Trabajadores abstractos e inexistentes

07/03/2012

Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona, critica a

… algunos de los que han estado enviando, en su exclusivo provecho, a las colas del INEM a un buen número de sus empleados.

No se molesta en explicar cómo uno puede obtener un beneficio enviando a un empleado suyo al paro: normalmente eso se hace para evitar alguna pérdida (porque el trabajador produce menos valor de lo que cuesta), que no es exactamente lo mismo que obtener un mayor beneficio.

La irrelevancia … a la que sectores empresariales y gubernamentales parecen querer condenar a los trabajadores va mucho más allá de su mera invisibilización ante la opinión pública. Se diría que el objetivo de toda esta lógica es despojarlos de su condición real, material, concreta, para convertirlos en mera función, variable o vector de lo único que importa: en primer plano las empresas y, más allá, la esfera económica misma. Así las cosas, nada tiene de extraño que el empeño de determinados sectores —sindicales o sociales en general— por conservar derechos duramente alcanzados, como el de huelga, sea visto por los poderosos como una disfunción tan anacrónica como absurda. Porque, ¿acaso tiene sentido que lo que no es más que abstracción, esto es, la fuerza de trabajo, se atribuya derechos? ¿Desde cuándo —parecen decirse— una mera función, variable o vector puede pretender constituirse en sujeto de derechos?

“Se diría”, sí. ¿Quién lo diría? ¿Alguien más aparte de Manuel Cruz? Es propio de los filósofos moverse en el ámbito de las ideas abstractas: algunos suelen hacer trampas con ellas, como en este caso. Porque si los empresarios y los gobernantes quisieran invisibilizar a los trabajadores, lo que estaría por demostrar, en realidad lo estarían haciendo bastante mal, ya que con el debate sobre la reforma laboral se habla bastante de ellos.

Efectivamente, las entidades abstractas no tienen derechos, pero estas suelen referirse a individuos concretos que sí los tienen; y esos derechos (una idea abstracta) se articulan lingüísticamente mediante términos abstractos: no hay nada raro en ello.

Son los individuos concretos los que actúan en el mundo real: por eso los empresarios contratan trabajadores determinados, y no una “fuerza de trabajo” abstracta que no sirve para nada sin materializar.

Cruz se refiere al

… empeño de algunos en negar la condición misma de sujeto a todo un sector de la sociedad.

¿Quiénes son esos “algunos” tan malvados? ¿Alguna cita o referencia? Suena muy escandaloso, pero, además de que parece todo un invento descarado, ¿qué es esa tontería de “negar la condición misma de sujeto”?

… se podría afirmar que si con el PSOE los trabajadores se sintieron traicionados, burdamente engañados, con el PP se están sintiendo despreciados, considerados directamente como unos inexistentes.

Pues lo que se considera inexistente, no se puede creer que causará problemas, porque, bueno, se cree que no existe. Así que ¿a qué tanto empeño y preocupación por hacerlo invisible, abstraerlo o negarle la condición de sujeto?


Contra la huelga general

27/09/2010

Artículo en Libertad Digital.


Juan Francisco Martín Seco y los despidos

09/05/2009

Según Juan Francisco Martín Seco:

No deja de ser paradójico que el neoliberalismo económico, que ha sido el culpable la crisis y que, por tanto, debería aparecer como el villano de la función, quiera por el contrario erigirse en nuestro país en el protagonista y triunfador.

No se molesta en explicar cómo la libertad ha causado esta crisis, pero la libertad debe ser la malvada de la función.

España es diferente. Cuando en todas partes se vuelve la mirada hacia las políticas keynesianas y se abjura, aunque sea con la boca pequeña, del fundamentalismo de mercado, aquí, en nuestro país, la derecha política y económica, los empresarios, algunos técnicos y la mayoría de los medios de comunicación continúan, erre que erre, con la ideología neoliberal. Es más, quieren aprovechar la crisis para reducir las pensiones o abaratar el despido.

¿Ser diferente implica automáticamente estar equivocado? ¿Hay que hacer lo que hagan todos los demás porque sí? ¿Es verdad que en todas partes vuelven a políticas keynesianas? ¿Tan tontos son? Acierta al hablar de políticas keynesianas, porque el keynesianismo va de eso, de política, de falta de libertad, de coacción colectiva, de fraude a gran escala; y el mercado es “fundamentalista”, pero no en el mal sentido que Martín Seco pretende, sino porque tiene fundamentos, porque se sostiene sobre soportes sólidos.

…si algo sobra en el mercado de trabajo español es flexibilidad.

Lo que pasa con el mercado de trabajo es que está fuertemente segmentado entre grupos ultraprotegidos por la legislación y grupos con contratos más flexibles. Lo que le falta a ese mercado es libertad contractual para que ambas partes pacten libremente las condiciones de la rescisión del contrato.

Como Martín Seco no debe de saber lo que es la vergüenza, al menos en el ámbito intelectual, asegura que “La presidenta de la Comunidad de Madrid, ante la crisis debería callarse avergonzada, puesto que ha sido una de las mayores defensoras de las teorías que nos han llevado a la recesión”. Dice una estupidez acerca del liberalismo como causante de la crisis y luego acusa a los defensores del liberalismo de desvergonzados.

En 1979 se aprobó el Estatuto de los Trabajadores pactado por empresarios, trabajadores y partidos políticos.

¿Y por qué debía obligar a todos lo que pactaron unos pocos representantes de grupos de presión particulares? ¿Por qué lo pactado entonces debe obligarnos ahora? ¿Es que la gente no entiende que los pactos sólo obligan a las partes contratantes y que no se puede contratar en nombre de otros a quienes no se representa legítimamente?

En momentos de recesión como el actual, lo único que se consigue abaratando el despido es que el ajuste se traslade inmediatamente al mercado de trabajo sin que las dificultades afecten a las empresas o a las rentas de capital.

¿Cómo lo sabe si el despido no se ha abaratado? ¿Y de verdad que las empresas y sus accionistas no tienen o tendrían entonces ningún tipo de pérdidas o problemas? ¿Ha sido Martín Seco empresario alguna vez? ¿Entiende la empresarialidad aunque sea por referencias lejanas?

Sí, efectivamente, en España es necesaria una reforma laboral, pero no otra contrarreforma. Los sindicatos deben reclamarla, deben pasar a la ofensiva. Una reforma laboral que vaya en sentido contrario a las de los años 1984, 1994, 1997 y 2002. Únicamente sería preciso aplicar el sentido común. Para reducir la temporalidad y la precariedad sólo se precisa prohibir este tipo de contratos y permitirlos exclusivamente para aquellas actividades que son realmente temporales. ¿Que la indemnización de 45 días por año trabajado para los despidos improcedentes es muy elevada? Pues bien, eliminemos los despidos improcedentes. Cuando un juez declara que el despido es improcedente y no hay causa ni disciplinaria ni económica ni tecnológica, es decir, que la única razón del despido es el capricho y la voluntad del empresario, no impongamos ninguna indemnización sino, como ocurre en otros países, obliguemos a la readmisión. Los empresarios no quieren abaratar el despido basado en causas objetivas, sino poder despedir a su capricho y que, además, les salga gratis.

Vamos a prohibir contratos tralará, vamos a prohibir contratos. Qué gusto da prohibir, sobre todo siendo un mindundi que aspira a recomendar (mejor a obligar) a todo el mundo qué legislación debe adoptar. Y los jueces, que sustituyan a los empresarios, porque los juristas, aunque no tengan ni idea de economía ni asuman ningún riesgo empresarial ni tengan que satisfacer a los consumidores, seguro que ellos no tienen caprichos. Al fina y al cabo, son funcionarios y no se les puede despedir.


Romeu, ejecutivos y obreros

09/05/2009

Romeu es capaz de concentrar grandes dosis de estupidez en una viñeta:

- Despidiendo un ejecutivo (que cobra como 2,000 obreros) sólo pierdes un empleo y conservas 1,999. ¿Para cuándo un ERE de cuadros?

- Los montamos nosotros, idiota.

No está claro si cree que todos los ejecutivos cobran 2,000 veces más que todos los obreros (curiosa forma de llamar a los trabajadores), dato que parece poco realista (pero Romeu es creativo, se dedica a la ficción, donde todo vale y el lector se lo cree). Si habla de un ejecutivo en concreto, sería interesante conocer sus detalles. Y quizás haya dos o más.

Este es un ejemplo claro de la falacia económica del trabajo: no se trata de crear riqueza, sino de inventarse y mantener como sea puestos de trabajo aunque no tengan sentido. Y en realidad no se trata del puesto de trabajo sino del salario asociado a él: los que reclaman su empleo en realidad quieren el dinero, si es posible trabajando lo mínimo.

La productividad, la generación eficiente de valor, para muchos parece no existir. Sólo ven lo que se cobra, no lo que se aporta a la empresa, y se escandalizan envidiosos ante las grandes diferencias de sueldo. Quizás porque les parezca impensable que algunas personas pueden resultar cruciales para la empresa y otros son más fácilmente sustituibles o prescindibles.

Conviene recordar que ser ejecutivo u obrero no es algo genético, la gente no lleva grabada en la frente su casta laboral. Si los obreros quieren hacerse ejecutivos tal vez puedan estudiando lo necesario: pero no todo el mundo vale para dirigir, tomar decisiones y asumir riesgos.


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