Libertad y moral religiosa

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La norma fundamental de la ética de la libertad es el derecho de propiedad (equivalente al principio de no agresión), la única que puede ser universal, simétrica y funcional. Pero no todas las conductas compatibles con la libertad son igualmente exitosas. Los seres humanos guían su conducta social mediante normas morales (que pueden ser particulares, asimétricas y disfuncionales), sentimientos íntimos o tradiciones compartidas por el grupo (algunas compatibles, otras incompatibles con el derecho de propiedad).

La ciencia (especialmente la psicología evolucionista y la memética) puede explicar qué es la moralidad, cómo surge evolutivamente como herramienta cooperativa y por qué tiene ciertos contenidos concretos. La ciencia también puede explicar la religión (la creencia en entidades sobrenaturales imaginarias) como un fenómeno natural para la mente humana.

La religión, en sus múltiples formas, es muy importante en la vida de muchos seres humanos: es un meme exitoso que ha conseguido conectar con los sistemas emocionales de muchos seres humanos que quieren tener fe y que se sienten molestos o incluso muy ofendidos si sus creencias son cuestionadas o atacadas (y entonces los más radicales e intolerantes pueden reaccionar con violencia física).

Las diversas religiones suelen presentarse como fundamentos y garantes de la moralidad, pero la religión no es imprescindible para la moralidad porque no es su base. Un ateo o un agnóstico pueden tener comportamientos perfectamente éticos, y un creyente puede ser violento y deshonesto. La religión no es fuente de sentimientos morales que son preexistentes, sino que se apoya en ellos, y en ocasiones los fortalece o complementa pero también los distorsiona y puede hacerlos totalmente arbitrarios (la inexistencia de lo sobrenatural como base y la imposibilidad de comprobación permiten casi cualquier cosa). La moral religiosa pretende ser perfecta, infalible, no acepta crítica (es la verdad absoluta) y no puede evolucionar (al menos en teoría, en la realidad histórica sí que cambia). La moral natural es imperfecta pero puede existir sin interferencia religiosa, mientras que las religiones no suelen subsistir sin interferir con la moral.

Como el fundamento sobrenatural es inexistente el contenido de la norma moral religiosa puede en principio ser cualquiera: la voluntad de la divinidad es misteriosa, y el transmisor de la revelación puede haber sufrido alucinaciones, equivocar el mensaje o simplemente inventárselo todo. Recurrir a premios y castigos tras la muerte es un engaño, que tal vez pueda funcionar (para controlar el comportamiento para bien y para mal), pero refleja la debilidad del sistema social de justicia. Fundamentar epistemológicamente mal la moral puede llevar a rechazar erróneamente preceptos morales adecuados si el creyente se da cuenta del engaño de la superstición de lo sobrenatural.

La libertad protege la voluntad individual en el ámbito legítimo de la propiedad; la religión suele insistir en la sumisión (voluntaria o coactiva) a la voluntad divina (expresada directamente de forma mística o a través de representantes terrenales). La libertad se basa en el subjetivismo y el relativismo de las preferencias humanas evolutivas; la religión insiste en la objetividad del bien y el mal absolutos y eternos recibidos mediante la revelación, y sus normas no suelen considerar los deseos humanos particulares.

La libertad se refiere a individuos y sus derechos, la religión a menudo es colectivista: funciona como cohesionador de grupos y sirve de prueba de pertenencia a la comunidad de fieles o al pueblo elegido; si se opone al socialismo puede ser sólo por su materialismo. La religión puede fomentar la solidaridad y la confianza, pero también el colectivismo y la violencia (guerra contra el infiel o el hereje). Las sociedades pueden cohesionarse mediante principios éticos humanistas y redes de relaciones voluntarias, sin necesidad de símbolos imaginarios inexistentes. La ausencia de religión no implica una sociedad atomizada sin lazos entre las personas ni entre el presente y el futuro.

El liberalismo se basa en la realidad objetiva, tanto del mundo como del ser humano (resultado de la interacción entre factores genéticos universales e influencias ambientales y culturales variables). El liberalismo es una filosofía racional, crítica, evolucionista, que se construye científicamente a partir de axiomas, hipótesis, deducciones lógicas y contrastaciones empíricas. La religión es un cuerpo de creencias a menudo irracional, acrítico y creacionista, basado en revelaciones, tradiciones y dogmas arbitrarios y frecuentemente absurdos. No se trata de que la razón pueda aprehender, explicar y diseñar intencionalmente todo (constructivismo social, irracionalismo soberbio disfrazado de racionalidad). Pero la religión revelada no es lo adecuado cuando la razón, siempre limitada, no da más de sí: lo acertado es reconocer los límites del conocimiento y proceder con cautela mediante ensayos (preferiblemente locales y parciales) con errores y aciertos.

Criticar la religión no implica pasión antirreligiosa ni resentimiento. La fe religiosa (la creencia en lo sobrenatural) no es en absoluto equivalente a la confianza crítica, provisional y escéptica en los fundamentos epistemológicos del conocimiento científico. Creer o no en la divinidad no es lo mismo que creer o no en cualquier otra cosa. El conocimiento se entiende como creencia verdadera y fundamentada, la fe religiosa pretende ser verdadera pero en lo esencial no se refiere a la realidad ni está fundamentada epistemológicamente.

No todos los memes son beneficiosos para sus portadores: algunos memes parásitos pueden ser nocivos. Es posible que un meme o costumbre sea útil y no se sepa por qué, pero también es posible que no se vea la utilidad porque no la tenga y sea conveniente eliminarlo (y tal vez se puede comprender su desutilidad): que hayan sobrevivido mucho tiempo en muchos sitios no implica necesariamente que sean correctos, o verdaderos, o adecuados (puede ser que su éxito reproductivo compense la desutilidad sobre sus portadores, o que sean falsedades usadas por los poderosos para manipular a las masas oprimidas). Algunas religiones pueden ser más adecuadas que otras, actuando como memes domesticados que cooperan para la supervivencia de sus portadores y que protegen de otras creencias religiosas más destructivas.

La naturaleza humana es precisamente natural, no sobrenatural. Preceptos morales religiosos pueden ser adecuados si se basan en la naturaleza humana, pero entonces son filosofía moral y no revelación sobrenatural. Interpretadas de forma sensata, prescindiendo de sobrenaturalidad, son adecuadas por lo humano, no por lo divino. A pesar de sus bases irracionales (y en algunos aspectos incluso debido a ello) la religión puede tener efectos positivos: pero eso no garantiza que su efecto neto sea positivo, o que la selección natural de grupos garantice que las religiones nocivas sean eliminadas.

La religión como solución a los problemas humanos es problemática cuando choca contra el conocimiento científico de la realidad. La religión es parte del problema si la gente no piensa sino que simplemente cree y se aferra emocionalmente a sus prejuicios recibidos durante la infancia. Algunas sociedades desarrolladas están moralmente empobrecidas (familias rotas, drogadicción, criminalidad, dependencia) y en declive no porque hayan abandonado la religión sino porque se han colectivizado, por la importancia de la política y el intervencionismo coactivo contra las instituciones éticas espontáneas de una sociedad libre. Muchos creyentes saben poco de economía y ética y promueven el socialismo, fracasando sistemáticamente en sus nobles intentos de erradicar el sufrimiento y la pobreza.

La moral religiosa es legítima si se considera como consejos persuasivos para una vida buena y feliz, pero no lo es si se trata de mandatos coactivos impuestos por organizaciones que monopolizan el poder. Algunas creencias religiosas son liberticidas, mientras que el liberalismo incluye la libertad religiosa, creer lo que se quiera mientras no se agreda a los demás.

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