Recomendaciones

23/02/2011

Más comercio, menos hambre, de Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial de Comercio

The power of the rich, by Russ Roberts

Limitar por ley la responsabilidad hipotecaria: una mala idea, de Benito Arruñada

Los fundamentos del poder sindical, de José Antonio Baonza Díaz

Los errores de la política monetaria expansiva, de Juan Ramón Rallo


Recomendaciones

23/02/2011

Usted elige, pero yo también quiero elegir, por Luis I. Gómez

El Estado, esquema Ponzi, por Gabriela Calderón de Burgos

Los controles de precios siguen estando de moda, por Juan Ramón Rallo

Freeing ourselves from our genes, by Ronald Bailey

Elite College Fems Earn Less, by Robin Hanson


Basura selecta

23/02/2011

Hipotecas inconstitucionales, de Ignacio Escolar

Salarios, precios y competitividad, de Juan Francisco Martín Seco

Entre la ciencia y la fe, de Manolo Seco

Una de las lecciones más decisivas de esta crisis es que la economía no es una ciencia; en todo caso, la ciencia del trilero, del falsificador de la realidad, como ayer señalaba este periódico con el caso de las agencias de rating. Si la medicina es la ciencia para prevenir y curar, la economía es, como mucho, la de adivinar el pasado.

Los trabajadores derrocaron a un dictador en Egipto, pero podrían acabar silenciados en Wisconsin, EEUU, de Harold Meyerson

No nos estamos enterando, de Joan Majó

No hemos comprenddo que durante la última parte del siglo XX, aunque en el mundo vivieran más de 6.000 millones de personas, quienes contaban a la hora de producir y de consumir recursos del planeta, no pasaban de 800 o 1.000 millones y que en 2020, esta cifra estará entre los 1.500 y 2.000 millones. Mucho más importante que el hecho de que algunos recursos se estén agotando (y algunos lo están), es que no es posible mantener nuestro modelo económico “occidental” si lo han de compartir 2.000 millones.

Nuestras pautas de crecimiento y de consumo deben ajustarse. Si las sociedades desarrolladas no lo hacen (y no consiguen disminuir el consumo y aumentar la eficiencia, para evitar bajar los niveles de bienestar), las tensiones con los países emergentes van a ser enormemente peligrosas.

Que una zona monetaria única, de la misma forma que ha representado una gran capacidad de crecimiento y unos bajos tipos de interés que nunca habíamos soñado, exige aceptar una progresiva coordinación y armonización de políticas laborales, fiscales y presupuestarias.

El hecho de que haya sido la crisis la que haya precipitado de forma casi violenta esta coordinación, ha teñido de tintes oscuros algo que es muy beneficioso. Y las especiales circunstancias que han dado un protagonismo inaceptable a esto que llaman “los mercados”, han contribuido a generar una reticencia frente a un cambio en los procesos de decisión, que no solo era necesario, sino que es bueno.


Recomendaciones

23/02/2011

Doce consejos clave para invertir en bolsa, de Manuel Llamas

Público contra las agencias de rating, de Juan Ramón Rallo

Entrevista a Víctor Beker, economista argentino, de Daniel Luna

America’s Weimar moment, by Greg Ransom

Schools and Socialization, by David Henderson


Recomendaciones

21/02/2011

What do twin adoption studies show?, by Tyler Cowen

Dude, Where’s My Theory of Everything?, by Bryan Caplan

El IPCC se queda sin la subvención de Obama, de Gabriel Calzada

Teaching Science Process, by Robin Hanson

Luces y sombras del protectorado, de Francisco Cabrillo


Basura selecta

21/02/2011

Oráculos al banquillo, de Jesús Maraña

Consumo insostenible, de Borja Vilaseca

Sorprendentemente, cuanto más infelices somos, más consumimos. Y cuanto más consumimos, más infelices somos.

El fin de un modelo, de Jesús Maraña

El ingobernable presupuesto de EE UU, de Jeffrey D. Sachs

Sin más impuestos, una economía moderna, competitiva, de EE UU no es posible.

La competitividad en el mundo actual depende de una fuerza laboral instruida y unas infraestructuras modernas. Eso es cierto en el caso de todos los países, pero es particularmente pertinente para los países ricos. EE UU y Europa están en competencia directa con Brasil, China, India y otras economías en ascenso, donde los niveles salariales son en algunos casos cuatro veces inferiores (si no más, incluso) a los de los países de ingresos elevados. EE UU y Europa solo mantendrán su alto nivel de vida basando su competitividad en aptitudes avanzadas, tecnologías de vanguardia e infraestructuras modernas.

Esa es la razón por la que Obama pidió un aumento de las inversiones públicas de Estados Unidos en tres sectores: educación, ciencia y tecnología e infraestructuras (incluidas las conexiones por banda ancha a la red Internet, los ferrocarriles de gran velocidad y la energía no contaminante). Expuso una concepción del crecimiento futuro en la que las inversiones públicas y privadas serían complementarias, pilares que se sostendrían mutuamente.

Los impuestos en Estados Unidos son -crónicamente- demasiado bajos para apoyar el nivel de inversión gubernamental que hace falta.

Las consecuencias económicas y sociales de una generación de reducciones de impuestos están claras. Estados Unidos está perdiendo su competitividad internacional, desatendiendo a sus pobres -uno de cada cinco niños americanos está atrapado en la pobreza- y dejando una montaña de deuda a sus jóvenes.

God and Logic, by Bob Murphy


Recomendaciones

20/02/2011

¿Quién crea los desequilibrios, Bernanke?, de Juan Ramón Rallo

Status Isn’t About Features, by Robin Hanson

The Bernank on What Caused the Bubble, by Arnold Kling

Cobardía y pasividad, de María Blanco

Diez gráficas sobre la deuda de EEUU y una conclusión: insostenible, de Marcos Ferrer


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