Recomendaciones

09/02/2010

Distinguishing Defense, by Robin Hanson

“Picking Winners” by Making the Rest of Us Losers, by Don Boudreaux

New Buchanan Paper, by Steven Horwitz

Paying kids for performance works after all, by The Undercover Economist

¿Hay que subir los sueldos?, por Juan Ramón Rallo


Recomendaciones

09/02/2010

Nuevo error del IPCC, por Daniel Rodríguez Herrera

¿Los masones contra Zapatero?, de Juan Ramón Rallo

We might err, but science is self-correcting, by Lord Krebs, Principal of Jesus College

Measure for Measure, by Craig Pirrong

Comercio de órganos y “explotación” de los pobres, de Albert Esplugas


Basura selecta

09/02/2010

Burricie y transplantes, de Daniel Ballesteros

¿Jubilación a los 67 años?, de Manuel de la Rocha Rubí, diputado socialista

El sistema público de pensiones es uno de los grandes activos de nuestra sociedad, que los socialistas hemos defendido siempre. En los 90, ante el intento neoliberal de privatizar las pensiones, promovimos el Pacto de Toledo, compromiso de todos los grupos parlamentarios por el mantenimiento y consolidación del actual sistema de pensiones, garantizando su sostenibilidad futura y mejorando sus prestaciones sobre todo de las pensiones más bajas. Esto significa que cualquier reforma de fondo debe contar con el más amplio consenso político, y también de sindicatos y patronal, máxime si se plantean medidas de reducción de gasto o posibles recortes en las pensiones futuras para una parte de los trabajadores, medidas que no deben adoptarse si no son absolutamente necesarias para la sostenibilidad del sistema en su conjunto.

También considerábamos injusto el alargamiento legal por afectar de manera desigual en función de la actividad que se realice. Para políticos o periodistas, para muchas actividades intelectuales, trabajar hasta los 67 años puede no tener dificultad. Pero no pasa lo mismo con los trabajos manuales, o de menor cualificación, que son la inmensa mayoría: campo, construcción, industria, transporte, muchos servicios. Para los trabajadores de estos sectores y oficios alargar obligatoriamente dos años más la edad de jubilación es injusto.

Crisis, crisis y ¿CRISIS?, de Antonio Ruiz de Elvira

Alierta y la neutralidad de la red, de Enrique Dans

En esta ocasión, César Alierta ha manifestado su absoluto desprecio por el concepto más importante de Internet: la neutralidad de la red. Reconocida hasta por el propio presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, como la piedra angular que define la naturaleza de Internet, la neutralidad de la red ya no es un concepto sujeto a discusión, sino una palmaria evidencia, un axioma fundamental: sin neutralidad, Internet deja de ser Internet, y pasa a ser otra cosa. La pretensión de Alierta de “cobrar a los motores de búsqueda” como si eso fuese posible sin desnaturalizar completamente la esencia de lo que Internet es y representa solo puede explicarse recurriendo a la ignorancia – o a la estupidez.

Internet es, sin ningún lugar a dudas, un formidable generador de riqueza, un papel que se acrecienta enormemente a medida que aumentamos el horizonte temporal con el que lo contemplamos. Mentalidades ignorantes y estrechas de miras como las de las sociedades de gestión de derechos de autor o las del máximo responsable de Telefonica son una verdadera amenaza para la red, y son muestra de una irresponsabilidad absoluta, que la Historia se encargará de poner en su sitio.

El pasado martes, en mi comparecencia ante la Subcomisión de Propiedad Intelectual del Congreso de los Diputados, una pregunta del diputado Joan Tardà acerca del papel de las operadoras me llevó precisamente a elaborar sobre la peligrosidad de éstas en todo lo referente a la neutralidad de la red. Específicamente, insté a los diputados presentes a no fiarse ni lo más mínimo de unas operadoras dispuestas a sacrificar la naturaleza de Internet y su capacidad de generación de riqueza a cambio de la rentabilidad cortoplacista, y anticipé que recibirían importantes presiones para desnaturalizar dicha red intentando poner fin al principio de neutralidad de la red. Sin duda, dado el tono de mi respuesta, los siete diputados presentes habrán tenido ocasión de sonreírse al ver las declaraciones de César Alierta: ha tardado menos de una semana en darme la razón. Esperemos que los políticos sepan estar, y contesten a personajes como éste con la firmeza que corresponde: la neutralidad de la red no se toca, ni aquí ni en ningún sitio. Es una característica fundamental de la red, y como tal se quedará, independientemente de las fanfarronadas de Alierta y sus delirios de “la calle es mía”.

Del mal metafísico al bien público, de Mario Bunge

Recordemos dos casos que, aunque muy diferentes, se parecen en que ponen en evidencia la necesidad de construir una visión inteligente del porvenir en lugar de dejarse arrastrar por la corriente o de escuchar los llamados de individuos aquejados de mal metafísico.

El primer caso es el de los autores de las dos revoluciones rusas de 1917. La primera fracasó porque los socialistas de Kerensky no ofrecieron lo que quería la gente: paz y pan. La segunda revolución, encabezada por Lenin, no fue guiada sino por dos objetivos: la paz y el desmantelamiento del orden semifeudal. Los bolcheviques no tenían una visión de la nueva sociedad porque creían que ella vendría espontáneamente. Siguiendo a Marx y Engels, creían que planear el futuro era sueño utópico.

Los dirigentes soviéticos tardaron un decenio en elaborar y poner en práctica los Planes Quinquenales que transformaron a una sociedad atrasada en una potencia moderna. Pero su visión estrechamente economista les impidió ver que la gente necesita mucho más que fábricas, centrales eléctricas y escuelas modernas. Todos sabemos lo que costó la estrechez de la visión comunista.


Recomendaciones

08/02/2010

Morning Commentary, by Arnold Kling

Revisiting the Marriage Supermarket, by Alex Tabarrok

The Future of Sex, by Robin Hanson

The global warming guerrillas, by Matt Ridley

El recorte de las pensiones, de Pedro Schwartz


Basura selecta

07/02/2010

La política del miedo, de Juan Moscoso del Prado, diputado a Cortes por Navarra (PSOE) y doctor en CC. Económicas

Crisis económica y el problema del clima, por Antonio Ruiz de Elvira

Basura nuclear o decrecimiento, de Nazanín Amirian

El Foro Social Mundial en crisis, de Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política

Sin palanca de cambio, aceite ni gasolina, de Antón Costas


Recomendaciones

07/02/2010

Basura selecta

07/02/2010

Los errores del determinismo demográfico: el caso de las pensiones, de Vicenç Navarro

Responder a la extorsión, de Juan Torres

Los ciudadanos deben saber que los financieros, los bancos y la gran patronal, con la ayuda de los economistas liberales y de los organismos financieros que trabajan para ellos, no le están imponiendo al gobierno de España la salida a la crisis, como todos ellos dicen, sino la respuesta a la crisis que mantiene sus privilegios, que garantiza que puedan seguir teniendo cantidades ya inmorales de beneficio y que deja que las cosas sigan como siempre han estado. Pero esa es justamente la salida de la crisis que volvería a provocarla de nuevo.

Es sencillamente falso que para crear empleo, como dicen la patronal y los economistas liberales, haya que actuar solamente en los mercados de trabajo. Sin perjuicio de que haya que procurar que haya un marco adecuado de relaciones laborales (que no puede ser simplemente el que da todo el poder a los empleadores) lo que hay que procurar para ello es recuperar la demanda y los mercados de bienes y servicios. ¿De qué les va a servir a los empresarios que los salarios sean más bajos si luego no disponen de mercados con demanda efectiva suficiente donde puedan vender las mercancías que producen? ¿O es que quieren que España se limite a competir a la baja convertida en una economía barata al servicio del capital extranjero?

Por eso, reducir los derechos sociales, precarizar aún más el empleo, disminuir los salarios, renunciar al gasto público y social que se precisa para apoyar un modelo productivo que consolide a la economía española y a una fiscalidad más justa y que generase otro tipo de incentivos a los sujetos económicos, solo dará lugar a que los más ricos lo sean cada vez más y a que la economía española se consolide como una economía de segunda, desvertebrada, dependiente y simplemente especializada en proporcionar bienes y servicios de baja calidad. Pero así nunca se podrá conseguir que la economía española despegue y se modernice definitivamente, que disponga de un mercado interior más potente (algo que en realidad no le importa a los Adolfo Domínguez y compañía que tienen a su disposición mano de obra siempre más barata y mercados selectos en cualquier otra parte del mundo), que se reindustrialice, que genere empleo de calidad y renta suficientes para todos y que no tenga que dedicarse a actividades que destrozan nuestro medio natural e hipotecan el bienestar de las generaciones futuras. Esa no es una verdadera salida de la crisis.

Entrevista a Marianne Laxen, coordinadora del ‘Informe de Seguimiento Beijing+15′ de la UE

Las mujeres no están poco representadas; los hombres están sobrerrepresentados.

Al despertar, el neoliberalismo seguía allí, de Isaac Rosa

No rotundo al ocaso de una civilización, de Isabel Estapé, de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras

A estas alturas sigo preguntándome como dejando aparte creencias e ideologías, tarea por lo demás harto complicada, casi ningún jurista o político contrario al aborto plantee las consecuencias jurídico-prácticas que conlleva la aprobación del aborto libre. ¿Por qué casi nadie proclama clara y abiertamente que el «ser» concebido en el seno materno o en un tubo de ensayo disfruta en el momento de nacer de los mismos derechos jurídicos y económicos que los hijos vivos? ¿Por qué nadie se atreve a proclamar que la «interrupción» de aquella vida pueda beneficiar económicamente (¡y de qué forma!) a terceras personas?

Estas breves reflexiones microeconómicas me conducen a su vez a detenerme en las nefastas consecuencias macroeconómicas que el aborto plantea a toda la sociedad.

En mi intervención en el Congreso de los Diputados intenté demostrar -sin éxito a la vista de la posterior aprobación de la Ley del aborto libre (llamemos a las cosas por su nombre)- del perjuicio que una ley de este tipo podía provocar en la economía de un país.

En efecto si nos adentramos en el terreno de la macroeconomía constataremos que el aborto constituye por un lado, un instrumento destinado a terminar con el estado del bienestar y por otro un arma de explotación del Primer sobre el Tercer mundo. No deja de sorprenderme cómo los grupos calificados como más progresistas en la liberalización del aborto son a su vez los que más defienden la economía del bienestar, que, no olvidemos, es una invención del capitalismo postkeynesiano y que tiene como condición sine qua non, como instrumento imprescindible para subsistir, el incremento positivo de la población. ¡Qué desgracia sería que a la larga el aborto terminase con los logros sociales que tanto esfuerzo nos han costado alcanzar!

El aborto no debe verse como un tema individual sino social, ya que a nivel mundial es un acto de imperialismo brutal de los países ricos sobre los pobres, por el fenómeno de la inmigración y de la mano de obra barata.

Pensemos que ya desde la Edad Media las guerras eran el instrumento «necesario» para dar de comer a la población más hambrienta y de paso suprimirla.

Hay que recordar que la División de Población de la ONU ha predicho que la población mundial alcanzará su cénit en siete mil millones de personas en el año 2030 para luego comenzar un largo descenso hacia el ocaso demográfico de la Humanidad. Esperemos que con el esfuerzo y el sentido común de todos la ONU se equivoque una vez más y deje de utilizar el aborto como instrumento de dominación.

Si el actual Gobierno español no quiere atender a criterios éticos y a razones biológicas para frenar la actual ley del aborto, que al menos escuche los argumentos económicos que pueden provocar el fin del estado del bienestar en nuestro país, ya que el gran escándalo del siglo XXI, caracterizado por la perfección de los medios, está siendo la aceptación social del aborto.


Basura selecta

06/02/2010

Una medida ideológica, de El Gran Wyoming

No nos cortemos las venas, de Juan Carlos Escudier

La plegaria de Zapatero, de Juan Manuel de Prada

La libertad, como afirma don Quijote en otra cita tergiversada por Zapatero, es un «don de los cielos»; y es que Don Quijote era, como lo definió Turgueniev, «la criatura más profundamente moral que existe en el mundo». Ese don divino de la libertad nos permite reconocer categorías morales objetivas, a las que el hombre puede adherirse o traicionar, porque, en efecto, somos libres para salvarnos y libres para perdernos. Don Quijote usó del don divino de la libertad para adherirse al Bien; y su lealtad al Bien, que tantos varapalos y privaciones le costó, fue inquebrantable hasta la hora de su muerte. Sabía cuál era su misión en el mundo y sabía, sobre todo, que tal misión no podía llevarla a cabo solo, sino con la ayuda de Quien, desde el cielo, le había entregado magnánimamente el don de la libertad; por eso dice (II, cap. 58): «Los que reciben son inferiores a los que dan; y así es Dios sobre todos, porque es dador sobre todos».

Don Quijote está tan unido a la Verdad, tan abrazado al Bien, que es libre para probarse en los sacrificios más ímprobos; es libre para entregarse a las causas que no le reportarán ningún provecho; es libre para alzarse del polvo una y otra vez, cuando cada una de sus empresas se salda con el fracaso y el escarnio; es libre, en fin, hasta de sí mismo, como lo expresa con delicadeza sin igual Sancho, cuando de regreso a la aldea junto a su vapuleado amo, exclama: «Deseada patria, abre los brazos y recibe a tu hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo; que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede». Zapatero, que representa la criatura antípoda de don Quijote, o sea una criatura profundamente amoral, no cree que el Bien se alcance «venciéndose a uno mismo», sino que piensa que el bien es una gelatina que cada cual puede moldear a su gusto, dejándose vencer por sus caprichos; y, de este modo, la libertad se convierte en la búsqueda del interés propio, en la satisfacción de apetencias y deseos; esto es, en puro emotivismo y debilidad mental.

Hay quienes afirman que el discurso de Zapatero no fue una verdadera plegaria; yo, por el contrario, sostengo que lo fue de principio a fin, sólo que no iba dirigida a Dios, sino a aquél que los antiguos denominaban «mono de Dios». Por eso, en su plegaria llenó de mierda la Biblia y, por añadidura, el Quijote, que es la más sublime expresión de la literatura cristiana.

Han olido sangre, de Ignacio Escolar

¿Claudicación del Gobierno?, de Ramón Cotarelo, catedrático de Ciencias Políticas

Esta crisis, cuya existencia negó Zapatero durante meses perdiendo un tiempo precioso para combatirla, es producto de la política neoliberal que las sociedades avanzadas llevan años practicando. Su responsabilidad inmediata recae sobre los especuladores, financieros y banqueros, el meollo del capitalismo bandolero contemporáneo que llevó su codicia al límite de lo delictivo o lo traspasó. Esto es obvio y sólo quienes siguen lucrándose con la catástrofe lo niegan y llevan su desvergüenza a proponer como remedio las recetas del desastre.

Con una tasa de paro que duplica o triplica la de otros países, el Gobierno empezó aplicando lógicas medidas keynesianas clásicas, además de las perversas de financiar a la banca, según su declarado propósito de impedir que paguen los más desfavorecidos. Luego de algún tímido esbozo del tipo del Plan E y mucha huera retórica, el mismo Gobierno ha claudicado ante el chantaje de las instituciones financieras y las agencias de calificación (cómplices y autoras directas del desastre), abrazando las recetas neoliberales causantes de la crisis, con lo que esta ya la pagan y la pagarán más los sectores desfavorecidos. Y no es de ahora: el Gobierno que aprobó la directiva de la vergüenza y que no hizo ascos iniciales a la jornada de 65 horas ha eliminado los incentivos y beneficios que otorgó en su día, ha incrementado la presión fiscal indirecta, quiere subir el IVA, pretende prolongar la edad de jubilación, rebajar las pensiones aumentando el periodo de cálculo (los políticos tienen uno de once años, que ya es sangrante), recortar el gasto público, precisamente el eje de la respuesta keynesiana, y realizar una reforma laboral que, salvo sorpresas, irá en detrimento de los trabajadores.


Recomendaciones

06/02/2010

Los residuos nucleares

05/02/2010

Artículo en La Gaceta

Los residuos nucleares

El Sol lleva miles de millones de años emitiendo radiación electromagnética y aún estará activo unos cuantos miles de millones de años más. Esta energía en forma de fotones es esencial para las formas actuales de vida, pero un exceso de absorción de radiaciones puede provocar problemas de salud: para minimizarlos es posible recurrir a cremas protectoras o evitar la exposición directa a la luz solar  (sombrillas, ropa adecuada).

Algunos elementos atómicos radiactivos llevan mucho tiempo desintegrándose de forma natural, y seguirán haciéndolo durante mucho tiempo más (desde años hasta millones de años). Es posible utilizar la energía resultante de estos procesos de fisión nuclear, pero debe tenerse cuidado por los efectos nocivos que puede tener la radiactividad en sus diversas formas: núcleos de helio (partículas o radiación alfa), electrones energéticos (beta) y rayos gamma. Es posible protegerse de la radiactividad mediante diversas barreras físicas, que dependiendo de su tipología van desde una simple hoja de papel hasta paredes de plomo.

Los ecologistas más retrógrados llevan mucho tiempo insistiendo en que el problema de los residuos radiactivos no está resuelto: pero esta afirmación o es falsa (la tecnología existe y lleva mucho tiempo utilizándose) o implica que lo que entienden por una solución es que esas sustancias no existan o desaparezcan. Además suelen insistir en recordar los miles o millones de años que esa radiactividad puede ser peligrosa, lo cual es cierto pero poco relevante: es perfectamente posible contener y vigilar esos materiales indefinidamente. Si la civilización humana colapsara eventualmente, los residuos radiactivos no serían precisamente el mayor problema de los supervivientes.

Lo que hoy se entiende como residuos nucleares de alta actividad son básicamente combustible no aprovechable de forma eficiente por las actuales centrales nucleares. Pero ya existen diseños de reactores de generaciones más avanzadas que pueden procesar y aprovechar estos residuos como fuente de energía (de modo que se estarían reciclando y reutilizando recursos, algo muy ecológico). También el petróleo era percibido como un contaminante de los terrenos donde aparecía antes de que se aprovechara industrialmente.

Los ecofanáticos son responsables de la superstición histérica contra la energía nuclear que afecta hoy a muchas personas que sufren angustia y miedo por unas valoraciones subjetivas resultado de la desinformación y la intoxicación ideológica. También son culpables de haber dificultado el desarrollo de una fuente de energía que, dependiendo de las condiciones del mercado, puede resultar esencial para el progreso humano. Y que podría contribuir a solucionar ese otro presunto mayor problema de la humanidad, el cambio climático.

El Estado en una sociedad libre no debe promocionar ni prohibir ninguna forma de energía: ni la nuclear, ni los combustibles fósiles, ni las renovables. Lo que debe hacer es evitar que se produzcan agresiones o externalidades negativas. La radiactividad puede considerarse una agresión peligrosa, pero es técnicamente manejable y es el mercado el que puede indicar si existen soluciones empresariales que hacen a la energía nuclear económicamente viable.