Recomendaciones

22/02/2010

Who Manages Best, by Robin Hanson

France’s Foolish Idea, by Mario Rizzo

Entrevista a Russ Roberts, por Ángel Martín

Recesión y recuperación: seis errores básicos II, por Robert Higgs

Immigration and Crime, by Steve Chapman


Basura selecta

22/02/2010

Una revista de prensa en absoluto neutral, de José María Izquierdo

Capitalismo piñata, de José Ignacio Torreblanca

Ungüento de serpiente, de Joaquín Estefanía

Ojo con la derecha sin complejos, de Berna González Harbour

Los ‘ultras’ conquistan la TDT, de Rosario G. Gómez


Recomendaciones

22/02/2010

El diamante pierde brillo, de John Carlin

The GOP’s “small government” tea party fraud, by Glenn Greenwald

Ignoring: There Is Such a Thing As Free Sleep, by Bryan Caplan

Israel Kirzner, Macroeconomist, by Steven Horwitz

Sin propuestas, sin voluntad y sin salida, de Roberto Centeno


Basura selecta

21/02/2010

La ley del embudo, de El Gran Wyoming

¿Quién paga los costes del euro?, de Vicenç Navarro

¿Es el Gobierno español paranoico?, de Vicenç Navarro

¡Es Europa, estúpidos!, de Juan Torres

De tejas arriba, de Antonio Montero Moreno, arzobispo emérito de Mérida-Badajoz

En el mensaje del Papa al reciente Congreso internacional en Roma, «Dios hoy: con Él y sin Él, todo cambia», leemos lo que sigue: «Las experiencias de un pasado, aún no muy lejano de nosotros, nos enseñan que, cuando Dios desaparece del horizonte del hombre, la humanidad corre el riesgo de dar pasos hacia su propia destrucción». Huelga decir que Benedicto XVI se refiere a las tremendas catástrofes, en el siglo pasado, de los dos grandes imperios: Nazi y Estalinista, que, más que ateos, fueron furiosamente antiteístas.

Los ateos químicamente puros suelen ser siempre escasa minoría, puesto que negar o intentar demostrar la inexistencia de Dios es mucho más complicado que su contrario. Pienso que eso no ocurre sin lucha ni frustraciones interiores, lo que inspira un respeto a su conciencia, sin hurgar más en el asunto. Me sacudió hondamente hace muchos años, esta terrible afirmación de Nietzsche: «Si hubiera Dios, yo no soportaría no serlo». Saqué entonces la conclusión de que, cuando el hombre aparta a Dios de su existencia, no le queda otra salida que la de endiosarse a sí mismo.

En todo caso, el no creyente, aunque domine al máximo las ciencias o las técnicas del progreso, lo ignora todo sobre sí mismo: su origen, su misión y su destino. ¿De qué sirve, dijo Malraux, que el hombre llegue a la luna, para luego suicidarse allí? Es lo que llamó Henri De Lubac, El drama del humanismo ateo, y lo que ha llamado después Joseph Ratzinger, La orfandad del agnóstico.

No hay, sin embargo, que demonizar a nadie porque, como afirma San Pablo «Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad», y el mismo Jesús, que excusó ante el Padre a sus verdugos «porque no sabían lo que hacían». Optamos pues, en línea con el Secretariado pontificio para los no creyentes, y con la libertad religiosa en una sociedad democrática, por una convivencia civilizada con toda clase de personas, cuidando, en todo caso, de que nuestro testimonio evangélico contribuya a apagar la sed de Dios que late siempre en el corazón humano.

Pasando a nuestro Credo, reconocemos que la fe es un don de Dios, quien nos creó a su imagen por amor; y que su Hijo bajó hasta nosotros del cielo al suelo, atravesando el tejado como el tullido del Evangelio. «En Dios vivimos, nos movemos y existimos», les predicó San Pablo a los intelectuales griegos en el Areópago de Atenas. Y encontramos pleno sentido a nuestra vida en la afirmación lapidaria de San Ignacio de Loyola: «El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios y, mediante esto, salvar el alma».

Me conmueve por eso escuchar la marcha militar fúnebre, que cantan los soldados, cuando portan sobre sus hombros el cuerpo inerte de un compañero, caído en acto de servicio: «Tú nos dijiste que la muerte/no es el final del camino;/ que, aunque muriendo, no somos/carne de un ciego destino./Tú nos hiciste, tuyos somos;/ nuestro destino es vivir,/siendo felices contigo, /sin padecer ni morir».


Recomendaciones

21/02/2010

Brief Rejoinder to Tyler Cowen on New Zealand and the VAT, Frederic Sautet

Obama muestra las vergüenzas de Zapatero, de Gabriel Calzada

If that’s the Robin Hood tax, I’m the sheriff of Nottingham, by Tim Harford

Mate Racism, by Robin Hanson

Millás caníbal, por Jorge Alcalde


Recomendaciones

20/02/2010

Revisiting Simon-Ehrlich, by Alex Tabarrok

Simon v. Ehrlich, again, by Michael Giberson

El alfarero y el jardinero: dos enfoques contrapuestos, de Ángel Martín Oro

Eco(s) del pasado, de Antonio José Chinchetru

Accidental Incentives: Speculation and Reputational Enforcement, by David Friedman


Recomendaciones

19/02/2010

Deslindando la liquidez de la negociabilidad, de Juan Ramón Rallo

Keynes on the Bismuth — Castor Oil Cycle, by Jerry O’Driscoll

Mysticism’s Function, by Robin Hanson

Disciplina de mercado, de Fernando Suárez

La que nos viene: ¿de economía de mercado a economía de estado?, de S. McCoy


Recomendaciones

19/02/2010

Pasión por la inflación, de Juan Ramón Rallo

Radioactive Corporate Welfare, by Jerry Taylor

El 80% de los milmillonarios son emprendedores de origen humilde, de Fernando Díaz Villanueva

Education Is Too Important for a Government Monopoly, by John Stossel

La pobreza en África cae más rápido de lo que se piensa, de Ángel Martín Oro


Basura selecta

19/02/2010

Otra política económica para la UE, de Daniel Cohn-Bendit, copresidente del Grupo de Los Verdes en el Parlamento Europeo, Pascal Canfin, eurodiputado de Europe Écologie, Sven Giegol, eurodiputado de Die Grünen, y Florent Marcellesi, coportavoz de la Coordinadora Verde

Para financiar este presupuesto y encontrar el margen de maniobra financiero que les permita reducir su déficit y su deuda pública, los Gobiernos deben actuar juntos sobre la fiscalidad. La absurda competencia fiscal entre ellos lleva a una continua bajada del impuesto de sociedades en la UE. La reconquista de una mayor soberanía fiscal pasa, como fue el caso en el ámbito monetario, por una mejor coordinación europea.

Este importante proyecto se basa en cuatro prioridades: 1. La adopción de la directiva sobre una base imponible consolidada para las multinacionales europeas para limitar las deslocalizaciones fiscales; 2. La puesta en marcha del intercambio automático de información entre los estados europeos, por un lado, y entre la UE y terceros países por otro, para luchar contra el fraude y la evasión fiscal en los paraísos fiscales; 3. El desarrollo de una fiscalidad en el ámbito de la energía que permitirá, si se realiza directamente a nivel europeo, favorecer los modos de producción más ecológicos y a la vez evitar distorsiones de la competencia entre los países del mercado único; y 4. La introducción de un impuesto sobre las transacciones financieras.

Alemania, con su política agresiva de reducción de los costes laborales, está limitando el consumo interno y tomando cuotas de mercado de sus competidores europeos, en lugar de desempeñar su papel de locomotora de la zona euro. La deflación salarial puede ser una estrategia ganadora para un país aislado, pero se torna contraproducente si todos los países de la zona hacen igual.

Marx y Minsky frente a la crisis, de Alejandro Nadal

¿Quiénes y por qué atacan a la economía española, o a la griega? ¿Y qué hacer para evitarlo?, de Juan Torres López

Atentos con las renovables, de Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política

El grito de la tierra, José Antonio Martín Pallín, magistrado y comisionado de la Comisión Internacional de Juristas

La Sirenita de Copenhague lleva casi un siglo a la entrada del puerto que se abre hacia el mar Báltico. La cabeza hace un escorzo para mirar hacia la bocana vigilando el tráfico portuario. Según el cuento de Andersen, los marinos le cuentan sus secretos.

El pasado mes de diciembre pudo contemplar a su alrededor a muchos de los miles de participantes en la Cumbre del Clima. Se habían trasladado a la capital danesa para escenificar, una vez más, la ceremonia de la impotencia suicida y comprobar con desaliento la prepotencia de algunos Gobiernos para hacer frente a los males que se predicen desde muy diversos sectores científicos y movimientos ecologistas.

Seguimos, de momento, con el Protocolo de Kioto, que expira en 2012, ridiculizado por la Administración de Bush, que se jactaba de incumplirlo.

Bolivia, ante la inutilidad del diálogo y la indiferencia de los poderosos, ha convocado en abril de 2010 una cumbre mundial de pueblos indígenas y movimientos sociales para aprobar los derechos de la madre tierra. En ella se escucharán las voces de los que conocen de verdad la magnitud de la catástrofe que nos acecha. Será un grupo de presión, con alternativas para debatir en la cumbre mundial de México.

Resulta que todos son conscientes de los riesgos, pero no todos están dispuestos a frenar su desarrollo. Así que podemos preguntarnos, no sin inquietud: ¿hasta dónde se podrá soportar la velocidad de crecimiento de China e India sin arruinar cualquier posibilidad de evitar las consecuencias catastróficas del cambio climático?

Estamos en condiciones de afirmar que el Derecho Penal no ha conseguido detener la deriva que nos ha llevado aceleradamente al cambio climático originado por los gases de efecto invernadero. La existencia de penas de cárcel para los delincuentes medio-ambientales es más bien simbólica. Será difícil que los encuentren formando parte de los listados de la población penitenciaria.

Algunas Constituciones latinoamericanas proclaman la defensa de la tierra como un bien que incluso tiene derechos que ejercitar o, por lo menos, hacer valer. Las Constituciones de Ecuador (2008) y Bolivia (2009) son un ejemplo que puede marcar el futuro. Los ecuatorianos, en el preámbulo de su Constitución, ensalzan a la naturaleza, la Pacha Mama, de la que somos parte y que es vital para nuestra existencia.

Creo que esta proclamación debería ser asumida sin reticencias por todos los países del planeta. Se considera deber primordial del Estado el desarrollo sustentable y la redistribución equitativa de los recursos y la riqueza para acceder al buen vivir. El buen vivir (sumak Kawsay en quechua) exige un ambiente sano y ecológicamente equilibrado.

El preámbulo de la Constitución boliviana comienza con un canto a la naturaleza: “En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra Amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra (Pacha Mama en aymara y quechua) con rostros diferentes y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas”. Es un valor del Estado promover la suma qamaña (vivir bien) y el ivi marai (tierra sin mal).

Sin caer en un sentimentalismo estéril, creo que, si todos los países asumieran estos valores, el camino hacia políticas de contención de gases sería más fácil. Las voces de alarma ya no pueden ser despreciadas como profecías catastrofistas. La capacidad de autorregulación de la vida en la tierra es cada vez menor. Quién se lo iba a decir a Giordano Bruno, enviado a la hoguera por sostener que la tierra estaba viva. Los poderosos de la tierra estarían dispuestos, si no fuese demasiado estridente, a enviar a la hoguera a los que sostienen que la tierra se muere. A falta de una decisión tan drástica, dedican sus esfuerzos a desprestigiar a los científicos que dan la voz de alarma. La revista Nature ha desenmascarado el juego sucio de los grandes imperios industriales. Denuncia la incursión pirata en los ordenadores de los científicos de la Unidad de Investigación del Clima de la Universidad de East Anglia de Reino Unido para desprestigiar sus investigaciones.

James Lovelock escribió que la catástrofe de Nueva Orleans demostraba el poder letal de la tierra. Parecemos empeñados en revivir el mito del Anillo de los Nibelungos y ver nuestro Valhalla caer pasto del fuego que nosotros mismos hemos encendido. El libro que recoge sus artículos tiene un nombre muy sugerente: La venganza de la Tierra.

El presidente de Greenpeace España estuvo 21 días en una prisión danesa esperando un juicio por hacer oír su voz, quizás de forma inesperada, alterando la paz de los políticos con un lema que refleja el núcleo del debate ecológico: “Los políticos hablan; los líderes deciden”. Por su parte, los sectores conservadores neoliberales transmiten a los ciudadanos que, si los acuerdos de una cumbre climática se hacen obligatorios, vamos camino de un Gobierno mundial que tendría poderes de intervención no sólo en políticas ambientales, sino en materia financiera económica y fiscal.

Todavía hay tiempo hasta que lleguemos a México 2010. Los representantes de India, que desempeñaron un papel decisivo en Copenhague, pueden acudir a la cita después de haber leído a Rabindranath Tagore y escuchado las canciones del campo.

La Sirenita está asustada. Mira incesantemente hacia la bocana, esperando que el agua de los glaciares del norte le llegue hasta el cuello, como la dibujó Forges en una viñeta imborrable. Cuando la marea le cubra la cabeza se habrá apagado el grito de la tierra.


Recomendaciones

18/02/2010

Cómo el tesoro de las Indias arruinó a España, por Fernando Díaz Villanueva

Y Keynes resucitó, de Pedro Schwartz

El coste salarial como causa del paro, de José Luis Feito

Natural Selection, Self-Deception and the Moral Hazard Explanation of the Financial Crisis

Macroeconometrics and Science, by Arnold Kling


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 26 seguidores