Una crítica al oro como dinero, tonta como casi todas, es la siguiente: es un despilfarro de recursos agujerear la tierra en lugares remotos, sacar de ahí el oro, transportarlo al otro extremo del mundo y al final guardarlo en otro gran agujero (la caja fuerte de un banco).
Aquí, por ejemplo Jesús Fernández Villaverde (inspirado por Keynes) sobre la, en su opinión, “reliquia barbárica”:
… agujeramos la tierra en Australia para sacar oro de las profundidades, lo ponemos en un barco y lo llevamos a la otra punta del mundo, a Nueva York, donde hacemos otro agujero tremendo para tenerlo ahí bien guardadito. Menudo despilfarro de recursos más tonto.
Quienes utilizan este argumento se creen muy inteligentes pero en realidad muestran una seria ineptitud intelectual. El ingeniero social pretende saber cuándo los recursos se están despilfarrando: las preferencias y el conocimiento de los agentes que llevan a cabo el presunto despilfarro no son tenidos en cuenta.
Una entidad material sólo es un bien económico si puede utilizarse por un agente, si está a su alcance, si es controlable. Es muy diferente el oro en una mina de oro del oro en una caja fuerte.
En la mina se cree que hay oro, pero no se tiene certeza de ello ni se sabe exactamente cuánto hay: es posible utilizar tecnología de sensores remotos, pero es imperfecta y normalmente el oro se encuentra conforme se va cavando y filtrando el material extraído. El oro va apareciendo en fragmentos de distinto peso y pureza, no estandarizados.
Para homogeneizarlo y conseguir que el oro sea un bien fungible, el material es procesado en diferentes lingotes (o monedas) de peso y pureza uniforme.
En una caja fuerte, que por motivos de seguridad puede ser subterránea, el oro está eficientemente almacenado: está localizado con certeza y es manipulable en fragmentos de peso y pureza conocidos.
El dinero no es solamente medio de intercambio y unidad de cuenta: también es depósito de valor; por eso no es extraño que el oro, el dinero más natural y elegido por el mercado, se almacene de algún modo.
Estando en ese almacén también puede funcionar como medio de intercambio. Transferir la propiedad de una mina de oro (o de sus derechos asociados o parte de los mismos) implica una incertidumbre y unos costes de procesamiento y transporte posteriores. Los derechos de propiedad sobre el oro en una caja fuerte pueden transferirse con certeza y con costes de transacción mínimos.
La custodia centralizada del oro en un mismo lugar puede presentar costes decrecientes, pero también implica concentrar riesgos: posibilidad de robo o de apropiación indebida por el custodio.
Las actuales reservas de oro en lingotes guardadas por los bancos centrales son resultado del intervencionismo monetario del Estado (privilegios a bancos centrales, confiscación del oro privado, imposición coactiva de dineros fiat). Algunos Estados incluso almacenan las reservas de oro de bancos centrales de otros Estados.
En la solución óptima del mercado libre habría una distribución diferente de monedas y lingotes (de oro y plata), con parte en poder del público y parte en diversos almacenes o bancos. Además las monedas físicas podrían usarse directamente como medio de intercambio en algunos casos. Y aparte del oro y la plata, y para reducir los costes de oportunidad de su almacenamiento, se utilizarían diversos complementos o sustitutos monetarios, como los billetes y depósitos bancarios (de bancos privados) convertibles a la vista en metales preciosos.