Vida, acción, evolución y cognición

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Los seres vivos son agentes autónomos autopoyéticos: mediante su actividad dinámica autocontrolada se mantienen, se regeneran a sí mismos y se reproducen utilizando materiales y energía de su entorno, el cual incluye materia inorgánica y otros seres vivos. La reproducción no es perfecta, de modo que los organismos de una misma especie no son idénticos, y sus diferencias pueden ser relevantes respecto a su capacidad de supervivencia y reproducción.

La vida evoluciona. La evolución es un proceso histórico, gradual y adaptativo de cambio entre generaciones de seres vivos que compiten por recursos escasos. Mediante el mecanismo de la selección natural las variantes más exitosas en un entorno tienden a desplazar a las relativamente menos aptas en las funciones básicas de supervivencia: aprovechar oportunidades (encontrar alimento, conseguir pareja reproductora) y evitar riesgos (depredadores, enfermedades, daños ambientales).

El comportamiento de un ser vivo está determinado por su estructura e interacciones. Los seres vivos son sistemas cibernéticos: controlan y coordinan su conducta mediante mecanismos de obtención y procesamiento de información acerca de sí mismos y de su entorno. Cada organismo vivo exitoso incorpora conocimiento e implica algún tipo de cognición. Los seres vivos más sofisticados disponen de subsistemas u órganos especializados para estas tareas, los sistemas sensorial y nervioso.

La información incorporada en el aparato cognitivo de un ser vivo puede proceder de su programa genético innato y del aprendizaje durante su historia vital particular. Algunos seres vivos tienen programas de acción instintivos, rígidos, apenas modificables; otros tienen sistemas cognitivos más plásticos, modificables según el entorno y las vivencias individuales, de modo que es posible seleccionar (promocionar o reprimir) conductas entre un repertorio inicial; algunos seres vivos son capaces de innovar, de generar de forma creativa nuevas estructuras de acciones y probarlas en el mundo. Los seres vivos dotados de curiosidad se interesan por el aprendizaje, les motiva la adquisición de conocimiento, lo adquieren en el presente de modo que tal vez ya disponen de él cuando lo necesitan con urgencia en el futuro.

Con un sistema cognitivo potente que disponga de una buena representación del mundo es posible construir simulaciones mentales de la realidad, que permiten ensayar de forma virtual las posibles consecuencias de diversos cursos de acción alternativos (generar reacciones y predecir sus resultados antes de probarlas con riesgo real), y también construir planes de acción que conduzcan a objetivos dados (partir de un estado final deseado y computar cómo llegar a él desde la situación inicial actual). La cognición es especialmente adaptativa por la capacidad de predicción que permite prepararse para el futuro.

Si un animal tiene un repertorio extenso de conductas posibles, es necesario que disponga de un sistema selector de las mismas (no se puede intentar hacer todo a la vez), un aparato emocional o voluntad generadora de preferencias o prioridades que indique qué acciones son más adecuadas para la supervivencia, qué objetivos son más valiosos.

La acción de los seres vivos no es en general aleatoria (sin ningún tipo de control cognitivo y sin relación con la realidad), sino que consta de reacciones y en algunos casos de acciones intencionales. Las reacciones son procedimientos automáticos ejecutados ante estímulos específicos, externos o internos; los hábitos son reacciones provocadas por algún fenómeno periódico. La acción intencional es la realización de un plan consciente de utilización de medios y ejecución de acciones parciales más simples cuya combinación estructurada conduce a la obtención de un fin u objetivo deseado. La capacidad de acción intencional requiere un sistema cognitivo complejo que incorpore grandes cantidades de conocimiento general e información particular acerca del mundo. Los organismos capaces de acción intencional tienen una fuerte ventaja adaptativa: se adelantan en el tiempo, planifican, han preparado la acción y previsto de forma estratégica diferentes contingencias, no sólo improvisan sobre la marcha o reaccionan ante lo inmediato. Una acción intencional también puede considerarse como una reacción muy compleja, indirecta y diferida: las circunstancias ambientales e internas provocan la fijación de un objetivo que activa los mecanismos planificadores de la cognición.

Ciertos animales son capaces de imitar conductas ajenas, de modo que en lugar de probar y descubrir por sí mismos (con los riesgos asociados a proceder a ciegas en ámbitos novedosos) pueden copiar lo exitoso en un contexto social. El fenómeno de copia de conductas da origen a nuevos replicantes, los memes, que coevolucionan con los genes, de forma complementaria o competitiva.

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