A Juan Manuel de Prada no le gusta el libro electrónico

Cree que su única ventaja es que «el saber no ocupará lugar». Y pretende saber más que los comerciantes acerca del «factor humano»: “si los libros nos gustan es, precisamente, porque ocupan lugar, porque hacen de nuestra existencia un lugar, porque son el nido en el que se empolla nuestra vida. Si dejasen de ocupar lugar dejarían de interesarnos, pues habrían perdido su condición de «abrigo del espíritu». Porque en los libros que uno ha leído se refugian los hombres que hemos sido; y cuando llega el invierno, cuando la vida nos araña de secretas melancolías, la permanencia sigilosa de los libros nos vincula con el pasado y garantiza nuestro porvenir.”

Confunde el contenido del libro, la historia que cuenta, con su soporte físico, y además proyecta sus respetables preferencias personales sobre todos los demás. Demuestra su confusión comparando un libro con un paisaje:

Con los libros ocurre lo mismo que con los paisajes que habitaron nuestra infancia. Tal vez los senderos que acogieron nuestras huellas se hayan borrado, invadidos por las zarzas y los arbustos, pero basta que volvamos a poner el pie en ellos para que, como por un milagro retrospectivo, recuperemos emociones que creíamos abolidas.

Los paisajes son únicos, de un libro se pueden hacer muchas copias, y no es necesariamente la nuestra de papel la única capaz de emocionarnos. El rigor intelectual brilla por su ausencia en sus líricas descripciones psicológicas: “basta que aspiremos el aroma exhausto de sus páginas, basta que acariciemos su portada, para que vuelva sobre nosotros, con un sabor de ola repetida y sin embargo fresca, la sal que sazonó nuestra juventud, aquel estado de ánimo o clima espiritual que la lectura de aquel libro promovió en nosotros. Entre los libros y el cacharrito de marras que nos pretenden imponer existe, en fin, la misma diferencia elemental que entre la mujer amada y la muñeca hinchable que reproduce al dedillo sus facciones.”

Tal vez Juan Manuel de Prada sabe de una muñeca hinchable que reproduce al dedillo las facciones de su mujer amada. Probablemente es el único.

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