Sebastián Royo y el capitalismo

Sebastián Royo, profesor de ciencias políticas, escribe:

La ideología pro mercado dominante de las últimas décadas surgió como una reacción al supuesto fracaso del modelo de economías mixtas que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial. La llegada al poder de Ronald Reagan y Margaret Thatcher marcó una línea divisoria e inició una nueva etapa marcada por el llamado laissez faire, caracterizada por la desregularización y la fe ciega en los mercados libres. Esta crisis ha mostrado que este modelo ha fracasado, y al mismo tiempo ha erosionado la credibilidad y legitimidad del mercado y del modelo anglosajón.

O sea que las economías mixtas sólo fracasaron supuestamente: tal vez la estanflación fue parte de su éxito. Luego al parecer dominó la ideología pro mercado: si con este dominio los estados siguen controlando más o menos la mitad de la riqueza producida por la sociedad, qué pasará ahora que parece que este “dominio” va a desaparecer. Lo de utilizar el término “laissez faire” para referirse al liberalismo o al capitalismo me parece a menudo una pedantería propia de ignorantes que aspiran a informarnos de que hablan idiomas (dos palabras, al menos, olvidan el “laissez passer”); pero los hablan mal, y así confunden la desregulación con la desregularización. Y como no saben, tienen fe o no tienen fe: y creen que los que defienden los mercados libres tampoco saben y sólo tienen fe ciega en la libertad. Y como siguen sin saber, culpan de esta crisis al liberalismo: no dan una.

¿Cuántas veces en los últimos años hemos tenido que oír en Europa que nuestras economías están esclerotizadas, que no son suficientemente flexibles, que necesitan más desregularización y mayor competencia; y que los Estados tienen que ser menos intervencionistas? El paradigma dominante se resumía en que “los Gobiernos son malos y los mercados desregulados buenos”, que se sintetizaba en la famosa frase de Reagan: “Las nueve palabras más aterradoras del idioma inglés son: ‘Vengo del Gobierno y estoy aquí para ayudar”.

Dale con la desregularización. Independientemente de cuántas veces Royo haya tenido que sufrir en sus delicados oídos todas estas herejías, ¿se ha parado e pensar si realmente se han llevado a la práctica? ¿Se ha pasado de los dichos a los hechos?

¿Qué cambios cabe esperar? Las lecciones de la crisis parecen cada vez más claras: no se deben de liberalizar los sectores financieros demasiado rápidamente, se debe de ahorrar y de moderar el crédito, hay que centrarse en la economía real e invertir en educación y productividad, y no todas las innovaciones son positivas y útiles.

¿Deber o deber de? ¿Entiende Royo la diferencia entre la necesidad y la posibilidad? ¿Puede extraer y dar lecciones quien demuestra no enterarse de gran cosa?

Por ello es muy probable que como consecuencia de la crisis haya una mayor intervención de los Estados, que haya reformas impositivas que dejen de primar actividades como la construcción, y que tengamos una menor obsesión con el beneficio a todo coste y con generar valor a corto plazo para los accionistas. Por el contrario, sería deseable que las empresas den prioridad a los empleados, los productos y a los clientes.

¿Él en sus empresas, si es que dirige alguna, pasa de los accionistas y da prioridad a empleados, productos y clientes? Los accionistas estarán encantados de saberlo. ¿A todo coste no querrá decir a cualquier coste? ¿Es malo generar valor a corto plazo si no se destruye a largo plazo?

Al mismo tiempo se está discutiendo sobre la posibilidad de separar la banca de inversión y la comercial (como se hizo en Estados Unidos en 1933 para responder a la Gran Depresión con la ahora difunta Glass-Steagall Act). Además se está generando mayor consenso sobre la necesidad de obligar a los bancos a que aumenten sus reservas de capital en periodos de crecimiento (como se hizo en España); de establecer mejores controles y mayor escrutinio de las agencias de valoración; de expandir el marco regulatorio para incluir a todas las instituciones que puedan provocar un riesgo sistémico; de cambiar las políticas de compensación salarial y los incentivos; de establecer un sistema centralizado para regular los derivados, y por ultimo, de que los bancos centrales usen las políticas monetarias y los instrumentos regulatorios para evitar burbujas de activos.

Un profesor de políticas recomienda intervención política para regular el mercado: sorprendente.

Por fortuna ya casi nadie cuestiona la necesidad de mejores regulaciones, o los beneficios que el Estado puede jugar para tratar de equilibrar los abusos y excesos de los mercados. Incluso en Estados Unidos, el paradigma del modelo dominante, el presidente Barack Obama lo plasmó en su discurso de investidura cuando manifestó que “los cínicos no entienden que la tierra se ha movido bajo sus pies… La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro Gobierno es demasiado grande o demasiado pequeño, sino si funciona”.

“Por fortuna” = a mí me gusta que… ¿De verdad que nadie cuestiona al Estado? No somos nadie… ¿Podría molestarse en explicar los abusos y los excesos de los mercados? Lo de que el gobierno funcione, ¿qué significa? ¿Qué se supone que debe hacer? ¿Y su funcionalidad no tiene relación con su tamaño?

La crisis ha mostrado que la economía de mercado no siempre se estabiliza y regula por sí misma. Ha dejado claro que los Gobiernos tienen la obligación de salvar a los mercados de sus excesos, y al mismo tiempo que tienen que crear las condiciones que permitan a los mercados funcionar de forma efectiva. Esto debería de incluir la regulación de los mercados de activos para asegurar que los inversores no son inducidos a comprar activos potencialmente tóxicos (como hacemos con las medicinas). Además deben de usar las políticas monetarias y fiscales para conseguir el objetivo del pleno empleo, y por último deben de tratar de reducir las crecientes desigualdades y proteger a los que pierden por la globalización.

Cuando no se sabe economía la historia no puede mostrar gran cosa pues se carece del arsenal teórico necesario para interpretarla. Lo de los gobiernos obligados a salvar al mercado es como referirse al violador como guardián de la castidad. De nuevo nos enteramos de que quizás (“debe de”) usemos para los mercados financieros la misma estulticia regulatoria que la existente con el sector farmacéutico: pobrecitos nosotros que nos inducen a comprar tóxicos. Y quizás seamos keynesianos, parece.

Es de esperar que podamos terminar con los dogmas y la polarización que han caracterizado estos debates y que seamos capaces de trabajar juntos pragmáticamente para afrontar los retos que presenta el nuevo milenio. Hace 147 años, el presidente Abraham Lincoln alertaba durante su discurso anual al Congreso de que “los dogmas del pasado son inadecuados para las tormentas del presente”. Esto es tan cierto hoy como lo era entonces. Ojalá lo reconozcamos y actuemos en consecuencia.

Algunos preferiremos no trabajar cerca de Sebastián Royo, porque su ignorancia podría ser contagiosa. Y qué grande fue Lincoln. O tal vez no.

3 Responses to Sebastián Royo y el capitalismo

  1. Liberal clásico dice:

    “y por ultimo, de que los bancos centrales usen las políticas monetarias y los instrumentos regulatorios para evitar burbujas de activos.”

    Sí, lo que han venido haciendo en los últimos años.

  2. Héctor M dice:

    Una pequeña crítica: decir “laissez faire” es clarificador y distinto a otros términos porque el liberalismo es algo más que una ideología económica pues, por ejemplo, también propugna la igualdad ante la ley; mientras que decir capitalismo también es diferente pues este signfica la adjudicación de los medios de producción a manos privadas, propiedad, empero, que bien pudiera estar regulada en su uso por un órgano estatal de modo que, un suponer, un país con empresas obligadas a cumplir ciertas normas, pongamos, ecológicas pero pertenecientes a manos privadas tendría un entramado económico capitalista pero no laissez-faire, al menos en el ámbito ecológico.

    En cuanto al resto, ¿qué decir?, es increíble el cinismo de algunos políticos porque dado que el actual sistema sociopolítico es una mezcla de coacción y libre cooperación ¿por qué cualquier fallo en el mismo se lo achacan a una sóla de las partes?

    Arribo una conclusión provisional casi ad hominem y es que los políticos ven al mercado como una bestia contener y no un sistema autoorganizado tal que un ecosistema que degenerará en desequilibrios de ser intervenido.

    En última instancia lo que se echa en falta en estas diatribas anticapitalistas es mandatos concretos a realizar y por tanto criticables desde una teoría económica y no abstractos sermones anticapitalistas.

    Aunque claro ya sabemos que la moralina es un buen maquillaje para el analfabetismo económico.

    Saludos

    • Francisco Capella dice:

      Sí que es cierto que cada término tiene sus matices, pero me parece pedante lo de informar a los lectores que el sistema se llama “laissez faire” como si fuera algo informativo y novedoso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: