Antonio Ruiz de Elvira, la energía y la economía

Según Antonio Ruiz de Elvira, los comentarios críticos que le hacen en su bitácora “por los “liberales” y por todos aquellos que rechazan la realidad y sus soluciones” se basan en los mismos argumentos de los esclavistas norteamericanos.

Que no se puede “imponer” nada contra la libertad de cada cual de emitir o no emitir gases contaminantes y que atrapen la radiación infrarroja, y que la economía española, y mundial se desplomaría si se eliminasen los combustibles de carbono fósil.

Ambos argumentos fallan de manera estrepitosa. De la misma manera que en el siglo XIX se dijo a los esclavistas que el derecho a la propiedad individual no era ilimitado, hoy podemos decir con toda la racionalidad del mundo exactamente lo mismo. El derecho a la propiedad individual acaba donde empieza el derecho a la propiedad de los demás.

Parece que Ruiz de Elvira entiende algo sobre el derecho de propiedad. Pero quizás no entiende a los “liberales”, que defienden la propiedad, se oponen a la agresión y debaten sobre si ciertos cambios ambientales deben considerarse agresiones o no. Y la continuación de su análisis muestra que en realidad no entiende gran cosa sobre la propiedad:

Una persona es propietaria de una vivienda porque la ha comprado, primero, pero en segundo lugar, porque sus conciudadanos han pagado para que esa persona pudiese ganar dinero y la vivienda se pudiese construir. Han pagado, en primer lugar, el ejército, la policía y los jueces que mantienen los derechos. En segundo lugar, las escuelas y universidades que han formado a los arquitectos y constructores, y el servicio de salud que mantiene a todos capaces de construir y comprar. De manera que la vivienda de cada uno es un poquito de los demás. La libertad de propiedad y de actuación debe someterse a las normas adecuadas para garantizar el bienestar de los demás, ahora y en el futuro.

Resulta que la propiedad privada, que tiene sentido para localizar e individualizar las decisiones y el control, al final es algo profundamente colectivo sobre lo cual todo el mundo puede inmiscuirse porque han aportado algo de forma indirecta. Por un lado mi propiedad acaba donde empieza la del vecino, lo que parece sensato, y por otro se asegura que todo es un poco de todos, lo que es un disparate contrario a lo anterior: Ruiz de Elvira no entiende en absoluto el sentido del derecho de propiedad.

Por otro lado olvida que muchos de esos pagos que menciona a los sistemas estatales de defensa y justicia no han sido libres y voluntarios; además que los miembros de un grupo paguen una defensa común (o la enseñanza, o la salud) no significa que se hagan copropietarios de sus posesiones, sólo que comparten esos servicios y los pagan de forma colectiva (de nuevo de forma coactiva e involuntaria en muchos casos).

La economía de los EEUU no se hundió cuando acabó la esclavitud. De hecho, creció de manera explosiva, al obligar a introducir máquinas donde antes trabajaban personas. Hubo una crisis pasajera considerable, producto, no de la eliminación de la esclavitud, sino de la guerra que promovieron sus defensores. Estos tenían en la mano el haber accedido a una prosperidad mucho más alta que la producida por los esclavos si hubiesen invertido las ganancias que obtenían en ir reemplazando el trabajo humano por máquinas. Pero generalmente gastaban el dinero obtenido mediante el trabajo humano en fiestas y ostentaciones.

¿Máquinas encargadas del cultivo y la recolección del algodón a mediados del siglo XIX en Estados Unidos? ¿Historia ficción?

Ruiz de Elvira sistemáticamente sermonea a todo el mundo para decirle en qué debe invertir, siempre asegurando que se obtendrán beneficios si se siguen sus instrucciones: los problemas de la incertidumbre y el riesgo parecen serle ajenos. Y tampoco es muy tolerante sobre ciertos gastos en “fiestas y ostentaciones”.

Hoy podemos substituir, con los beneficios obtenidos por ellos, los combustibles fósiles por máquinas modernas que aumentarán radicalmente nuestro bienestar. Los que se oponen a ello son los nuevos propietarios de esclavos, los que hacen beneficios impidiendo el progreso de la sociedad. No importa nada que desaparezcan los millonarios árabes, o venezolanos. O ExxonMobil. La sociedad necesita prosperar.

Los propietarios de petróleo (desgraciadamente estatales en una gran mayoría) y las compañías petrolíferas son “los nuevos propietarios de esclavos”: ¿no teme este necio que le acusen por difamación? ¿No entiende que los combustibles fósiles han sido una fuente de energía aprovechada para el progreso de la sociedad? Tiene la arrogancia del ignorante más absoluto: con total certeza afirma que los combustibles fósiles son perfectamente prescindibles, ya, mañana mismo. Afortunadamente se le hace poco caso a este insensato (lo cual le indigna muchísimo), porque de lo contrario podríamos comprobar la magnitud de ese imposible desplome económico.

Él mismo reconoce su profunda ignorancia de todo lo que tenga que ver con la ciencia económica:

Puesto que no entiendo bien el concepto de “coste” ni el de “costoso”, me he metido a economista. Pero tras 5 años de estudio, sigo sin entender el concepto de “coste”.

No se puede ser economista y no dominar el concepto de coste: Ruiz de Elvira no se ha metido a economista; juega a creerse que lo es. Tal vez pretenda ser irónico, pero le sale bastante mal.

Es evidente que a principios del siglo XX no se debía invertir en fábricas de coches. Las mulas eran muchísimo más baratas que los coches. Los coches eran muy “costosos”. De la misma manera, en los años 70 y 80 del siglo XX se estableció en el gobierno de España una comisión que controlaba si se compraban o no ordenadores, porque eran “muy costosos”. De la misma manera, las familias no deben educar a sus hijos, porque la educación, incluso si es pública, es “muy costosa”. Y ¿qué decir de la salud? No hay nada más “costoso” en el mundo.

Se trata de comparar lo que algo cuesta con lo que se obtiene a cambio, y no es seguro a priori que se obtengan beneficios. Es posible hacer malas inversiones, que generen pérdidas, que se destruya más valor que el que se crea; es incluso posible invertir en exceso en salud o educación, porque hay otros usos alternativos de los recursos escasos que podrían ser más valiosos. Son los empresarios quienes arriesgan su propio capital (o el de quienes se lo han cedido) e intentan prever un futuro incierto.

…la idea de la vida es que hay que invertir.

No, invertir no es obligatorio: si no se aspira a gran cosa es posible vivir sin apenas bienes de capital. Y si se invierte, se trata de hacerlo de forma inteligente, no vale cualquier inversión. Por eso Ruiz de Elvira no es ni será nunca asesor financiero: su incompetencia analítica se lo impide.

…no interesa el “coste” para la eléctrica, sino para la sociedad, que algo mucho más grande que cuatro empresas.

A la eléctrica sí le preocupa el coste para ella. Y lo del coste para la sociedad suena a colectivismo.

Sólo podemos progresar invirtiendo en cosas “costosas”. La alternativa: nada de educación, nada de salud, nada de tecnología, porque son “costosas” hasta decir basta.

No se trata de todo o nada, se trata de cuánto invertir en qué cosas; los estudios de economía no le han alcanzado para llegar al marginalismo. Y tampoco parece entender que los costes son relativos y subjetivos.

…la riqueza de un país no se mide por sus minas o sus campos de trigo, sino por la educación y salud de sus ciudadanos y por la tecnología propia que maneja. Riqueza en euros, no en bienes intangibles. En euros.

Siendo importante el capital humano y tecnológico, los recursos naturales algo ayudan.

Dejemos de lado el argumento del “coste” cuando hablemos de energía. No tiene el menor sentido.

¿La energía no tiene coste? ¿Las distintas formas de producir energía no tienen costes diferentes? En el diario El Mundo no parece preocuparles que se escriban estas estupideces.

Necesitamos otros argumentos muy distintos. España puede ser un país exportador de energía, si ésta es solar. Exige una cierta inversión, pero también la exigen otras muchas cosas. Y el resultado es un país limpio, seguro durante siglos, que genera trabajo (¿cuántos puestos de trabajo ofrece una central nuclear? No más de doscientos para un negocio fabuloso. Este es uno de los argumentos de los banqueros que las apoyan).

Necesitamos argumentos correctos, algo alejado de su incapacidad intelectual. Está enamorado de la energía solar, la más ineficiente de todas (en términos económicos, que suele confundir con lo termodinámico). Sólo hay que invertir algo, igual que otras cosas requieren que se invierta también algo: eso es precisión. Le motiva la generación de trabajo, no la generación de riqueza.

En cuanto a Lovelock, es claro que perdió el norte hace unos cuantos años. No merece la pena leer sus últimas publicaciones. Son, realmente, una filfa.

Antonio Ruiz de Elvira contra Lovelock: qué comparación más injusta para la filfa.

Necesitamos, urgentemente, energía, de todos y para todos.

La gente ya sabe que necesita energía: lo de que sea de todos suena a comunismo; a esa lección de economía aún no ha llegado.

5 Responses to Antonio Ruiz de Elvira, la energía y la economía

  1. Intermoneymoney dice:

    Creo que ese señor no merece tanta atención, la verdad.
    Científicamente hablando es un pobre hombre.

  2. DePaso dice:

    Estoy con moneymoney, el tal Ruiz es, probablemente, o un pirao o un cínico con la cara de cemento.

    No merece la pena ocuparse de él.

    Por otro lado, que “el mundo” lo mantenga, pues qué vamos a decir… no deja a “el mundo” en muy buen lugar.

  3. Marzo dice:

    Respecto al algodón en el Sur, resulta curioso que fuese precisamente una máquina, la desmotadora, la que aumentase la rentabilidad de la esclavitud.

    Por cierto que me parece algo contradictorio el alabar a la vez la sustitución del trabajo de personas por el de máquinas y la de fuentes de energía que necesitan menos personas trabajando por otras que necesitan más. Ya puestos, podemos volver a la energía generada por músculo humano, que seguro que es la que más puestos de trabajo por kilowatio “produce” (esto es, consume).

  4. Batueño dice:

    Bastantes de los comentarios que recibe como réplica son muy buenos. Por lo visto hay bastante gente que tiene muy claro la distinción entre clima y meteorología, supongo que para desesperación de los ecoalarmistas y profetas del “cambio”.

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