Basura selecta

26/03/2010

La dignidad del enfermo y el respeto a la debilidad, de Manuel González Barón, firector de la Cátedra de Oncología Médica y Medicina Paliativa de la Universidad Autónoma de Madrid. Jefe del Servicio de Oncología del Hospital Universitario La Paz

Una victoria personal de Obama, de Darío Valcárcel

Salarios y lucha de clases, de Alejandro Nadal

Obama responde a la llamada de la Historia, de Alan D. Solomont, embajador de EEUU en España

Una nueva gobernanza económica para 2020, de Antonio Estella, profesor de Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid, y Carlos Mulas-Granados, director de la Fundación Ideas


Recomendaciones

25/03/2010

The Federal Reserve as a Confidence Game: What They Were Saying in 2007, by Mark Thornton

Don’t Buy It, The crazy constitutional logic of the individual insurance mandate, by Jacob Sullum

Why reproductive contracts should trump genetic ties, by Ronald Bailey

The Canadian Banking Fallacy, by Peter Boone and Simon Johnson

Why Businesses Don’t Experiment, by Dan Ariely


Recomendaciones

24/03/2010

Endangered Findings, by Patrick J. Michaels

Separation of Health and State Debate, by Bryan Caplan

Not Paleolithic Mating, by Robin Hanson

¿Aguantará Estados Unidos?, de Ángel Martín Oro
Health Care 2020, A dispatch from the future on the effects of health care reform, by Ronald Bailey


Basura selecta

24/03/2010

Déficit bueno o malo, de Alejandro Inurrieta

Choque de civilizaciones, de Ignacio Camacho

Para cualquier europeo contemporáneo, la universalidad de la asistencia sanitaria constituye una premisa elemental que desde hace décadas dejó de ser una reivindicación ideológica de parte para convertirse en un pilar axiomático del sistema. Sin embargo, en Estados Unidos se ha producido una verdadera rebelión de la opinión pública, de una intensidad que ya quisiera Esperanza Aguirre en su campaña contra la subida del IVA, ante una reforma en la que Obama ha empeñado el éxito de su Presidencia para dotar a los norteamericanos de un nivel de cobertura médica que en el mejor de los casos será similar al que había en la última España de Franco. Parece que más de la mitad de los ciudadanos está en contra de que sus impuestos sufraguen la factura clínica (privada) de los más débiles, actitud que a cualquiera de nosotros se nos antoja como mínimo de un descarnado egoísmo insolidario. Hay gente en la primera democracia del mundo que ha de vender su casa para costearse un tratamiento, y la medida recién aprobada aún dejará sin seguro a millones de desamparados. Tan tenaz y larga resistencia a la extensión del bienestar social -ni Rooselvelt ni Johnson ni Clinton pudieron hacer otra cosa que estrellarse en similares intentos, y ya veremos cuántos votos le cuesta a Obama el éxito del suyo- provoca notable estupor en la mentalidad mayoritaria de una Europa de cultura proteccionista, para la que el contumaz individualismo liberal yanqui plantea una interesante variante democrática del choque de civilizaciones.

Por encima de la cohesión social, en América prima la impermeabilidad histórica del culto sagrado a la libertad del individuo. Se trata de una cuestión de principios que tiene que ver con la herencia moral de los padres fundadores, y que se traduce en una desconfianza primordial sobre la intervención del Estado. Muchos ciudadanos de la Unión detestan que el Gobierno organice o se inmiscuya en sus vidas, sobre todo si lo hace a través de subidas de impuestos. El keynesianismo y demás derivados socialdemócratas siempre han estado allí bajo sospecha, y está por ver hasta qué punto Obama va a pagar por su esforzada victoria una cuenta políticamente muy gravosa. Porque además de los principios va a necesitar el concurso de la eficacia, que en los USA no tiene que ver sólo con el servicio que se presta sino con su precio. No basta con reformar el sistema; tendrá que demostrar que funciona y sobre todo que puede financiarlo. En eso también existe una diferencia sustancial con el criterio dominante a este lado del Atlántico, donde el déficit goza de una establecida y relajada permisividad. Los españoles, por ejemplo, que disponemos de una sanidad pública tan excelente como ruinosa, aún no sabemos hasta cuándo ni cómo podremos permitirnos nuestro alegre aunque muy popular dispendio. Y quizá no esté lejano el día en que tengamos que planteárnoslo.

Separation of Health and State Debate, by David Balan

¿Pensiones públicas o privadas?, de Júlia Montserrat, profesora de la Universitat de Girona

El ahorro para la etapa de la jubilación gestionado por una institución pública es un concepto moderno típico del Estado del bienestar, que se asienta sobre el valor de la solidaridad con el fin de lograr una redistribución de la riqueza y mejorar la situación económica de la sociedad en general. Promover el valor de la individualidad –cada uno tiene que velar por su pensión– en lugar de promover el valor de la solidaridad –pensiones dignas para todos– conllevará un empobrecimiento de la población en su conjunto. No vale el sálvese quien pueda.

La primera victoria de Obama, por Antoni Segura, catedrático de Historia Contemporánea de la UB

El sistema de cobertura sanitaria en Estados Unidos presenta un déficit histórico que la reforma sanitaria de Barack Obama, aprobada anteayer en el Congreso, trata de paliar.

En el caso de los seguros privados, sucede que los asegurados con primas más bajas se encuentran a menudo en la disyuntiva de tener que priorizar determinados tratamientos por encima de otros relacionados con enfermedades o accidentes menos graves. No es extraño, pues, que países con una red sanitaria privada –o pública– más barata y accesible, pero eficaz, reciban enfermos estadounidenses para su tratamiento.

Las compañías aseguradoras deberán renunciar a algunos de sus privilegios como poner límites al costo del tratamiento clínico, cancelar pólizas cuando el asegurado contraiga una enfermedad grave o no aceptar niños con patologías previas.

El sistema no es todavía homologable a la cobertura sanitaria pública de la mayoría de los países de la UE, pero es un paso importante en la normalización de un sistema sanitario que no está a la altura de la capacidad económica de EEUU. Estamos ante la primera gran victoria de Obama que, con esta reforma, ha conseguido sacar adelante uno de los principales puntos de su programa electoral y empezar a cerrar un déficit histórico que venía planteándose sin éxito por diversas administraciones desde el final de la segunda guerra mundial.


Basura selecta

24/03/2010

El futuro del capitalismo, por Salvador Giner, presidente del Institut d’Estudis Catalans

La salud de Obama, de Carlos Fuentes

Los efectos negativos se hicieron sentir en el último año de la presidencia de Bush. Obama los heredó y ofreció remedios necesarios pero inusuales en un país acostumbrado a arrumbar los problemas gracias a una dinámica que los superaba, aunque no los resolvía. La decisión de Obama consistió en enfrentar la agenda pospuesta de los Estados Unidos y en afrontar los obstáculos: hubris nacional, intereses de grupos especiales (las compañías de seguros médicos, por ejemplo) ideologías partidistas estancadas y choque entre la razón de Estado y la representación local.

Obama planteó la necesidad de una reforma sanitaria que cubriese a los 46 millones de ciudadanos que no están asegurados por pago individual de seguros (15 millones), Medicaid para quienes carecen de seguros (37 millones) o Medicare para jubilados (42 millones). O sea: la propuesta de Obama, sin afectar lo ya adquirido, universaliza la posibilidad de ayuda médica para los ciudadanos sin seguro (46 millones). Y más: los salva de las prácticas salvajes de las aseguradoras que le niegan ayuda a ciudadanos afectados por enfermedades previas. La nueva ley favorece a ciudadanos de bajos ingresos y a hijos adultos de padres de familia asegurados. La seguridad privada ya no podrá privilegiar a los jóvenes y marginar a los ancianos.

Además, Estados Unidos no hace sino unirse a las normas prevalecientes en el mundo occidental. Era una excentricidad peligrosa ser la excepción a la regla británica, francesa, alemana o española.

Hay que admirar los pasos, grandes y pequeños, que Obama fue dando para llegar al resultado deseado.

Europa: libertades o esclavitudes, de Miguel Ángel Aguilar

Lo que está en juego es el propio modelo europeo, diferenciado de otros como el norteamericano, el japonés, el asiático o el latinoamericano. Un modelo social que reconoce los derechos de asistencia sanitaria, educación y otras prestaciones universalizadas. Al que se ha llegado como resultado de un proceso histórico que tiene que ver con las compensaciones a los combatientes de la II Guerra Mundial tras su desmovilización. Un modelo que quieren presentar como un lastre para la competitividad, ahora que Obama intenta adoptarlo al menos en parte. Porque si se perdiera el paradigma de la cohesión social, la exasperación de las diferencias conduciría a los guetos, donde los ricos erigen alambradas electrificadas para protegerse de los sin techo. Europa se sabe laboratorio de ideas y centro emisor y difusor de derechos, y si renunciara a su destino de exportar libertades y prosperidad acabaría importando esclavitudes y precariedades. Atentos.

El fracaso del miedo, de Paul Krugman

Entrevista a Jeremy Rifkin

¿Qué lecciones debemos extraer de la crisis financiera?

La primera, que se deriva de una crisis de la economía real, y no al revés. La crisis arrancó en julio de 2007, cuando el barril de petróleo llegó a 147 dólares. Se tocó techo, porque la subida de precios generales derivada de la del crudo determinó que la gente ya no podía consumir. La crisis financiera que estalló pocas semanas después fue una consecuencia.

La segunda lección es que, por mucho que se promueva la actividad, seguiremos topándonos con recesiones similares, porque el modelo de la segunda revolución industrial está acabado. La relación de petróleo disponible por habitante tocó techo en 1979, y ya no da para sostener el ritmo de consumo per cápita.

La civilización se acerca al techo de producción de petróleo y la los primeros efectos del cambio climático. Son fluctuaciones que superan la capacidad del sistema, de modo que, o se reorganiza, o acabará colapsando. Es ahí donde surge la tercera revolución industrial, basada en la apuesta decidida por las energías renovables.

¿Cree que existe suficiente voluntad política para lograrla?

No en Estados Unidos, desgraciadamente, pero la Unión Europea sí tiene un programa claro hasta mediados de siglo. Se basa en cuatro pilares: generar la mitad de la energía de fuentes renovables, convertir cada edificio del continente en una planta de generación energética, almacenar esa energía en forma de hidrógeno, y distribuirla a través de una red. Si se consigue integrar toda esa generación energética, la potencia multiplicará la de las centrales nucleares.

Parece que viene el abismo, pero sólo las energías renovables salvarán a España. Si se observan los cuatro pilares de la estrategia de la UE, son una fuente generadora de millones de empleos, que superan largamente los perdidos tras la burbuja inmobiliaria. Comprendo que haya dudas, pero pediría que se me mostrase un plan B para crear esos puestos de trabajo. No lo hay.


Recomendaciones

24/03/2010

La edad del miedo, de John Carlin

Homo Hipocritus, by Robin Hanson

Why Britain’s National Health Service spends so much and does so little, by Theodore Dalrymple

Un nuevo consenso contra la ciencia, por Juan Ramón Rallo

La política de Obama acrecienta las dudas sobre la solvencia de EEUU, de Ángel Martín Oro


Recomendaciones

22/03/2010

Liberty: Positive and Negative, at Cato Unbound

Goodies behaving badly, by Julian Baggini

Las trampas de la reforma sanitaria de Obama, de Manuel Llamas

La escalabilidad contra la teoría del valor trabajo, de Juan Ramón Rallo

Banks and Modigliani-Miller, by Arnold Kling


Basura selecta

22/03/2010

Estado social vs. Estado de bienestar, de Juan Francisco Martín Seco

Agua y desarrollo, de Pedro Reques Velasco, catedrático de geografía humana de la Universidad de Cantabria

El agua dulce, que constituye el elemento más básico del equilibrio ecológico, no debe convertirse solo en un bien económico, sino que ha de ser considerada como patrimonio común de la humanidad y como un derecho fundamental para toda la población. Sin embargo, este derecho solo puede alcanzarse luchando contra su privatización y su mercantilización y promoviendo un modelo de consumo y de gestión que asegure su uso futuro para las nuevas generaciones, de lo contrario los conflictos futuros por el llamado oro azul pueden llegar a alcanzar una magnitud mucho mayor que la que esta alcanzado el conflicto por el oro negro.

El agua dulce, actualmente el más grave problema ambiental de la Humanidad, será el más importante reto de la gobernanza mundial y constituirá, sin duda, el mayor desafío global del siglo XXI.

La hora del impuesto Robin Hood, de Jeffrey Sachs

Cerrado por reformas, de Jordi Sevilla

Cuando se produjo la actual crisis financiera internacional, fue el presidente francés quien señaló la necesidad de «refundar el capitalismo». Si hacemos memoria de algo ocurrido hace menos de dos años, esa propuesta parecía lo menos que se podía hacer frente a la creciente indignación de los ciudadanos del mundo conforme íbamos conociendo algunas de las prácticas habituales en estos mercados, a partir de la desregulación, con los consiguientes abusos por parte de algunos de sus directivos. La sensación de haber depositado mucho poder en manos inadecuadas corrió como la pólvora por el mundo. Algo había que hacer, y frente a las tentaciones de acabar de un plumazo con ese capitalismo de casino y paraísos fiscales, refundarlo parecía lo mínimo.

La autoridad monetaria europea y autoridades presupuestarias nacionales sin una Política Económica Común constituyen una combinación peligrosa desde el principio, aunque sólo se evidencia cuando una recesión como ésta obliga a poner en marcha planes monetarios europeos masivos junto a impulsos presupuestarios nacionales de entidad, sin una coordinación suficiente. Entonces es cuando se constata lo inconveniente de haber frenado la profundización en la integración en favor de la ampliación europea, dando lugar, incluso, a un fortalecimiento de los poderes nacionales ante una Comisión políticamente diluida. Como muestra, la falta de ambición de la nueva estrategia Europa 2020 tras el fracaso de la anterior de Lisboa.

Reforzar el carácter vinculante de determinados compromisos relacionados con política económica sería caminar a favor del sentido común. El método establecido para alcanzar la convergencia nominal necesaria para constituir el euro fue un éxito y debería aplicarse a otras políticas en sus cinco facetas: fijación de estrategias comunitarias; establecimiento de objetivos cuantitativos nacionales con plazos; mecanismo comunitario de seguimiento y medición de los mismos; ayudas para superar desviaciones y sanciones ante incumplimientos.

La propuesta de constituir un Fondo Monetario Europeo que represente para las políticas presupuestarias, algo equivalente a lo que el Banco Central Europeo es para las políticas monetarias, ayudaría a dar solidez a la Unión, reforzaría los lazos internos. empujándolos hacia la cooperación supranacional, y acabaría con los movimientos especulativos externos por parte de mercados financieros especulativos. Un FME que podría aprovechar las ventajas que representa la Unión de cara a efectuar, por ejemplo, emisiones conjuntas de deuda pública o avales cruzados, basando en ello su legitimidad para definir impuestos europeos o un seguro común de desempleo, o para involucrarse más en supervisiones preventivas sobre las políticas presupuestarias nacionales.

Como se ve, hay mucho trabajo pendiente. Esperemos que lo estén haciendo bien y que pronto podamos volver a abrir la Unión Europea al público. A partir de ahí, ya sólo faltará que EEUU y China se enteren de que existimos y de que hemos abierto después del cierre por reformas.

Jóvenes y funcionarios, de Alfredo Pastor

Parece ser que, en una encuesta reciente dirigida a jóvenes de aquí, un 60% de los encuestados respondieron que aspiraban a ser funcionarios. No creamos que la afición por el servicio público que parece revelar esta respuesta tenga algo de patológico: en una encuesta similar, realizada en Francia hace pocos años, la cifra correspondiente era el 75%. Pero quienes dan la cifra lo hacen con pesar -como si la vocación pública fuera el reconocimiento de una falta de ambición personal- y suelen acompañarla con la manida observación de que la juventud de hoy ya no tiene la “cultura del esfuerzo”. Este es un tópico que conviene combatir, no sea que terminemos por tomárnoslo en serio.

¿A qué puede obedecer la preferencia por la condición de funcionario? Por desgracia, la encuesta no lo pregunta, de modo que hay que especular. Pero no hay que concluir sin más que sea una preferencia por la vida fácil y sin complicaciones, aunque improductiva: puede ser que la elección sea hecha tras comparar la vida burocrática con otras que se ofrecen a nuestros jóvenes.

No hay que extrañarse demasiado de ver que, frente a este panorama -voluntariamente exagerado, pero no desfigurado- muchos optan por un trabajo modesto, pero estable, donde el esfuerzo y el trabajo bien hecho son reconocidos y recompensados dentro de ciertos límites (la verdad que bastante estrechos, porque también la carrera administrativa es muy corta en nuestro país): características todas de la existencia burocrática.

No creo que sepamos muy bien a qué se debe ese cambio de tendencia, pero sí deberíamos preguntarnos si podemos hacer algo por corregirlo, y trasplantar así alguna de las virtudes de la vida funcionarial al sector privado.


Basura selecta

21/03/2010

Enfrentarse a China, de Paul Krugman

Entrevista a Arcadi Olivares, profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona

Lo más urgente es atacar con contundencia la especulación. Podría empezarse por la Tasa Tobin.

Habría que luchar con más fuerza contra los paraísos fiscales, apostar por bancos éticos y medidas en favor del reparto de trabajo, porque va a ser imposible recuperar los puestos que ha destruido esta crisis.

La reforma de las finanzas y la oración del atracador, de Jesús Maraña

Viñeta de Erlich

El precio más importante, de Moisés Naím

Hay un precio del que se habla poco a pesar de que es el más importante para el futuro de la humanidad: el precio de emitir gases que calientan el planeta. Y se habla poco de él porque es tan bajo que nadie lo percibe… Por ahora.

El precio de ensuciar el planeta -o nuestra atmosfera- es peligrosamente fácil de ignorar. Usted, por ejemplo, no paga mucho cuando calienta el planeta cada vez que enciende la luz, viaja en automóvil, come carne o tala un árbol. Si tuviera que pagar más lo haría menos o buscaría maneras menos costosas y más eficientes de hacer lo mismo. Lo que sucede ahora es que las consecuencias existen pero el enorme precio que tendrán que pagar lo estamos desplazando al futuro. Y esa es una conducta suicida.

La comunidad científica no duda de que el planeta se está calentando a causa de la actividad humana, de que el calentamiento produce irreversibles cambios climáticos y de que las tendencias actuales nos llevaran al desastre. Hay escépticos, claro está, pero son una minoría con poca credibilidad científica cuya desproporcionada visibilidad mediática responde a intereses económicos y políticos.

Bangladesh, que es el país más densamente poblado del mundo y uno de los más vulnerables a los efectos del cambio climático, sufrirá un impacto devastador.

Lo más importante es mitigar el problema que se avecina. Si bien mucho del daño está hecho y es irreversible, también es cierto que se puede limitar el que seguimos haciendo a diario. Hay que alterar la catastrófica trayectoria en la que estamos. Es necesario incentivar a países, empresas e individuos a emitir menos gases que al acumularse en la atmosfera crean el efecto invernadero. Y, casi siempre, hablar de incentivos es hablar de precios. En este caso, se trata de ponerle un precio más alto a las conductas que calientan el planeta.

Hay otras señales mucho más fuertes que el fracaso de Copenhague: nos las está mandando la naturaleza. Si no decidimos pronto subir el precio más importante del mundo la naturaleza lo hará por nosotros. Y será prohibitivamente alto.


Recomendaciones

21/03/2010

I+D+I, de Fernando Suárez

Science Shows That Markets Make People Fairer, by Ronald Bailey

En defensa de la libertad (también de la económica), de Berta García Faet

Tried and tested ways to woo a half-hearted terrorist, by Tim Harford

Is God Here To Stay?, by By Robin Hanson


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