Enfrentarse a China, de Paul Krugman
Entrevista a Arcadi Olivares, profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona
Lo más urgente es atacar con contundencia la especulación. Podría empezarse por la Tasa Tobin.
Habría que luchar con más fuerza contra los paraísos fiscales, apostar por bancos éticos y medidas en favor del reparto de trabajo, porque va a ser imposible recuperar los puestos que ha destruido esta crisis.
La reforma de las finanzas y la oración del atracador, de Jesús Maraña
Viñeta de Erlich
El precio más importante, de Moisés Naím
Hay un precio del que se habla poco a pesar de que es el más importante para el futuro de la humanidad: el precio de emitir gases que calientan el planeta. Y se habla poco de él porque es tan bajo que nadie lo percibe… Por ahora.
El precio de ensuciar el planeta -o nuestra atmosfera- es peligrosamente fácil de ignorar. Usted, por ejemplo, no paga mucho cuando calienta el planeta cada vez que enciende la luz, viaja en automóvil, come carne o tala un árbol. Si tuviera que pagar más lo haría menos o buscaría maneras menos costosas y más eficientes de hacer lo mismo. Lo que sucede ahora es que las consecuencias existen pero el enorme precio que tendrán que pagar lo estamos desplazando al futuro. Y esa es una conducta suicida.
La comunidad científica no duda de que el planeta se está calentando a causa de la actividad humana, de que el calentamiento produce irreversibles cambios climáticos y de que las tendencias actuales nos llevaran al desastre. Hay escépticos, claro está, pero son una minoría con poca credibilidad científica cuya desproporcionada visibilidad mediática responde a intereses económicos y políticos.
Bangladesh, que es el país más densamente poblado del mundo y uno de los más vulnerables a los efectos del cambio climático, sufrirá un impacto devastador.
Lo más importante es mitigar el problema que se avecina. Si bien mucho del daño está hecho y es irreversible, también es cierto que se puede limitar el que seguimos haciendo a diario. Hay que alterar la catastrófica trayectoria en la que estamos. Es necesario incentivar a países, empresas e individuos a emitir menos gases que al acumularse en la atmosfera crean el efecto invernadero. Y, casi siempre, hablar de incentivos es hablar de precios. En este caso, se trata de ponerle un precio más alto a las conductas que calientan el planeta.
Hay otras señales mucho más fuertes que el fracaso de Copenhague: nos las está mandando la naturaleza. Si no decidimos pronto subir el precio más importante del mundo la naturaleza lo hará por nosotros. Y será prohibitivamente alto.