Carlos Mulas y la recuperación económica

07/11/2009

Según Carlos Mulas-Granados, profesor titular de Economía Aplicada en la UCM y director de la Fundación IDEAS:

La segunda fase es la de la recuperación, durante la cual la inversión y el consumo públicos sustituyen a la inversión y al consumo privados, para sostener la demanda agregada de la que depende la supervivencia de nuestra economía de mercado.

La economía de mercado no es propia de socialistas ni de socialdemócratas, así que resulta bastante desvergonzado que pretendan hacerla “suya” o engañar a los demás tratando de pretender que es la “nuestra”. Si existe un sector público (estatal, basado en la coacción institucional y en la redistribución ilegítima de riqueza) la economía no es de mercado, porque los mercados se supone que son libres y con derechos de propiedad respetados.

Una economía de mercado no sobrevive dependiendo del sostenimiento de la demanda agregada. El mercado es un orden espontáneo complejo espontaneo y adaptativo con múltiples ofertas y demandas de diversos bienes y servicios. Cada persona decide libremente si producir, consumir, ahorrar, atesorar o invertir. Si la demanda agregada (un concepto macroeconómico de dudosa utilidad real) cae, son los empresarios particulares los que tienen que tomar decisiones respecto a cómo les afecta ese fenómeno.

La intervención pública, que ya fue la causante de la depresión, no contribuye a la recuperación sino que la dificulta. Que ambas puedan coexistir sólo refleja lo resistentes que son los procesos de mercado frente a la incompetencia política. La intervención pública, que se supone democrática y representativa de la voluntad de los ciudadanos, va claramente en contra de las preferencias demostradas por los individuos que eligen reducir su consumo y su endeudamiento. Y es que, pobrecitos, no saben lo que hacen, y se les dice que lo que es racional para uno no lo es para el colectivo, y aquí están los tecnócratas despóticos y paternalistas para corregir nuestras decisiones.


Crisis y dirigismo económico

09/06/2009

Artículo en Libertad Digital.


Joan Majó no se lo cree

23/05/2009

Joan Majó, ex ministro de Industria, no se lo cree. ¿Por qué habla de creer o no creer? Porque saber, lo que se dice saber, no sabe. Es normal: es socialista.

La ausencia de regulación impulsada por los gobiernos ultraliberales ha propiciado que los intereses particulares pasaran por delante de los generales.

No habla de desregulación (quitar regulaciones previas) sino de ausencia de regulación: no está claro si se refiere a que no hay nada de regulación (obviamente falso) o a que hay mínimos resquicios de libertad a los cuales la regulación estatal aún no ha llegado. Algo que un ultrasocialista no puede aceptar. La regulación contractual libre y voluntaria ni se plantea.

Nuestro problema es dar respuesta a preguntas como éstas: ¿qué sectores económicos vamos a potenciar para generar actividad y dar ocupación a los dos millones de personas (casi medio millón en Cataluña) que van a quedar fuera del mercado de trabajo como consecuencia del colapso?, ¿qué tipos de iniciativas y de conocimientos vamos a necesitar para impulsar estas nuevas actividades?, ¿cómo vamos a reciclar a las personas para los nuevos trabajos?

¿Nuestro problema? ¿Vamos? ¿Es que todos los españoles tenemos que participar unidos y decidir juntos el futuro de la economía? ¿Entiende Majó que las preguntas que realiza son absurdas? Tal vez le cuesta aceptar la idea del orden espontáneo donde las decisiones se toman localmente y se ajustan mediante los mecanismos de mercado sin necesidad de intervención política. Él sólo acepta respuestas que colectivicen los problemas y sus soluciones: quizás tolera diversas respuestas a sus preguntas, pero no asume respuestas sin el “nosotros”.

Hay que reactivar el consumo con medidas de estímulo. Hay que apoyar el sistema financiero para garantizar los ahorros de las familias y los créditos a las empresas. Hay que atender a aquellos que están más afectados por el paro. Pero además de todo ello, tanto a nivel español como a nivel catalán, hay que diseñar y poner en marcha un plan de reconversión global que marque líneas de futuro, que dé confianza a la gente y que permita coordinar los esfuerzos de todos, porque sin esfuerzo -y de todos- la salida será más difícil y más larga. Esto sí me lo creo.

Hay que, hay que, hay que. Los que no saben, pero creen, dan órdenes, nos dicen qué debemos hacer. Y no son órdenes cualesquiera, suelen ser las más nocivas posibles: reactivar el consumo cuando lo que hace falta es ahorro, apoyar  un sistema sin condiciones para que nadie se haga responsable, intervenir desde el Estado para una vez más engañar a los ciudadanos y conseguir que confíen en un espejismo. Está muy bien que mencione el esfuerzo: sólo le faltan la inteligencia y la libertad. Poca cosa.


Demasiado grandes para caer

18/05/2009

Artículo en el Instituto Juan de Mariana.


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