Según Carlos Mulas-Granados, profesor titular de Economía Aplicada en la UCM y director de la Fundación IDEAS:
La segunda fase es la de la recuperación, durante la cual la inversión y el consumo públicos sustituyen a la inversión y al consumo privados, para sostener la demanda agregada de la que depende la supervivencia de nuestra economía de mercado.
La economía de mercado no es propia de socialistas ni de socialdemócratas, así que resulta bastante desvergonzado que pretendan hacerla “suya” o engañar a los demás tratando de pretender que es la “nuestra”. Si existe un sector público (estatal, basado en la coacción institucional y en la redistribución ilegítima de riqueza) la economía no es de mercado, porque los mercados se supone que son libres y con derechos de propiedad respetados.
Una economía de mercado no sobrevive dependiendo del sostenimiento de la demanda agregada. El mercado es un orden espontáneo complejo espontaneo y adaptativo con múltiples ofertas y demandas de diversos bienes y servicios. Cada persona decide libremente si producir, consumir, ahorrar, atesorar o invertir. Si la demanda agregada (un concepto macroeconómico de dudosa utilidad real) cae, son los empresarios particulares los que tienen que tomar decisiones respecto a cómo les afecta ese fenómeno.
La intervención pública, que ya fue la causante de la depresión, no contribuye a la recuperación sino que la dificulta. Que ambas puedan coexistir sólo refleja lo resistentes que son los procesos de mercado frente a la incompetencia política. La intervención pública, que se supone democrática y representativa de la voluntad de los ciudadanos, va claramente en contra de las preferencias demostradas por los individuos que eligen reducir su consumo y su endeudamiento. Y es que, pobrecitos, no saben lo que hacen, y se les dice que lo que es racional para uno no lo es para el colectivo, y aquí están los tecnócratas despóticos y paternalistas para corregir nuestras decisiones.
Escrito por Francisco Capella