El placer de aprender y la pasión de enseñar, de Lidia Falcón
¿Y si Alemania se marchara del euro?, de José García Domínguez
La precarización de los salarios de funcionarios municipales, de Pilar Martín y María Flores
Hombres de negro: el crimen del dinero organizado, de Juan Torres López
Conferencia Episcopal Española, sobre la enseñanza religiosa escolar
La Conferencia Episcopal Española defiende que “la enseñanza religiosa escolar está al servicio de la evangelización”, por lo que ha “de hacer presente en la escuela el saber científico, orgánico y estructurado de la fe, en igualdad académica con el resto de los demás saberes”.
… los obispos defienden esa labor evangelizadora de la asignatura de Religión —”no se puede reducir a un mero tratado de religión o de ciencias de la religión, como desean algunos”—, pero también otras: la “teológica y científica del saber religioso (síntesis de la doctrina católica)”, la “trascendente de la persona (sentido último de la vida)”, la “humanizadora (concepción cristiana de la persona)”, la “ético-moral (principios y valores)”, y la “cultural e histórica (relación fe-cultura)”.
En el texto, la Conferencia Episcopal se queja de “las dificultades legislativas y administrativas, la indiferencia e infravaloración por parte de padres y alumnos, y hasta el menosprecio que la enseñanza religiosa experimenta entre los conocimientos científicos y sociales”.
Entrevista al sociólogo Zygmunt Bauman
Lo que ocurre es que no tenemos un destino claro hacia el que movernos. Deberíamos tener un modelo de sociedad global, de economía global, de política global… En vez de eso, lo único que hacemos es reaccionar ante la última tormenta de los mercados, buscar soluciones a corto plazo, dar manotazos en la oscuridad.
El capitalismo se lleva trasformando desde su invención y ha sobrevivido a las situaciones más difíciles. Su naturaleza es esencialmente la de un parásito: se apropia de un organismo, se alimenta de él, lo deja enfermo o exhausto y salta a otro. Eso es lo que está ocurriendo desde que arrancó esta forma de capitalismo en la era de la globalización.
El capitalismo necesita de tierras vírgenes, que puedan ser persuadidas y seducidas. Ya llegará el momento en que se les obligue a pagar las deudas.
El biógrafo de Keynes arremete contra las políticas de austeridad
Entrevista a José Antonio García Rubio, secretario de Economía y Empleo de Izquierda Unida
La larga marcha por la recesión, de Jordi Sevilla
Contra los ‘búnkeres’ fiscales, editorial de El País
La alternativa es no perseverar en el error, de Patxi López
… existe un sector de políticos, economistas y voceros que tienen fe ciega en las opacas fuerzas del mercado y que ponen el grito en el cielo cada vez que se pide que las Administraciones Públicas intervengan para frenar la sangría económica, social y laboral que nos golpea desde hace cinco años.
Este grupo de inmovilistas, esta caverna económico-ideológica, nos quiere convencer de que no hay alternativas. De que el único —y doloroso— remedio para nuestros males es austeridad expansiva, amputación de servicios sociales y devaluación sistemática de derechos.
Pero hay que decir alto y claro que este mismo sector neoliberal es el que cebó la burbuja inmobiliaria y dio cobertura al saqueo de las entidades financieras, a las primas millonarias de sus gestores y al diseño de productos tóxicos como las acciones preferentes. Los mismos que causaron la peor recesión económica de los últimos 80 años son los que ahora se erigen como salvadores con su receta única de austeridad y reparto de miseria.
Tampoco se dice que los fundamentos teóricos de los fundamentalistas de la austeridad son erróneos. Hace unas semanas, Olivier Blanchard, economista jefe del FMI, admitió que la política de austeridad estaba teniendo efectos mucho más perversos de los que habían esperado. Recientemente se ha descubierto que el estudio en el que los profesores Rogoff y Reinhart sostienen que una deuda pública por encima del 90% del PIB lastra irremediablemente la reactivación económica tiene fallos de diseño.
La austeridad a ultranza no funciona ni funcionará, por mucho que se empeñen los moralistas del mercado. El problema de fondo es que han convertido a la economía en su nueva religión, y por ello se permiten el lujo de darnos lecciones elevadas sobre moral y valores, en vez de aportar fórmulas para que entre todos salgamos de esta dolorosa zanja en la que nos metieron.
Todo paciente aquejado de una enfermedad larga y compleja necesita de medicamentos de amplio espectro y del cuidado constante por parte de especialistas. Nuestra economía se encuentra en ese estado crónico, por ello necesita actuaciones a todos los niveles. Y si no puede recuperarse por sí misma, el sentido común y la experiencia histórica recomiendan un apoyo continuado por parte de los poderes públicos hasta que remonte su decaimiento.
Siempre he creído que la política debe defender al más débil y que la economía debe mejorar la vida cotidiana de las personas. Por ello pienso que las administraciones públicas deben actuar de forma contracíclica, dando un paso adelante cuando el sector privado entra en crisis y se bate en retirada. Austeridad en fases de crecimiento y estímulo en recesión. Esta debe ser la máxima del sector público a la hora de sostener el empleo y garantizar que nuestra maquinaria económica y social funcione correctamente.
Esto es lo que hizo el primer Gobierno socialista de Euskadi, que tuve el enorme honor de presidir como lehendakari, durante la pasada legislatura. Combinar austeridad inteligente —aquella que elimina duplicidades e ineficiencias sin dañar irreversiblemente los servicios sociales básicos— con estímulos a la economía real, a las empresas que crean verdadero valor, sostienen el empleo y levantan la persiana de madrugada para competir en un mercado globalizado.
Si sabemos que la austeridad ciega, expansiva y a ultranza no es la solución, ¿por qué tenemos que esperar sentados un milagro que nos saque de la parálisis que sufrimos?
En primer lugar, hemos de girar el timón de nuestra política económica, enfrentándonos a los fundamentalistas que nos quieren hacer creer que no hay alternativas, que la austeridad y las oscuras fuerzas del mercado son el único remedio contra la miseria social y económica. Debemos renovar la agenda económica y política a través de la mejora de nuestro debate público.
El Gobierno de España debe orientar sus presupuestos a un doble objetivo. Por un lado, a garantizar los servicios sociales (para que no se extiendan epidemias como la privatización salvaje de la sanidad en Madrid), y por otro, a promover un plan masivo de inversión dirigido a mejorar nuestras infraestructuras, espolear la innovación y aumentar nuestra eficiencia energética; unas acciones que tendrán un efecto positivo sobre la economía y el empleo, al influir en sectores tractores que pueden dinamizar el resto del sistema económico.
… Alemania y los países del centro y del norte de Europa deben adoptar políticas fiscales expansivas que estimulen la demanda en el resto de países europeos y ayuden a sobrellevar el profundo proceso de reformas y austeridad inteligente que hemos de llevar cabo. También tenemos que dotar de nuevos objetivos al Banco Central Europeo para que actúe como último defensor y guardameta del euro y de la Unión Europea, el mayor proyecto democrático e internacionalista que ha alumbrado la humanidad.
El paro es el principal problema económico de España. Aun así, el Gobierno de Rajoy proyecta la sensación de que el desempleo no puede ser vencido, que hay que resignarse a él. Debemos colaborar e impulsar la actividad de los emprendedores, y ser imaginativos buscando nuevas ideas para fomentar la empleabilidad y la generación de puestos de trabajo. Por ejemplo, nuestra economía cuenta con grandes empresas internacionalizadas que necesitan incorporar talento joven en sus delegaciones en el extranjero. ¿No sería una buena idea poner en marcha un programa para subvencionar la contratación por un año de las personas jóvenes desempleadas en empresas españolas en el exterior? En Euskadi, el Gobierno socialista lanzó este novedoso programa en 2012, y en la actualidad cientos de jóvenes tienen una oportunidad laboral de la mano de una empresa vasca internacionalizada.
Nuestra obligación política y ética es no esperar sentados a que las arbitrarias fuerzas del mercado actúen, sino ponernos manos a la obra y conseguir salir de esta situación. La ciudadanía nos está pidiendo a gritos que acabemos de una vez con la receta fallida de la austeridad a toda costa y que dejemos de estar guiados por la caverna económica, que vuelve a los comportamientos previos a la caída de Lehman Brothers.
… Por ello, creo firmemente que hay alternativas si nos ponemos a la faena sin hacer caso a los agoreros. La noche siempre es más oscura justo antes del amanecer. Pero depende de nosotros sacudirnos las tinieblas a las que se nos quiere condenar.