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Juan Ramón Rallo será un tertuliano decente (no lo sé – no presto demasiada atención a los medios españoles), un divulgador entusiasta y un escritor polémico, pero como investigador académico no es, al menos aún, gran cosa.

Juan Ramón Rallo no está haciendo nada remotamente parecido a economía seria, sino puro chamanismo económico:  la escuela austriaca y la defensa patrón oro.

El programa de investigación de Rallo es el de una escuela que el 90% de la comunidad académica considera un callejón sin salida intelectual. Nadie presta atención real al patrón oro ni a teorías de ciclo económico en círculos académicos serios, más que como una curiosidad histórica. Fuera de una pequeña y próspera industria de Randianos, cultistas de Ron Paul y el ala más conspiranoica del conservadurismo americana, la vuelta al patrón oro es vista como un fetiche absurdo, comparable con en grado de obsolencia con leer a Karl Marx a pies juntillas y defender la dictadura del proletariado. Puestos a proteger a especies en vías de extinción, estaría bien que el sector público dirigiera sus esfuerzos a otros sitios.

Si algo tiene de interesante la escuela austriaca, más allá de cuatro paradojas curiosas solucionadas hace ochenta años, es su intensidad ideológica. Los austriacos, por algún motivo que se me escapa, se han convertido en el brazo vociferante del liberalismo en España, el equivalente patrio a la curva de Laffer y el fervor anti-impuestos de los republicanos en Estados Unidos.  Un cierto sector de la derecha española ha decidido abrazar a (una parodia de*) Hayek como Alfa y Omega de su programa de gobierno, hasta el punto de entronizar a cualquier comentarista que lo cite con reverencia como un pope en la constelación mediática conservadora.

Lo realmente escandaloso de todo este asunto, sin embargo, no es que alguien haya ganado un premio que no merece del todo (mirad los Oscar este año, vamos), sino que la Comunidad de Madrid, con dinero público, esté poniendo un cartel enorme de que lo que se prima en España no es el mérito, el esfuerzo y la capacidad; sino la cercanía al poder y el activismo político. Lo de la semana pasada no es en absoluto un caso aislado, sino un ejemplo más de una larga serie de reconocimientos, prebendas y favores a académicos más famosos por soltar largas diatribas en radio y televisión que por su capacidad investigadora. En una tradición tristemente familiar en la universidad española, la mejor forma de llegar lejos y que te den premios es ejercer de brazo gafoso del político de turno en los medios, no partirse la cejas sacando algo remotamente creativo. Una cacicada como cualquier otra. En fin.

Vale la pena abrir una reflexión sobre el modelo de negocio de los activistas políticos en España. En principio, puede ser tolerable que con dinero privado instituciones con una determinada ideología política promuevan el austroeconomismo, el materialismo dialéctico o el culto a monstruo espagueti volador: así funcionan las cosas en Estados Unidos, dónde este grupo tiene sus fundaciones, sus universidades e instituciones. En España, sin embargo, se ha transplantado este modelo pero, a falta de donantes privados, se han planteado como un chiringuito subvencionado por el Estado del cuál viven un grupo de de rent seekers. La ironía final es que estamos hablando de que el  lobby liberal está compuesto por un grupo de intelectuales orgánicos.

*: No niego que Hayek diga cosas interesantes de vez en cuando. Las dice, igual que Marx. Pero del mismo modo que no hay nadie por el mundo escribiendo sesudos papers sobre cómo hacer funcionar una economía planificada sin un mecanismo de precios que sea tomado en serio, hablar del patrón oro en los mismos términos merece un respeto parecido. En teoría, por cierto, una economía planificada sin precios es posible; las matemáticas cuadran. El patrón oro no cuadra ni en teoría, pero ese es otro tema.

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