Según el hermano corazonista Valeriano López, maestro del Centro de Educación Infantil, Primaria y Secundaria Sagrado Corazón (Madrid), lo de los crucifijos en los colegios públicos es “el primer paso para que vayan quitando todos los crucifijos de los centros que están subvencionados por el Estado. Comienzan con los crucifijos y luego nos quitarán todo”.
Que igual les quitan las subvenciones, vale; pero… ¿la vida también se la van a quitar?
Según Jorge Trías Sagnier:
No hace falta que nos escondamos, como creyentes vergonzantes, en la «cultura cristiana» para defender la presencia del crucifijo en las escuelas. La Constitución obliga a los poderes públicos a tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y, mientras no se demuestre lo contrario, la mayoría de los españoles seguimos siendo cristianos, esencialmente católicos. Es cierto que si en algún colegio público los padres decidiesen retirar de sus aulas el crucifijo, habría que descolgarlo, pero no parece que eso sea un problema en la casi totalidad de los institutos.
Igual convendría cambiar la Constitución, y esta no especifica cómo se deben tener en cuenta las creencias religiosas. Los españoles tal vez son sólo nominalmente cristianos y más que demostrar que han dejado de serlo habría que demostrar que lo siguen siendo de forma activa.
Cuando en tiempos de la Segunda República se planteó lo mismo, Miguel de Unamuno dejó dicha su opinión: “La presencia del crucifijo en las escuelas no ofende a ningún sentimiento ni aún al de los racionalistas y ateos; y el quitarlo ofende al sentimiento popular hasta el de los que carecen de creencias confesionales”.
Qué sabio era Unamuno que conocía íntimamente y con detalle las mentes y corazones de todos sus compatriotas. Además seguro que esta evidencia de hace unas décadas sigue siendo válida hoy día.
Según el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco Varela, la Cruz no es sólo un símbolo religioso sino “de humanidad, de un humanismo que ha hecho transpirar al mundo entero con valores fundamentales, del perdón de la misericordia, dar la vida, saber entregarla”.
A gran parte del mundo la cruz no les dice nada, y para algunos representa al enemigo o al diferente. Si se quiere representar el humanismo, tal vez sea más conveniente no utilizar un símbolo con claras connotaciones de superstición religiosa.
Según la secretaria general de la Provincia Eclesiástica de Madrid, María Rosa de la Cierva, que ocupa un puesto en el Consejo Escolar del Estado, “Si tenemos que sufrir el martirio, lo sufriremos, pero no claudicaremos en nuestros compromisos de fe.”
El martirio ya no es lo que era.
Escrito por Francisco Capella