarles a hacerlo.

      • Bastiat dice:

        No Francisco…. Estás tu asumiendo que yo asumo. Pero en ningún momento yo he dicho que sea igual sino que “al igual” que en una comunidad de vecinos hay una contribución a la que se está obligado para el mantenimiento de las zonas comunes, además de regular los usos de dichas zonas comunes, igualmente todo grupo humano que tiene en común algo que les caracteriza, para el mantenimiento de las instituciones que puedan crear habrá que contribuir para el sostenimiento de la misma.

        Me dices que las comunidades de vecinos no hacen guerras ni tienen relaciones diplomáticas… NO, cierto, básicamente porque para eso tienen al Estado. Me comentas que no regulan el comercio, ni organizan colectivamente la sanidad, la educación ni las pensiones de sus miembros… NO. Igualmente porque para eso tienen al Estado, pero si he de decirte que dentro de una comunidad de vecinos se pueden dar cursillos de natación en la piscina, para lo cual unos cuantos usan privativamente durante una hora los bienes de todos, de alguna forma, todos contribuyen a dicha actividad. O se pueden imponer normas a los comercios que ocupen los locales comerciales en cuanto a cerramientos, luminosos… etc… cosas que son privativas de la comunidad de vecinos. Con lo cual, salvo pagar las pensiones…. Todo lo demás puede estar regulado, en alguna medida por una comunidad de vecinos…. Y sin no lo estuviera…. lo podría regular. Sólo hace falta la voluntad de dicha comunidad de vecinos de hacerlo. De hecho, si se llevara al extremo la idea de hacer que sólo existan estados pequeños…. ¿No sería una comunidad de vecinos un estado en pequeñíto???

        Y por último… Una tribu… No existe impuestos, pero sí existen normas de comportamiento, pueden existir incluso reparto de lo cazado, que sería algo muy parecido a un impuesto, y, sobre todo, la obligación de todos a contribuir a la defensa de la tribu, sus bienes, territorios e individuos, incluso con su vida. NO sé si el ejemplo que pones es adecuado. Y en el caso de la Familia o una Asamblea religiosa… pues qué decirte. Yo me he educado en una época en la que los hijos iban a trabajar antes de lo que hoy sería la edad permitida para hacerlo para contribuir al bien familiar, no sé si eso será un impuesto. Y en cuanto a la asamblea religiosa….. no sé que pensarás del diezmo o de la contribución obligatoria de los mormones a la Asamblea.

        Todos tienen una cosa en común, son grupos humanos y todos tienen obligaciones, unos impuestos, otras morales, otras contribuciones personales, para el mantenimiento del grupo y que hacen realidad la esencia de dicho grupo.

      • Bastiat dice:

        Un aparte para hablar de la legitimidad…. ¿Qué calificarías como legítimo?¿es algo legítimo posdefinición o será legítimo en la medida de que a quien se le aplica lo acepte voluntariamente o, al menos, no rechace de manera fehaciente lo que se reimpone con la única manera legítima de evadir dicha imposición, yéndose?

  3. Bastiat dice:

    Después de ver cómo tras esperar un tiempo, y ver como has publicado u nuevo artículo, entiendo que no tienes a bien responder a mis preguntas ni mis comentarios. Bies, es una opción.

    Pero he de decirte que si en algún momento piensas que yo estoy a favor de la presión fiscal desaforada de corte socialdemócrata espero que, al menos, consideres la posibilidad de deshacerte de esa idea y pensar que para nada creo en los impuestos como método redistributivo. Una cosa, digo, es pensar que los organismos e instituciones de los que se dote una comunidad puedan necesitar de aportaciones obligatorias para el mantenimiento de las mismas y otras muy distinta aceptar el Estado de Bienestar. NO.

    Pero lo que no niego es que tras un proceso intelectual intentando asentar de manera inequívoca el ideario Anracoliberal, he de decir que me encontrado con la imposibilidad lógica de poder eliminar cualquier rasgo de comportamiento grupal, y, por lo tanto, que haga innecesario establecer instituciones que plasmen esa realidad y que todo ello incluya la posibilidad de establecer contribuciones a las mismas.

    La definición del territorio en el que se instale la anarquía, la pertenencia a dicha anarquía, la realización de una libertad efectiva y protegida de los individuos frente a empresas, organizaciones mafiosas o religiones que nieguen la libertad individual… y algunos otros aspectos me han hecho llegar a la conclusión de que es imposible anular toda forma de organización que haga ni tan siquiera imaginar que todo ellos se pueda realizar sin la existencia de un Estado.

    Por cierto, resulta difícil conversar con quien defienden dicha opción cuando se les plantean estas cuestiones…. ¿por qué será?

  4. Francisco Capella dice:

    Bastiat, no pretendo que un comentario sobre ideas de Jordi Sevilla se transforme en un largo debate sobre la legitimidad de los impuestos y sobre la analogía entre el Estado y las comunidades de vecinos, ambos temas muy interesantes.

    Estoy seguro que eres liberal y que exploras las consecuencias de un hecho real, la vida en común, la existencia de las asociaciones.

    No voy a profundizar aquí, pero no es lo mismo una institución jerárquica despersonalizada que reclama el monopolio de la jurisdicción y la violencia sobre un territorio y unos ciudadanos arbitrarios, que no tiene legitimidad contractual ni de origen ni de ejercicio, que se financia por la fuerza y sin relación con los servicios que presta, que el gobierno de lo colectivo de un grupo pequeño realmente cohesionado por la convivencia constante y las tradiciones compartidas y asumidas, o que el gobierno de una asociación constitutida para un ámbito concreto determinado.

    Y espero poder escribir sobre esto más en profundidad en el futuro, pero prefiero hacerlo de forma sistemática y ordenada, no con respuestas sueltas y saltos de tema.

    Para estas charlas de toma y daca prefiero la interacción oral y personal…

  5. Bastiat dice:

    Bien… gracias sobre todo por lo atento y rápido de la respuesta. Pero no puedo estar de acuerdo con la definición que tu das sobre el Estado porque a mi la pregunta que siempre me surge… es ¿qué es el Estado?

    Lo mismo si pensamos que una inmensa mayoría de personas quieren vivir bajo un determinado orden… Lo mismo tenemos que reconocer su legitimidad.

    • Francisco Capella dice:

      Es la definición que se da en filosofía política y tiende a corresponderse con la realidad. Las asociaciones pueden tener gobiernos sin tener estados. El problema semántico lo tendremos siempre…

      Me gusta que pidas al menos que la mayoría sea inmensa. Pero la voluntad no garantiza legitimidad. Que todos menos yo quieran matarme no lo hace legítimo, espero.

  6. Bastiat dice:

    No, Francisco, lo que siempre existirá será un Estado circunscrito a un territorio. Cierto, otra cosa es qué clase de Estado sea. Una asociación puede tener un territorio en el que sus asociados pueden actuar como tales y dentro de las normas que dicha asociación se dé. Pero normalmente, siempre, estará dentro de otro Estado donde las normas que imperen dentro de él modifica y circunscriben lo que se pueden hacer y no. Si una asociación tiene en exclusividad su propio territorio y pleno dominio sobre el… sería Estado.

    Por tanto, la definición puede ser correcta pero creo que se entiende mal. Sobre todo porque se carga las tintas en aquellos aspectos que los liberales más nos hace chirriar, pero que entendidos dentro de la realidad de dominio total sobre un territorio de un grupo humano, mayoritario, socialista o anarcoliberal, dará como resultado una estructura estatal, distinta si, muy grande e intervencionista en el caso socialista y muy pequeña, casi inexistente, en el caso liberal. Es ahí dónde llego a la conclusión de que no puedo deshacerme totalmente de la idea de la existencia de Estado, entendido éste como aquellas estructuras necesarias para hacer realidad un grupo humano en un territorio. Y una Ancapía es y será, igualmente un grupo humano, y lo será siempre y cuando dentro de un territorio exista mayoritariamente, abrumadoramente mayoritaria, un grupo de personas que deseen vivir en una sociedad así.

    ¿Se puede desligar dicha idea de la expresión sobre el territorio, del pleno dominio sobre él, suelo, personas, empresas? ¿Se puede permitir el lujo de aplicar la máxima anarco y permitir la secesión de territorio de aquellos que, con el tiempo, se quieran desligar del ideario? ¿Se puede permitir una sociedad Ancap la existencia de idearios, religiones, asociaciones que limiten la libertad de sus miembros, voluntariamente adscritos en el pasado, o nacidos dentro de ellos, para liberarse de dicha opresión?

    El responder a esas pregunta, y el cómo se haga, de poder hacerse medianamente real, hará que la realidad de vivir “sin Estado”, haciendo elipsis de la cuestión del cómo se establece el territorio y cómo se estableció el pleno dominio, sobre todo en la cuestión de garantizar la plena libertad de sus miembros, se materializa no sólo en un primer momento sino que dure en el tiempo.

    Por cierto…. el contestar el “puede ocurrir”, “seguramente ocurriría”, “el que no haya ocurrido no quiere decir que no pueda ocurrir” son figuras poco manejables dentro de la realidad. Pueden ser igualmente válidas al Comunismo.

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