Manuel Pimentel y la venganza del campo

Manuel Pimentel nos avisa de “La venganza del campo”:

No sabemos cuándo llegará, pero más pronto que tarde se presentará entre nosotros con sus fauces abiertas sedientas de venganza. Durante décadas los hemos despreciado, humillado, pisoteado. Al campo, a la agricultura, a la ganadería y al conjunto de sus gentes. Sector primario, lo definíamos, como sinónimo malicioso de elementales, primitivos, básicos. La sociedad posmoderna ignoraba a los productores agrarios, a los que benignamente sólo toleraba como cuidadores de un medio ambiente en el que solazarse. El campo ha desaparecido del debate público. Oímos a los políticos y a los gurús desgañitarse en el debate de la economía del futuro. ¿Alguien los ha oído alguna vez nombrar la agricultura? No. El campo ya no existe para las mentes pensantes. Todas dan por hecho que los productos agrarios sanos y baratos seguirán inundando los mercados. Se equivocan. Más pronto que tarde, el campo se vengará en forma de escasez de alimentos, que subirán de precio de forma brusca e inesperada. Que nadie se queje entonces. Entre todos estamos incubando ese monstruo a base de desprecios y desdén.

Lo de las “fauces abiertas sedientas de venganza” demuestra el rigor intelectual de este aspirante a pensador. El cual se acusa a sí mismo y a algunos más de desprecio, humillación y pisoteo: tal vez quiera entregarse junto con sus cómplices en la comisaría más cercana.

Lo de sector primario más que una malicia parece una descripción elemental de que es el primero históricamente (comer es muy importante), así que efectivamente es primitivo y básico: lo de elemental sorprende que lo diga un ingeniero agrónomo, tal vez sea una ingeniería facilita.

Como colectivista que es, Pimentel habla en nombre de la sociedad y la reprende por no atender adecuadamente a sus productores agrarios: el típico discurso de cualquier defensor de un grupo de interés (no nos hacen caso y somos muy importantes).

Pretende que la economía del futuro la van a diseñar los políticos con sus debates actuales: se nota que se ha decicado a la política, que le pareció “muy hermosa, tiene tantas cosas como personalidades humanas. Uno: la capacidad de hacer cosas influyentes, contribuir a transformar la sociedad. Dos: es una vida muy interesante, conoces a gente importante, estás en el corazón de la historia. También te da estatus, conocimiento”. Quizás los que sufren la política no la ven tan atractiva y lamentan su influencia y poder de transformación.

Aunque es empresario, parece no entender cómo funcionan los mercados (aunque el agrícola en Europa es tan intervenido que todo depende del capricho de los gobernantes). Si está tan seguro de que los alimentos escasearán, debe estar comprando opciones de compra sobre las materias primas agrícolas en los mercados de futuros, o acciones de empresas alimentarias, o tierras para cultivar… ¿Lo está haciendo? Jim Rogers, legendario inversor, recomienda la agricultura como inversión de futuro, pero no suelta estos sermones moralizantes tan pesados y ridículos.

Lo de “que nadie se queje entonces”, ¿es una orden o un acto de chulería? ¿Si no hacemos caso a este profeta del desastre agrícola vendrán grandes calamidades y ni siquiera podremos protestar? Pimentel parece creer que el campo no está aún suficientemente mimado, subvencionado y protegido: hace falta más, lo de la Política Agraria Común es “desprecio y desdén”.

Le llaman cadena de valor. El precio final que paga el consumidor debe retribuir a la cadena de supermercados, al fabricante, al transportista, al almacenista y finalmente al agricultor. ¿Adivina quién es el que menos percibe de esta cadena? Pues ha adivinado bien: es el que está al final, el proveedor de la materia prima, el más débil a la hora de negociar. Le dan tan poco que no puede ni cubrir gastos. Pongamos un ejemplo. Una camisa de algodón que cuesta 100 apenas si tendrá unos céntimos de hilo de algodón. Todo se queda en la marca, el diseño, los transportes, el comercio, el valor añadido de la cadena, etc. El costo de la materia prima agraria o ganadera es irrelevante. Tanto la política como la empresa exprimen sin piedad al agricultor, que contempla impotente la progresiva ruina de sus economías y familias. La sociedad canta ahora, por ejemplo, a las marcas blancas, sinónimo de una vuelta de tuerca más sobre el pescuezo de los agricultores.

Este hombre debe de tener muchos amigos en el sector agrícola y les está haciendo la pelota descaradamente. ¿Las empresas exprimen sin piedad al agricultor? Si tienen tanto poder ¿por qué le pagan algo en lugar de nada? ¿No existen otras empresas competidoras a las que ofrecer estos productos? Y si no existen ¿ese presunto enorme margen de beneficio no es un fortísimo incentivo para actuar empresarialmente y crear esas nuevas empresas que hagan que cada eslabón de la cadena de valor reciba en proporción a lo que aporta? Tal vez he olvidado que el agricultor sólo sabe ser agricultor, no puede hacer otra cosa, es impotente y sólo sabe arruinarse. Tal vez sea inaceptable que el sector agrícola sea cada vez más productivo con menos trabajadores.

Mientras esto ocurre, la expansión de las zonas urbanas e industriales -ubicadas normalmente sobre las tierras más fértiles- continúa devorando implacablemente la superficie agrícola, y la proliferación de infraestructuras, sigue arañando miles y miles de hectáreas cada año de tierras de cultivo. El factor tierra también se reduce por el crecimiento de instalaciones de energías renovables. Los paneles y los molinos también restan hectáreas de cultivo y pastos. Se nos podría contraargumentar que aún existen tierras abandonadas o vírgenes, pero la verdad es que son más escasas de lo que podemos pensar. Casi toda la superficie que se puede cultivar ya se cultiva, y el resto, o es infértil o se encuentra protegida. No podemos basar nuestro desarrollo en la deforestación masiva de los escasos bosques y zonas salvajes que nos restan. Lentamente, cada vez tenemos menos tierra para labrar.

Si el suelo tiene un precio de mercado libre, será raro que el más fértil deje de dedicarse a la agricultura (sólo lo hará si otros usos son aun más valiosos, lo cual no será ningún desastre). No es tan grave que cada vez haya menos tierra para labrar si esta se cultiva de forma eficiente. Y hoy día mucha tierra cultivada lo es solamente por los subsidios y los aranceles proteccionistas.

El segundo factor básico es el agua, y aquí el futuro es aún más sombrío. Sin adentrarnos en las teorías del cambio climático, y aún contemplando el mantenimiento del clima tal y como lo conocemos, la cantidad de agua destinada a la agricultura disminuye año a año. Las modernizaciones de los regadíos podría ser una causa positiva, pero la principal es la rivalidad de usos. El ingente consumo urbano, turístico e industrial del agua -todos ellos antepuestos al agrícola- hace que cada año los agricultores dispongan de menos agua para sus cultivos. La escasa rentabilidad de sus producciones también limita al máximo su consumo.

Ya va siendo hora de que los agricultores paguen por el agua un precio de mercado. Tal vez entonces su actividad no sea rentable: qué lástima.

Es en el tercer factor, las técnicas de cultivo y la investigación en las variables de producción donde aún podemos cifrar nuestras esperanzas. Todavía queda camino por recorrer para incrementar la productividad por hectárea. Pero los actuales precios basura impiden financiar la innovación. Tan sólo si el campo vuelve a la rentabilidad, la investigación podrá azuzarse.

¿Precios basura? ¿Acaso no acaba de haber una burbuja en los precios de los productos agrícolas? ¿No está Pimentel anunciando precios altísimos para un futuro cercano inminente?

Todos los alimentos -y digo bien: todos- provienen del sector primario. Ni toda la química ni electrónica del momento han logrado producir ni un solo gramo para comer. Hemos olvidado algo tan elemental como el que tenemos que comer todos los días. No debemos permitir que el campo siga muriendo. Los precios deben reajustarse, y en los planes económicos, el sector primario debe tener un peso propio. Algunos países, como China, están comprando masivamente tierras en terceros países. Quieren inmunizarse ante la venganza del campo. ¿Qué hacemos nosotros? Pues nada. Así nos irá.

Naturalmente que la química puede producir algún que otro gramo para comer. Pimentel no dice bien prácticamente nada. La gente no es tan tonta que olvide que suele comer todos los días; bueno, quizás Pimentel y los suyos sí, ya que habla en primera persona del plural y dado lo que escribe en este artículo es fácil estimar en exceso su inteligencia.

No debemos permitir que el campo siga muriendo. No debemos permitir que la industria siga muriendo. No debemos permitir que el sector servicios siga muriendo. No debemos permitir que el turismo siga muriendo. No debemos permitir que la cultura siga muriendo.

Pimentel nos está dando una orden, nos prohíbe dejar de subvencionar al campo. Exige que los precios se reajusten (aunque olvida mencionar que tiene que ser al alza según sus preferencias), y planes económicos (¿anuales? ¿quinquenales?) para el sector. Nos recomienda la conducta estatista china, según la cual el Estado compra terrenos. Olvida mencionar el caso del faraón egipcio y sus almacenes de grano.

Todo esto, por alguien que pretende que sus referencias intelectuales son “el individuo, la iniciativa, la libertad individual”.

6 Responses to Manuel Pimentel y la venganza del campo

  1. Pepín dice:

    Oye, de ingeniería facilita nada, ¿eh? Yo estudié en la misma escuela que el señor Pimentel y doy fe de que de facilita nada, pero nada de nada. Ahora, que de allá pueda salir un individuo con las ideas de este señor, pues tampoco me extraña. La comprensión del sistema diédrico, las ecuaciones diferenciales o la fórmula de Manning no es incompatible con una distorsionada visión de la economía.

    Y, claro la “economía agraria” es casi de todo menos economía. Algún liberal puede que saliera de aquel extraño edificio en la Carretera del Obispo (¡yo me tengo por uno!), pero tal vez más bien por casualidad, sí.

  2. Alarico dice:

    Ingeniería facilita dice, pues si es facilita entonces el 95% de las carreras son coser y cantar. Yo me comí 8 años, primero la técnica y luego la superior, con sus respectivos proyectos, y fui de los normales dentro de los que no se cayeron por el camino.

    390 créditos con dos proyectos.

    ¿Cuantas carreras conoces con esos créditos? Física suele tener 300, así que menos lobos caperucita.

  3. JFM dice:

    La comprensión del sistema diédrico, las ecuaciones diferenciales o la fórmula de Manning no es incompatible con una distorsionada visión de la economía.

    Recordemos lo que Hasdrubal le dijo a Hanibal: “sabes vencer pero no sacaqr partido de tus victorias”. Traducido al castizo: “fuera de tu especialidad eres un perfecto imbecil”.

    Ya en serio, ingenieros y cientificos no estudian economia y, he visto muchos de ellos, cuyo “coeficinte intelectal economico” es de menos de cincuenta. Frecuentemente caen en las redes marxistoides de la demagaogia mas primaria

  4. Hiel dice:

    Parece ser que sigue vigente la creencia de que ser titulado universitario implica conocimiento universal, o sensatez, o lógica… Pero como bien deja ver la entrada, solo implica ‘título universitario’. Y nada más.
    Porque para escribir cuatro memeces sobre los pobrecitos agricultores y ganaderos apenas si hace falta saber escribir. Aún no he visto a nadie saliendo en tan enconada defensa de los alpargateros; o de los latoneros; o de los herreros. Profesiones todas ellas que con el paso del tiempo se han visto abocadas a su casi total desaparición o, al menos, adaptación a tiempos con otro tipo de demandas.
    Es lo que tiene el excesivo amor a ‘papá estado’: se pierde la noción de la realidad, que normalmente invita a ‘reciclarse’ profesionalmente, porque de otra forma es probable que se deje de generar ingresos, esos que nos dan de comer, nos llenan el depósito de combustible del vehículo, etc.
    Amo la libertad, en este caso de expresión; pero que el señor Pimentel perciba una contraprestación económica por su artículo en Cinco Días es tan perverso como las ayudas a los que defiende.
    Saludos.
    YO NO LE VOTÉ: ^^

  5. Alipende dice:

    Comparto parte del articulo creo que los agricultores y ganaderos son sectores que estan siendo maltratados actualmente con la politica de precios que se les esta pagando por sus productos. Algunos como la leche y el aceite estan siendo maltratados por las Grandes Superficies que abusan de su poder de negociación para pagarles precios ridiculos, que luego ellos suben sin ningún problema cuando ponen a la venta sus marcas blancas. Por ello, el dia que se den cuenta de que tienen que agruparse y luchar por sus intereses, los precios subiran porque las Grandes Superficies o Distribuidores no renuncian en ningún momento a sus margenes.

  6. carninn dice:

    No tenéis ni idea de lo que estáis escribiendo.

    El artículo tiene mucha razón, aunque quizá sea un poco catastrofista, pero la situación es la que és, y los agricultores y ganaderos, por supuesto que saben adaptarse a los tiempos y lo están haciendo.

    Yo soy técnico de campo,(veterinario) trabajo todos los días con agricultores y ganaderos, y veo las injusticias.

    No hay nada más atrevido que la ignorancia!!!!!.

    Cuando trabajo como inspector de sanidad, veo lo que se está haciendo. La gente ya está comiendo mierda,(sin saberlo) y no por la codicia de los agricultores y ganaderos, porque la mayoría quieren hacer productos de calidad, pero nadie se los paga, así que tienen que acabar haciendo productos baratos, que es lo que demanda el mercado, y en alimentación, es mentira eso de que “la calidad no es cara”. Muchas veces lo caro es mierda, pero es casi seguro que lo barato lo és siempre. Cada vez se quiere que sea más barato.

    Sobra gente en el campo, y se les subenciona para que sigan atados a una realidad ruinosa y sean jardineros y tengan los pueblos bonitos para que cuando vaya la gente que se marchó muerta de hambre a la ciudad, no puedan recordar sus miserables orígenes. Se subenciona la ineficiencia con ese fin.

    Los agricultores y ganaderos no quieren subenciones, quieren precios justos por su trabajo.
    ¿Que pensaríais vosotros si estuvierais cobrando lo mismo que hace 50 años, y tuvierais las exigencias de ahora?. A los agricultores les pasa ésto, y a pesar de ello se levantan cada día sin perder la dignidad, y siguen adelante con sus explotaciones, para producir alimentos para todos nosotros. ¿Eso no es saber adaptarse?, ¿eso no es productividad?, eso no es eficiencia?. Y si en esa situación os pidieran un esfuerzo que consistiera en reduciros un poco el sueldo y aumentar en un par de horas vuestra jornada laboral, que diríais??, pues que le jodan al jefe y le den por el culo a los accionistas. Pues exáctamente eso es lo que están empezando a decir los agricultores y ganaderos de éste país, y que produzca su puta madre!!!!. Y si no os lo creéis repasad las estadísticas.

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