Artículo en Instituto Juan de Mariana.
Tonterías de Pablo Pardo sobre el liberalismo
19/11/2009Pablo Pardo no da crédito: tal vez porque carece de él.
Adam Smith habló de la ‘mano invisible’, o sea, de cómo la oferta y la demanda redundan en bien para toda la sociedad. En el Valle de San Fernando (o, como se le conoce coloquialmente, el Valle de San Pornando, por ser la capital mundial del porno) lo de la mano es demasiado obvio. Paseando por aquí me he acordado al economista de la Escuela Austriaca (es decir, admirador de Hayek y, por tanto, de Adam Smith) Peter Leeson, que ha escrito un libro de éxito titulado ‘El garfio invisible’, en el que explica la piratería (de ahí el garfio) desde los postulados del liberalismo clásico.
Aparte de que uno se acuerda de algo o recuerda algo, la “explicación” de la mano invisible es más bien pobre. Pretender que por ser economista de la Escuela Austriaca se debe ser admirador de Adam Smith revela que no se sabe gran cosa de la Escuela Austriaca, ya que algunos de sus miembros (Murray Rothbard, Jesús Huerta de Soto) son, con razón o sin ella, muy críticos con Adam Smith; admirar a Hayek no implica admirar a Smith.
Peter Leeson no explica la piratería desde los postulados del liberalismo clásico, sino desde la racionalidad económica de los piratas. El liberalismo clásico se basa en el respeto a los derechos de propiedad, algo que los piratas no practicaban, al menos respecto a sus víctimas.
El Valle de San Pornando es la quintaesencia del liberalismo (eso sí, no del liberalismo iusnaturalista): la industria dominante aquí ha crecido sin ayudas públicas—más bien con la hostilidad de los podres públicos—y, sabedora de que cualquier error podía acabar con la policía llevándose a sus directivos a comisaría, ha desarrollado códigos de buenas prácticas (no los llamaré éticos) muy estrictos. Por ejemplo, la filmación de determinadas aberraciones queda para la industria del Este de Europa. Ciertamente, la Nobel de Economía Elinor Ostrom debería venir a estudiar la gestión colectiva del morbo del Valle de San Fernando y dejarse del Tribunal de las Aguas de Valencia.
Tal vez se crea muy gracioso este periodista al describir la esencia del liberalismo, pero ¿está seguro de que la industria del porno no es compatible con el iusnaturalismo? Tal vez es que Pablo Pardo cree que el iusnaturalismo consiste en puritanismo de inspiración religiosa, lo cual de nuevo muestra que no está muy enterado acerca de la investigación sobre ética del liberalismo: quizás por eso no puede llamar éticos a los códigos estrictos de buenas prácticas (le ha faltado el chiste de llamarlos códigos inmorales).
Probablemente Elinor Ostrom ignore sus recomendaciones.
Así que Adam Smith, Friedrich Hayek y Karl Popper viven en el Valle de San Pornando. Ahora sólo queda ver cuánto van a tardar en mudarse a Internet.
Tal vez no sea el Adam Smith de “La teoría de los sentimientos morales”, ni el Friedrich Hayek que estudiaba el sustrato moral evolutivo de la sociedad. En Internet sus obras llevan ya tiempo presentes, pero a necios como Pablo Pardo no les llega la inteligencia como para entenderlos mínimamente.
José Vidal-Beneyto contra el individualismo liberal
11/05/2009José Vidal-Beneyto, sociólogo, es un claro ejemplo de un “intelectual” cortesano siempre dispuesto a justificar de algún modo la colectivización, la politización al más alto nivel y la restricción de la libertad individual, la cual obviamente desprecia. Su estilo de escritura es formalmente ampuloso y pretencioso, poco claro y argumentativamente débil. Sustituye el análisis riguroso con múltiples referencias de lecturas de las que no parece aprender gran cosa más que confirmar sus prejuicios.
La democracia-marketing, tanto en su fase de emergencia como de consolidación, tiene como ethos fundante la afirmación del sujeto en sus diversas variantes que señorean la época y todas sus actividades. Con lo que el sujeto, el yo, lo de uno, el ego, lo propio, lo mío, lo íntimo y su expresión pública, el individuo, dibujan el perímetro sémico y social al que Malraux apostrofaba como ese “monstre préférable à tout”, que nos devora pero nos realiza. De las inabarcables referencias bibliográficas que lo manifiestan retengo sólo el reader de Pierre Birnbaum y Jean Leca, Sur l’individualisme, que fue el primero que, hace más de 20 años nos ayudó a sobrevivir a la confusión del imperialismo individualista en que iba a sumirnos el neoliberalismo radical y sus grandes epígonos Reagan, Bush, Thatcher y tantos otros apasionados acompañantes.
La gran falsificación del integrismo liberal fue enclaustrar al individuo en el augusto recinto de sus solos intereses propios, confinarlo en el universo de sus insignificancias, en el cálculo de tendero, de los logros y las pequeñeces de su estricta vida personal.
Esta regresión era además totalmente incompatible con la apertura al mundo, a lo otro y a los otros que caracterizó la modernidad y su principal banderín de enganche: el individuo y su producto, el individualismo, con su reivindicación del descubrimiento, la conquista, el progreso. Por el contrario, el individuo del integrismo liberal, miedoso y acurrucado, huido del mundo y refugiado en el último sótano de su vida particular, tenía, como único posible ámbito de ejercicio la libertad, pero obviamente confinada a su esfera personal. De aquí que la intimidad fuese el objeto privilegiado, que se vive bajo el signo de la autonomía absoluta. La privacidad nos salva y nos protege de la agresión de lo de todos, de la contaminación de lo común; la intimidad es la última trinchera de nuestro ser más auténtico, nos dicen, y el ejercicio de la libertad es la prueba de fuego de ambos. Con lo que la libertad conjugada en lo personal y privado se constituye en el referente máximo del cumplimiento individual.
Es muy propio de los charlatanes esconder su indigencia intelectual tras formas barrocas impenetrables que impresionan a los incautos y que a menudo no significan nada o son completas necedades. Vidal-Beneyto adora la politización colectivista, y por lo tanto tacha a los políticos un poco menos liberticidas de radicales, nocivos (nos “sumían”), imperialistas (¿del individualismo?) y promotores de confusión. El individuo liberal se presenta como malo, el progresista como bueno. Aunque se podría agradecer a este autor que se refiera a la integridad del liberalismo, probablemente no utiliza el término “integrismo” en este sentido positivo: sobre todo al asegurar que el liberalismo fomenta el miedo, el encerrarse en uno mismo, la autonomía absoluta. El liberalismo defiende la existencia de ámbitos de decisión inviolables propios de cada persona (el derecho de propiedad), pero eso no implica en absoluto (hay que ser muy incompetente para no verlo) que no existan relaciones sociales e interdependencia: lo crucial es que esas relaciones sean voluntarias y no impuestas o prohibidas por la colectividad.
La única posibilidad de superar “el cada uno para sí” que todos comparten, es la de insistir en un incondicionado desarrollo total de ese “para sí” que lo ensanche y profundice, es la de confiar a la libertad la realización de su intimidad más originaria, de lo solamente mío, sin intermediarios ni adulteraciones. Búsqueda patética en tantos casos y en tantos ámbitos.
Tantos que Vidal-Beneyto no cita ni uno solo: tal vez sólo está proyectando su particular desprecio por quienes deciden vivir su propia vida en libertad sin hacer caso a necios como él. No es raro ser rechazado cuando aseguras que lo que al otro le interesa es insignificante.
No hace falta ser súbdito de la sociología para aceptar que el yo es en buena medida un producto social y que el repertorio de los posibles personales es necesariamente función del conjunto de determinaciones objetivadas que estructuran cada contexto. Lo que implica no sólo una fuerte limitación del número de esos posibles, sino un inescapable condicionamiento de su contenido y modalidades, que se traduce en una fuerte homogeneización del resultado, en una banalización reiterativa y uniformizadora de las aspiraciones a la diferencia. Todos los estudios empíricos sobre los modos de vida nos confirman que las múltiples posibilidades que inaugura la sociedad de consumo se contraen a unos cuantos pocos usos encardinados desde los imperativos del mercado. Con lo que la intimidad que se nos aparece como la expresión más acabada de lo propio, como la huella más inconfundible de lo irreductiblemente subjetivo, es lo más contaminado, lo más afectado por determinaciones exteriores masivas, consecuencia, por una parte, del repertorio extremadamente limitado de las posibilidades humanas; y por otra, de la estructura absolutamente dominante de la oferta real, organizada por las imposiciones estrictamente mercantiles.
Es cierto que lo que cada persona es y hace depende de su entorno: pero la uniformidad o la diversidad de los resultados dependen en último término de las preferencias y las capacidades humanas. Si los individuos deciden voluntariamente ser homogéneos, ¿quién se cree que es este aspirante a diosecillo de pacotilla para calificarlos como “banales”? Y como no entiende nada de economía ni de ética, le da por hablar de los “imperativos del mercado” o de “imposiciones mercantiles”, como si la oferta y la demanda de productores y consumidores fueran órdenes coactivas: se ha equivocado claramente de ámbito, es la política que él defiende donde abundan los imperativos de los que mandan sobre los que obedecen. La fobia de los totalitarios contra el mercado parece no extinguirse nunca.
Vidal-Beneyto tiene una “última esperanza de un muy viejo europeísta”, “¿Cuándo podremos los Europeos volver al protagonismo mundial y solidario de un mundo de todos y para todos que es nuestro gran proyecto común?” ¿Por qué habla con tanto descaro en nombre de todos los europeos? ¿Es que los conoce a todos y cree representarlos? Si se refiere a “volver” al protagonismo mundial, ¿cuándo ha existido antes? La solidaridad a la que se refiere ¿es resultado de decisiones individuales voluntarias o se refiere más bien la manejo genereso por parte de los políticos de la riqueza confiscada a sus súbditos? El mundo de todos y para todos ¿no suena a comunismo radical? Sólo le vale la unión política europea, porque lo de ahora es un “espacio mercantil blando” (¿debería ser duro?) “en el que el principio más efectivo es obtener el máximo beneficio mediante la especulación y el privilegio”. ¿Quiénes tienen privilegios? ¿Los estados nacionales, los políticos, los empresarios, los ciudadanos? ¿Especular es malo? ¿Sabe lo que es? ¿Es mejor intentar el mínimo beneficio o tal vez el máximo perjuicio?
Loretta Napoleoni, Thatcher y el neoliberalismo
09/05/2009Loretta Napoleoni, economista italiana, reclama una nueva teoría económica.
Asegura que “Poco después de que quebrara el socialismo, también el neoliberalismo ha caído hecho añicos. Arrollados por semejante cataclismo, los Gobiernos utilizan la economía como los bomberos la manguera: lanzan agua allí donde hay más fuego, tratando de salvar lo salvable. Claro que su misión es la de detener el avance del fuego, no la de reconstruir lo que se quema. Serían necesarios arquitectos e ingenieros para hacerlo, pero no están disponibles.”
No está claro a qué se refiere con “neoliberalismo”, así que su afirmación al respecto es difícil de juzgar. Pero pretende que los gobiernos son bomberos salvadores, cuando en realidad son más bien pirómanos inconscientes. Para entenderlo es necesario ser un buen economista, y no parece el caso de Napoleoni. Según ella “ningún Gobierno tiene a mano una nueva teoría económica, un modelo que seguir, puesto que durante treinta años se han acomodado al sistema creado por Margaret Thatcher, la Dama de Hierro. Y ése es el verdadero peligro de la recesión, la ausencia de una alternativa al modelo del libre mercado.”
El modelo de libre mercado no se ha aplicado de forma consistente: existen los bancos centrales con su monopolio de emisión de moneda de curso legal y las múltiples garantías estatales a bancos y depositantes. El modelo estatal dominante de los últimos años ha sido el socialdemócrata con leves tintes liberales en pocos casos. El monetarismo no es tan diferente del keynesianismo como muchos creen.
“Durante varios años, Reino Unido vende sus joyas: escuelas, parques, hospitales, y hasta los transportes y la telefonía acaban en manos privadas”. Pretender que los “bienes” controlados por el Estado son joyas es un pelín ridículo: más bien son recursos desaprovechados que mejoran en manos privadas. Pero Thatcher no privatizó la enseñanza ni la sanidad, y la afirmación de que vendió los parques resulta descabellada: ¿todos los parques?, ¿a quién? ¿El “hasta” de los transportes y la telefonía implica que tienen algo especial que hace especialmente osada o errónea su privatización en comparación con los otros elementos de su lista?
“El caballo de batalla del nuevo sistema económico pasa a ser la privatización, un virus entero y verdadero. Desde Londres, los bancos internacionales guían su contagio embolsándose cifras de vértigo mediante sus asesorías.”
¿La privatización es un virus? ¿Contagioso? Si Napoleoni está jugando a los médicos (como economista obviamente no da la talla) su diagnóstico es patético. ¿Por las asesorías sólo pueden cobrarse cifras que no den vértigo?
“El modelo thatcheriano se presenta como el esquema económico de la globalización, un modelo que, sin embargo, funciona sólo en algunos países y que no resiste la prueba del tiempo. En Rusia crea la casta de los oligarcas; en Estados Unidos da vida a los abusos financieros que han arrastrado a la economía mundial a la recesión, y hasta en Reino Unido la herencia de la Thatcher consiste en el caos económico.”
O sea que los rusos han copiado a Thatcher pero les ha salido mal: risible. Pretender que lo poco que se ha liberalizado es lo que ha causado la crisis económica revela que no se conocen los problemas que causan los elementos estatales que quedan por privatizar en los ámbitos de la moneda y el crédito.
Algún acierto: “¿Cuál es la solución? No puede serlo el lavado de cara que todos los Gobiernos parecen preferir: elevación de las cuotas fiscales, creación a partir de la nada de más papel moneda, nacionalizaciones y potenciación del sistema social. La alternativa no puede ser el retorno al viejo socialismo, sino una nueva teoría económica. Una que funcione durante los próximos 30 años, hasta la próxima crisis. La economía no es una ciencia exacta y la teoría perfecta no existe.”
Si Napoleoni conociera todas las teorías económicas y fuera capaz de analizarlas con rigor, no reclamaría una nueva, porque ya existe: es la teoría de la escuela austriaca de economía (Menger, Mises, Hayek) complementada con la escuela de la elección pública (Buchanan, Tullock). Como no las conoce o domina, no puede entender lo que ha sucedido.
¿Thatcher ultraliberal?
08/05/2009Según Lluís Foix:
… la crisis actual ha negado con los hechos la fragilidad de aquella revolución conservadora.
¿Es que no enseñan a los periodistas a pensar y escribir a la vez? Porque Foix está afirmando que la revolución conservadora fue muy fuerte, justo lo contrario de lo que quiere decir.
Cuentan sus fans que hizo posible que todos los británicos pudieran escalar en el ascensor social, que extendió la libertad dentro y fuera de su país y arrancó al Estado el control del modelo económico dando rienda suelta a las leyes del mercado.
Con la perspectiva que da el paso del tiempo me permito afirmar que aquella filosofía rompía con la hegemonía del laborismo desbordado por los sindicatos, pero introducía unas actitudes ultra liberales que nos han conducido a la presente crisis.
Eso de dar “rienda suelta a las leyes del mercado” suena demasiado bonito para ser verdad, porque no lo es. Liberalizar un poco no es dar rienda suelta al mercado libre.
Lo del ultraliberalismo muestra que los liberticidas están tan alejados del liberalismo que cualquier cosa en esa dirección les parece ultra.
Pretender relacionar las liberalizaciones con la presente crisis revela que no se tiene ni idea de economía o finanzas.
Obama ha sido la primera respuesta para corregir los abusos de aquella ideología.
Obama el salvador. Lástima que nos quedemos sin conocer con un poco de detalle esos presuntos abusos. Deshonestos, seguro.
Escrito por Francisco Capella